lunes, 28 de noviembre de 2022

EL MONUMENTO A LOS 4 “GARCÍA”. CUATRO GENERACIONES DE CIUDADANOS ILUSTRES. HISTORIA DE LA FAMILIA GARCÍA-MANSILLA.

                Pocos miembros de la familia García-Mansilla, conocen la verdadera historia que dio lugar a la construcción de la bóveda de la familia en el entonces Cementerio del Norte, hoy llamado Cementerio de la Recoleta, en la que se levanta la estatua del Almirante Manuel José García-Mansilla.

    Un grupo de amigos y camaradas del querido Almirante García-Mansilla, pocos días después de su muerte prematura, se reunieron en la casa del Doctor Norberto Quirno Costa con el fin de iniciar los trámites tendientes a honrar la memoria de tan distinguido miembro de nuestra armada nacional. Luego de un breve cambio de ideas se resolvió lo siguiente: 1º. – Iniciar una suscripción a fin de adquirir una casa para la viuda del Almirante García-Mansilla, Doña Angélica García Cortina y sus hijos menores. 2º.- Solicitar al Poder Ejecutivo Nacional imponga el nombre del recordado Almirante a uno de los destructores que se encuentra en construcción. 3º Colocar un busto del Almirante, en la Biblioteca de la Escuela Naval Militar. 4º Solicitar a la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires un terreno en el cementerio del Norte para levantar un monumento a los cuatro “García”, ilustres varones, que desde la Reconquista en 1806 hasta 1910, han prestado servicios distinguidos al país.

          Finalizando el acto manifiestan que el homenaje que se tributa a la memoria de tan ilustres ciudadanos y en particular a la memoria de un soldado tan distinguido y tan abnegado tiene un alto y noble significado para la posteridad. Después de acordados y resueltos estos puntos se designó la comisión encargada de llevar a cabo las gestiones correspondientes quedando constituida de la siguiente forma: Presidente: Dr.Norberto Quirno Costa. Vicepresidente 1º: Almirante Enrique Howard. Vicepresidentes 2º: Doctores Sabá Z. Hernández y Pedro Luro. Secretario: Dr. Alberto V. López. Tesorero: señor Samuel Pearson. Vocales: General Benjamín Victorica ; Senadores doctor Benito Villanueva y Manuel Lainez. Ingenieros Guillermo Villanueva y Luis Luiggi, doctor Manuel Gorostiaga, contralmirante Atilio Barilari y Eduardo O’cconor, capitánes de navio Juan A Martín y Guillermo Nuñez, señores Juan José Madero, doctor Antonio Piñero, Miguel Piñero Sorondo, doctor Marcelino Herrera Vegas, dcotor Mariano Paunero,Walter Woodgate, Rafael A. Cobo, Jorge Victorica, Matías Eurasquin, Manuel Durán, Carlos Fauvety, Carlos Dose, Jorge Catelin, Manuel J. Aguirre, Carlos M. de Alvear, Juan C. Barros, Ingeniero Horacio Bustos Morón, Bernabé Artayeta Castex, Juan Gómez Aguirre, Antonio Camuyrano, Claudio Magnussen, Matías Sturizza, Ricardo Fernández, Carlos Cernadas, Alvaro Barros, Capitán de Fragata Vicente Oliden, Tomás Zurueta, Alfredo Malbrán, Ernesto Anabia y Carlos Tornquist. La sola lectura de los nombres que convalidaron con su firma el homenaje a nuestra familia y a nuestro bisabuelo, es un motivo de sano orgullo para toda la familia García-Mansilla y un compromiso eterno de fidelidad al mandato de nuestros mayores.

          El pedido de tierras a la Municipalidad de Buenos Aires, se concretó en el expediente Nº 46.956-C-1910, resolviendo el Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, con fecha 28 de septiembre de 1910, conceder gratuitamente y a perpetuidad a los descendientes del Contralmirante Manuel José García-Mansilla un terreno en la Sección San Antonio, autorizando a la Comisión del Monumento, representada por Samuel Pearson y Alberto V. López a erigir un monumento a los “Cuatro García” Pedro Andrés García de Sobrecasa; Manuel José García Ferreyra, Manuel Rafael García Aguirre y Manuel José García-Mansilla. Concretada la obra, el 7 de diciembre de 1912, se expide el título y hace formal entrega del panteón a la familia. Esta es la historia de nuestra bóveda familiar.

          ¿QUIENES FUERON LOS CUATRO GARCÍA?


 CORONEL DON PEDRO ANDRÉS GARCÍA DE SOBRECASA




          Cántabro de nacimiento y, como muchos de sus paisanos, hombre de la ilustración, heroico defensor de Buenos Aires durante las invasiones inglesas, miembro destacado del cabildo abierto del 25 de mayo de 1810, lúcido conductor de la expedición a las Salinas Grandes, sagaz mentor de la ciencia de frontera, promotor de la agricultura bonaerense, primer prócer de la provincia de Chubut , pionero en la fundación de ciudades en la Provincia de Buenos Aires,  comerciante,  emprendedor y reformista, funcionario, viajero agudo y prolijo observador, dotado de una sorprendente visión de futuro y ágil y riguroso escritor, Pedro Andrés García eligió quedarse en un país de futuro incierto, donde todo estaba por hacer y al que de ese modo apostó colocando algunos de los cimientos de este suelo que amó y al que quiso retribuir su hospitalidad. [1]     



[1] García-Mansilla, Manuel Rafael. “Pedro Andrés García y el duro oficio de cimentar la Patria” Revista Todo es Historia, Número 486. Buenos Aires. Enero de 2008.

               Al morir, el diario “El Lucero”[1] publicó un artículo necrológico referido a quién fue uno de los miembros más distinguidos del Cabildo Abierto del 25 de mayo de 1810:

            “La muerte acaba de arrebatarnos el día 21 del corriente, y a los 75 años de su edad, al coronel Don Pedro Andrés García, natural de Santillana, en las montañas de Santander, uno de los muy pocos patriotas venerables, que nos restaban ya de aquellos que en clase de jefes militares tuvieron una parte distinguida en el espléndido triunfo del 5 de julio de 1807, y de los que contribuyeron a fundar la independencia de la República el 25 de mayo de 1810. Dotado de un alma ardiente, y de un talento superior, cultivado con esmero en el colegio de los Escolapios, de su provincia , y luego por una constante aplicación a la lectura, se manifestó siempre más elevado que los destinos comunes en la sociedad en tiempos ordinarios, y capaz delos más altos en las grandes crisis políticas. Amante apasionado de la gloria de la nación, y de esta ciudad que amaba con extrema predilección, se lanzó a defenderlas con una consagración heroica al frente del batallón de montañeses en el famoso día 5 de julio de 1807. Unido constantemente desde entonces con los cuerpos militares de patricios, hizo una oposición valiente a las pasiones que turbaron este país, y mantuvo firme la autoridad legal y los derechos de los hijos de su patria adoptiva, hasta el 25 de mayo de 1810”.

            “La posición del coronel Don Pedro Andrés García era tremenda, y para mantenerse con honor en aquellas circunstancias no bastaba el coraje, ni una decisión ciega y maquinal, era preciso un alma grande, y un espíritu capaz de ver entre las tinieblas del caos de una sociedad que se disuelve, con la misma claridad con que verá y juzgará la posteridad. El conoció así la necesidad, la justicia, y la conveniencia universal de la independencia americana. El juzgó, como empieza a juzgar a la misma España, esta cuestión de la emancipación de las colonias tan importante a ella misma, y se pronunció decididamente por ella. No le arredraron los peligros como los de la muerte, ni afecciones tan caras como la vida; ni le halagó tampoco la perspectiva de un porvenir lisonjero para su persona, pues conocía demasiado bien el curso inevitable de las revoluciones de esta magnitud. Si nos detenemos un poco sobre aquellos días por siempre gloriosos, no podemos negar sin ingratitud el tributo de nuestro amor y respeto a los hombres que fundaron la independencia que gozamos”.

            “Establecida la primera junta gobernativa fue destinado el Coronel Don Pedro Andrés García a una expedición a Salinas en las pampas. Su celo ardiente por la prosperidad de la provincia, y su genio supieron hacer grande e importantísima una comisión que parecía pequeña. El hizo conocer al gobierno la necesidad de un plan de fronteras digno de la nueva posición del país, e indispensable a su prosperidad futura. Su previsión lo hacía pasar mucho más allá de los límites en que se quedan siempre pegadas las almas pequeñas. Desde los primeros días de la revolución el midió la importancia de una obra desdeñosa entonces, y que es reputada hoy como las más vital de la provincia.  Los viajes hechos por el Coronel García al desierto y en medio de las tribus feroces, prevenidas unas contra el Gobierno, y animadas otras por incursiones felices; viajes hechos unos con escasez, y aún mezquinos recursos, y otros casi solo graduados de temerarios por los patriotas que conocían bien los peligros, prueban su celo infatigable por el bien de la provincia. Las memorias y escritos que ha dejado le aseguran un título intachable a una parte de la gloria que resulte del establecimiento del nuevo plan de fronteras. Rendido por los años, postrado por los achaques y privado al fin de la vista, su consuelo más dulce era el hablar y entretenerse sobre la prosperidad de nuestros campos, y el engrandecimiento de su ciudad querida. Estos sentimientos no lo abandonaron hasta que dejó de existir. Él no ha legado a su familia sino una memoria honorable y nobles ejemplos que imitar”.  




[1] Diario “El Lucero” Buenos Aires, 29 de abril de 1833. Publicado en la obra de Emiliano Tagle titulada: “Los escritos del Coronel Pedro Andrés García” Estudios Históricos de Buenos Aires. Año 2021.


MANUEL JOSÉ GARCÍA FERREYRA . SU HIJO



              Bartolomé Mitre, en su Historia de Belgrano -Tomo II- lo recordaba diciendo: “Era, sin duda, uno de los hombres más notables de la época. Patriota decidido, hombre de elevación moral, cabeza de inteligencia poderosa, nutrida con estudios serios, escritor literario con nervio y originalidad, con penetración profunda para juzgar a los hombres y las cosas, con una alta moderación que nunca se desmentía, era un verdadero hombre de estado, que reunía las cualidades de una bella y distinguida figura, realzada por modales dignos y una conversación chispeante de ingenio y de amenidad. Con todas estas dotes naturales y adquiridas, García no era un hombre de iniciativa ni de lucha. Carácter flexible que se doblaba al impulso de las circunstancias, conciencia flotante que buscaba su equilibrio en el término medio de los hechos consumados o que tenían la sanción de la fuerza, era más bien un hombre parlamentario que un combatiente revolucionario...”.

            Mario Molina Pico en su obra titulada “Manuel José García” expresa: “La posteridad cuyo fallo se invoca siempre para reparar las injusticias de los contemporáneos, es a veces injusta. Tal es el caso de Manuel José García. Entre la brillante muchedumbre de militares y caudillos, de dictadores y demagogos, de literatos y oradores cuyos nombres realza la historia oficial, su sobria figura de estadista se pierde borrosa y olvidada. Quizás aún se lo recuerde como el diplomático que firmó el nefasto tratado preliminar de paz con el Brasil…Pero ¡cuántos desconocen su talento de financista, su sagacidad de político, su probidad de administrador, o el valor moral del que hizo alarde para enrostrar a Rosas, en los albores de la dictadura y siendo su ministro, la peligrosa orientación dada a su gobierno, para no ser “confundido en los esclavos viles y aduladores miserables del poder o de las pasiones de partido”[1]         

            Como dijo Gastón Lestard [2] “García queda para la posteridad como una de las altas y preclaras figuras de nuestra historia financiera. Mente creadora, espíritu investigador y criterio bien orientado en el amor a su patria, su ministerio histórico bien es harto merecedor, por la grandeza de sus luces y la energía de su acción, de ser señalado como una gloria civil a las generaciones del presente y como un verdadero artífice de las finanzas argentinas.” 

            El historiador Vicente Fidel López, lo evoca con palabras elogiosas[3]: “Era el hombre de estado más ágil y sagaz que tenía el país: hombre que podía pasar por un modelo de cultura clásica en cualquier parte del mundo; formal y amenísimo al mismo tiempo, serio y profundo en el consejo, amabilísimo sin interrupciones ni caprichos en el trato social; de bonita figura y simpático semblante; honorable, discreto y purísimo en sus costumbres; correcto en sus principios morales; de una prudencia franca, sin reticencias ni fingidas reservas, que en vez de reconcentrarse, como hacen los necios para parecer profundos,- mostraba su cordura en la lucidez del juicio y en apropiación de la frase, calculada para no traspasar el límite conveniente, ni dejar incompleto el concepto. Además de que su educación literaria había sido completa, él la había extendido y cultivado con vastas lecturas y con un gusto exquisito. Por todo esto Manuel José García era un diplomático consumado que sabía hacerse querer y buscar”. 

            Adolfo Saldías, precursor de la escuela revisionista de nuestra historia argentina, en su vasta y valiosa obra “Historia de la Confederación Argentina - Rozas y su Época”, enriquecida por importantes documentos probatorios del momento, obtenidos del archivo personal de Juan Manuel de Rosas, nos dejó su opinión para la posteridad:

  “Digno cooperador tuvo Rivadavia en el ministro de Hacienda doctor García, quien a sus nutridos talentos y a su preparación poco común unía un espíritu organizador y metódico. Como estadista, García era uno de los más perfectos que ha producido la República Argentina, y como pensador es uno de los que con perfiles más acentuados ha dejado obra transcendental en disposiciones civiles, políticas y constitucionales incorporadas en las prácticas y en las leyes fundamentales del país.”

 “Por iniciativa de este hombre superior se creó la Contaduría, la Tesorería y la Receptoría que dependían entonces del Tribunal de Cuentas; se fundó la institución del crédito público y la caja de amortización, afectando a esta última las rentas de la Provincia; se creó recursos legítimos y moderados para aumentar la hacienda pública; se abolió los pechos y contribuciones forzosas; se sancionó la ley de contribución sobre la renta; se organizó la administración de las aduanas; se favoreció el comercio de importación por los medios que aconsejaba una prudente y sabia economía en un país nuevo, despoblado y sin industrias.”

          Es imperioso estudiar con celo nuestra historia y reparar los errores cometidos en la apreciación de su pasado. Si lo hacemos, como dijo Esteban Echeverría: ¿Dónde irían a parar, entonces, todas esas reputaciones tradicionales; todos esos grandes hombres raquíticos; todos esos pigmeos que la ignorancia y la vanidad han hecho colosos?

       Este es el caso de la figura del doctor Manuel José García, a quien algunos historiadores lo recuerdan, sin la profundidad debida, solo por dos misiones diplomáticas que lo tuvieron como protagonista. Una ordenada por el Director Supremo Carlos María de Alvear y la otra por el Presidente Bernardino Rivadavia. Lo cierto, es que fue una de las personalidades más influyentes de la “Generación de Chuquisaca”. Nunca se identificó con ninguno de los partidos dominantes, ante todo le preocupaba la organización institucional y el futuro de la bendita tierra que lo vio nacer. Olvidan su dilatada carrera al servicio de nuestra Nación, que lo tuvo como actor principal por más de treinta años, en forma consecutiva, lapso que, por su vastedad y su saber, llevaron a Carlos Federico Ibarguren414 a calificarlo como: “El Talleyrand de América”, aunque debo decir que a diferencia de aquel insigne diplomático francés, el “Talleyrand” argentino era un hombre de sólidos principios éticos y morales, heredero de la condición de hidalgo que le legaron sus antepasados[4] 

            Lestard, Gastón H. [5] “Fue el ministro de la simplificación, la claridad y la publicación de la gestión financiera. El del saneamiento monetario y la conversión de los billetes circulantes, verdadera obsesión del gobernante. La personalidad y la obra del doctor Manuel José García, como hacendista, como hombre de acción y de gobierno, como organizador y director, verdadero precursor en el campo de las finanzas y la economía pública argentina, no ha sido estudiada con la extensión ni la profundidad debida. Si se considera la trascendencia extraordinaria de sus iniciativas y la repercusión que sus acciones tuvieron en la orga- nización administrativa y financiera del país”. 

        El ex ministro de hacienda, doctor José A. Terry dijo del doctor Manuel José García, que fue: “el obrero infatigable y el ilustrado fundador de nuestro organismo financiero y que así como la guerra tenía sus héroes, San Martín y Belgrano, las finanzas tenían también el suyo, en la persona del Ministro García.” En algunas oportunidades, en el ejercicio de su cargo, tuvo que desempeñarse, en forma interina por delegación de su titular, como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, cargo que desempeñó conjuntamente con el Ministro Bernardino Rivadavia. 

            Alejandro Shaw[6] “No podÍa dejar de evocarse la ilustre figura de un gran servidor del Estado, poco o mal conocido.  Algunos solo lo recuerdan por su proyecto de tratado de paz con el Emperador del Brasil y por haber exilado a Rivadavia en 1834. Lo uno y lo otro tienen su explicación y en nada empañan su obra de organizador de nuestras finanzas, ni le restan mérito a sus multiples iniciativas progresistas”.

          José María Mariluz Urquijo[7] “Manuel José García es uno de los hombres más sutiles de su generación, de los más lúcidos para percibir la realidad bajo el ropaje de los mitos, de los más animosos para enfrentar los problemas sin soslayarlos ni enmascararlos, de los más audaces para buscar remedios drásticos. Con su suavidad de hombre de salón, habituado a los placeres tranquilos de la lectura y la conversación, no tiene empacho en recomendar soluciones violentas que otros, aparentemente más enérgicos, hubieran desechado por razones de conciencia. Sus convicciones políticas tienen la laxitud su- ficiente como para permitirle gran flexibilidad de movimientos. La perse- verancia y oportunidad con que García expone sus ideas dan testimonio de su deseo de que fueran aceptadas como solución para el problema político del Río de la Plata.  

             Juan Carlos Nicolau autor de la biografía sobre Manuel José García,[8] nos dice: “La labor de García al frente de la hacienda pública fue fundamental para la consolidación de la política de Buenos Aires, entre los años 30 y 32. Merced a sus acertadas soluciones económicas, facilitó a Rosas la posibilidad de organizar los ejércitos que le darían hegemonía sobre la provincia bonaerense, financiando, además, a las fuerzas militares de López y Quiroga, en su lucha contra el manco Paz. Ahí están los números que hablan de esa ayuda y las cartas de los protagonistas reclamando los fondos prometidos. Esa política de ayuda al interior va a permitir a los porteños mantener el control de su aduana, negándose a compartir su usufructo, como lo pretendió el correntino Ferré, al discutir el luego denominado pacto del Litoral.”   


[1] Carta de Manuel José García, citada por Manuel Bilbao. Historia de Rozas, página 284.

[2] Lestard, Gastón. “Manuel José García. Precursor de los economistas argentinos y Primer Ministro de Hacienda de la Independencia”, Diario “La Nación” de Buenos Aires, domingo 4 de diciembre de 1937.

[3] López, Vicente Fidel. “Historia de la República Argentina”. 4ª. edición Tomo IX, página 79. Editorial Sopena.

[4] Manuel Rafael García-Mansilla.  Los García-Mansilla y Zavalía. Editorial Virtudes. Salta, Argentina. Año 2020.

[5] “Historia de la evolución económica Argentina”, Librería y Editorial “La Facultad”, Buenos Aires, año 1937.

[6] Alejandro Shaw. Manuel José García. Un financista en los días turbulentos desde 1813 hasta Rosas.

[7] José María Mariluz Urquijo. Académico decano - Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. Su libro: Manuel José García. Un eco de Benjamin Constant en el Plata.

[8] Juan Carlos Nicolau. “Manuel José García” 1784-1848 Política y diplomacia en el Río de la Plata. El conflicto con el imperio del Brasil. Colección Histórica.  Librería-Editorial HISTÓRICA. Emilio J. Perrot. Buenos Aires. Año 2008.







          El historiador Adolfo Saldías[1], lo definió de esta forma: “Patriota austero y abnegado, de estirpe que se va perdiendo, de aquellos que profesan la idea de que el ciudadano es un instrumento de bienestar y de la libertad al cual la madre común constantemente reclama, ha servido a la República durante más de un cuarto de siglo, en los altos puestos de la diplomacia adonde lo llevaron sus aptitudes, sus talentos y su ilustradísima competencia. Ha sido Secretario de la legación y Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos, amigo de Horace Mann y de Ulyses Samuel Grant[2]; Ministro de Inglaterra, amigo de Benjamín Disraeli[3] y de William Ewart Gladstone[4] Fue árbitro entre naciones, y era sin disputa el personaje más conspicuo del Cuerpo Diplomático Argentino”.

            “Era un principista severo. Político de vistas esencialmente orgánicas y trascendentales y , por esto mismo, poco familiarizado con las evoluciones de nuestras facciones militantes, ni participó jamás de las grandes ventajas inmediatas que se ofrecen y ofrecen los que sacrifican hasta la libertad de los hijos en holocausto a las pasiones estrechas que los convierten en vencedores de un día; ni olvidó un momento a su patria, consagrándole sus mejores ideas y conatos en libros y trabajos que mañana agradecerán, no los que quedan con las grandes responsabilidades de sus yerros, sino los que entren en la vida con verdadera ansia de honradez y austeridad republicana”.

             “Era ante todo un pensador, que estudiaba con infatigable anhelo el cuerpo social en el que él mismo se había desenvuelto, y los medios de mejorarlo con las experiencia acreditadas que había recogida en una vida de observación y de labor fecundas”.

            Yo en mi libro expresé:[5] "Uno de los precursores de la diplomacia argentina. Poseía la perfección de un aristócrata, elegante, de buen tono, asombraba por su sencillez y la armonía de sus formas. Sirvió a su país con honra durante medio siglo, representándolo ante las más grandes potencias de la época. Conocedor de su destino, despreció la gloria efímera y sin menoscabo prefirió concretar algunos de los sueños de los presidentes Santiago Derqui, Bartolomé MitreDomingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda. Fue el precursor de la implementación de la justicia federal argentina; el mentor de la edición del Código Civil de 1870; el gestor del proyecto educativo argentino inspirado en los EE.UU y el vigía prudente y celoso de la construcción de nuestra primera flota de mar, entre muchos otros emprendimientos.




[1] CIVILIA, publicado en Buenos Aires por Félix Lajouane, Editor en el año 1888.

[2] Ulysses Samuel Grant, nació en Point PleasantOhio y murió el 27 de abril de 1822 WiltonNueva York, 23 de julio de 1885). Militar y político estadounidense que se desempeñó como el 18º presidente de los Estados Unidos -1869-1877- Con anterioridad a ser electo presidente, lideró el Ejército de la Unión entre los años 1864 y 1865 como comandante general del , hasta el final de la guerra de Secesión, durante la presidencia de Abraham Lincoln.. Al asumir la presidencia, trabajó con los republicanos radicales durante la Reconstrucción de la Unión mientras lidiaba con la corrupción en su administración.

[3] Benjamin Disraeli, nació en Londres21 de diciembre de 1804 y murió en Curzon Street, Londres19 de abril de 1881. Conocido también como conde de Beaconsfield o lord Beaconsfield. Fue un políticoescritor y aristócrata británico, que ejerció dos veces como primer ministro del Reino Unido y tres veces ministro de Hacienda del Reino Unido.

Fue uno de los más destacados políticos del Reino Unido, que formaba parte de la corriente conservadora de los Tories, de la cual fue uno de los más notorios líderes.

[4] William Ewart Gladstone, nació en Liverpool29 de diciembre de 1809 y murió en Hawarden19 de mayo de 1898. Fue un político liberal británico. Fue miembro de la Cámara de los Comunes del Reino Unido y con posterioridad ocupó varios cargos en el gobierno de Su Majestad. Fue el secretario general del Partido Liberal en los periodos de 1866-1875 y 1880-1894, y llegó a ser primer ministro del Reino Unido en cuatro ocasiones: de 1868 a 1874, de 1880 a 1885, en 1886, y de 1892 a 1894. Fue uno de los estadistas más célebres de la época victoriana, rival de Disraeli, y aún se lo considera uno de los más importantes primeros ministros que ha tenido el Reino Unido; Winston Churchill lo citaba como inspirador suyo.

[5] Patricio Colombo Murúa y Manuel Rafael García-Mansilla y Zavalía. “Manuel Rafael García Aguirre. Un diplomático argentino que iluminó el siglo XIX” Editorial Virtudes. Salta. Año 2022.


MANUEL JOSÉ GARCÍA-MANSILLA. SU BISNIETO




"Era un ejemplo de soldado y de cultura. La abnegación hasta el sacrificio de sus ideales, la nobleza de sentimientos, el valor de las amargas responsabilidades hacían de él el tipo perfecto de soldado; la inteligencia superior educada en el continuo estudio, la preparación nunca discutida, fruto de su talento privilegiado, formaban al hombre de ciencia. Su desaparición ha tronchado legítimas esperanzas, ha levantado una palabra de protesta dejando en los espíritus hondas tristezas" Boletín del Centro Naval. Tomo XXVIII. Agosto de 1910. Número 321.




 

          

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