martes, 11 de octubre de 2011

Manuelita Rosas a través de su olvidado epistolario.


Manuelita Rosas de Terrero
1817-1898
La correspondencia de Manuelita Rosas de Terrero ha despertado  siempre el interés de los historiadores. Hace unos años nos sorprendía Lila Nilda Bonastre de Dansey con su trabajo Manuela Rosas de Terrero. Un aspecto ignorado de su espistolario (Corrientes, 1968).

En el Museo de Luján se conservan seis (6) cartas de Manuelita dirigidas a su padre, y ciento quince (115) cartas que, ya señora de Terrero, remitió a su amiga Pepita Gómez. Esas piezas, - además de otras setenta y tres (73) cartas de Juan Manuel de Rosas a la misma destinataria-, fueron salvadas de la inundaciones que afectaron al Museo de Luján del 10 al 13 de octubre de 1967, y después, severamente, a comienzos de los años 80. No obstante, hay copia de esa correspondencia con Josefa Gómez, de 1852 a 1875, en el legajo 2447 de la Sala VII del Archivo General de la Nación, obtenidas por el doctor Ernesto Celesia. Estas cartas fueron utilizadas y dadas a conocer por Carlos Ibarguren en su estudio Manuelita Rosas, en las sucesivas ediciones aparecidas desde 1925.

A esa documentación debe sumarse el voluminoso paquete de cincuenta y nueve (59) cartas que van de marzo de 1889 a marzo de 1897 que Manuela dirigió desde el destierro a su fiel amigo Antonino Reyes, cuyos originales se han extraviado. Fueron comentadas por Raúl Montero Bustamante en su artículo El ocaso de Manuelita Rosas (La Prensa, Buenos Aires, 9 de mayo de 1926), y por Martiniano Leguizamón, primero en Revelaciones de un manojo de cartas (La Nación, Buenos Aires, 6, 8 y 11 de junio de 1926) y después en su libro Papeles de Rosas (Buenos Aires, 1935). Nuestro Archivo General de la Nación, ha publicado esas 59 cartas de Manuelita a Reyes, junto con otra de éste a aquélla, una de Agustina Rosas de Mansilla al mencionado Reyes y otras dos de Manuelita a Rosario T. de Rodriguez y a Rosario Reyes de Tezanos, respectivamente, con el título Manuelita Rosas y Antonino Reyes. El olvidado epistolario,1889-1897 (Buenos Aires, 1998). Finalmente, están las que Reyes dirigió a Manuelita, todavía inéditas.

La correspondencia de Manuelita desde el exilio fue incesante: “mi tiempo no es holgado - le escribe a Reyes el 21 de febrero de 1893 - y no se debe olvidar que sostengo la correspondencia con mis amigos en Buenos Aires y en varias partes del mundo”. Pero ¿dónde están esas cartas?...

Antonio Dellepiane ha cuestionado la ortografía de las cartas de juventud de Manuelita. Pero, la verdad sea dicha, no se diferencian en mucho de las cartas de vejez de Mariquita Sánchez de Thompson, en la época de Rosas señora de Mendeville, que presumía de sabia y literata. Manuelita tuvo una educación esmerada, de motu proprio. Ella lo ha referido al recordar a su maestro Marcelino Camelino. Y se tiene por cierto que recibió clases del famoso educacionista Salvador Negrotto.

La correspondencia de Manuelita deja traslucir la nostalgia del exilio. En carta a Reyes del 24 de mayo de 1889, al evocar el día de su santo, recuerda emocionada: “Para mí ese día... es de recuerdos tan tristes desde que me faltó mi amado padre ¡ Pobre tatita, me festejaba tanto¡ .. Comíamos en el medio del campo”. Y después de recordar sus visitas a Burguess Farm, finaliza: “¡Oh Reyes¡ Esos amenos días pasaron para no volver más, y para mi son más valiosos sus recuerdos que los que no puedo dejar de conservar de aquel tiempo en mi patria en que me rodeaba tanta bulla, tanta demostración de cariño, en algunos fingido, verdadero en otros”.

Nunca le pasó inadvertido, ni en los días de su alta vejez, el aniversario de Caseros. El 3 de febrero de 1891 le manifiesta a Reyes: “ Te escribo en este día, aniversario de tanta fatalidad para nosotros. Quien todo lo dispone, así lo quiso, sigamos sometidos a su divina voluntad”. En siguiente aniversario recordará: “Día inolvidable...”. Y al año subsiguiente: “Día de terribles recuerdos, se cumplen hoy 41 años, ¡ Oh Reyes¡ Y estamos hoy mejor que entonces?".

La nostalgia por el terruño, por los amigos y por los parientes ingratos fue infinita. Al punto que le escribe a Reyes el 18 de julio de 1892: “Ojalá nos fuera dado estar reunidos comunicándonos de viva voz nuestras cuitas ¡ Oh Reyes¡ qué grande sería el placer de estos tus dos amigos [se refiere a ella y a su consorte Máximo Terrero] y estoy cierta el tuyo también, si pudiera realizarse. Pero como nosotros hacen tantos años andamos en la mala, esa felicitad será difícil que entre por nuestras puertas”.

En esa correspondencia del exilio, Manuelita aclara, en palabras que trasuntan dignidad, la verdadera naturaleza del papel que le tocó desempeñar durante el gobierno de su padre: “Mi finado padre el general Rosas jamás me hizo desempeñar un rol que no debía, o que ridiculizase tanto a mí como a él mismo. Tampoco es cierto que yo tomase parte alguna oficialmente de asuntos públicos o políticos durante la administración de mi lamentado padre, cuando, creo, que hice cuanto me fue dado para desempeñarme en los actos privados y sociales con la dignidad que correspondía a nuestra posición" (carta a Reyes del 16 de noviembre de 1892). Y lo ratifica el 21 de febrero de 1893: “jamás desempeñé carácter tal en acto alguno”.

Y terminantes son sus palabras sobre la ejecución de Camila O`Gorman:“Tanto Máximo como yo te aseguramos ser cierto que mi lamentado padre, el general Rosas, escribió a una persona de nuestro país, en Buenos Aires [se refiere a Josefa Gómez] con motivo de ese mismo asunto, expresando terminantemente que a nadie había pedido consejo y agregando que de todos los actos de su administración, buenos o malos, era él exclusivamente responsable” (carta a Reyes del 16 de noviembre de 1892).

Otras cartas, despojadas de la gravedad que revisten las anteriores, aluden a los detalles de su vida cotidiana. El 18 de junio de 1895 escribe: “desde el 1° de junio la casa ha estado llena de huéspedes y yo obligada a cuidar de todo y de todos, como que soy quien todo lo dispone y maneja – esta pobre vieja- seguiré hasta que más no pueda y después será lo que Dios quiera”. Desde Londres, el 17 de febrero de 1890 cuenta su intimidad hogareña y la satisfacción que la causaba el recibo de sus connacionales. “Mi día fijo de recepción es el domingo pero siempre que vienen amigos entre semana y me es posible recibirles lo hago con más particular placer si son mis compatriotas, a quien recibo sin etiqueta y con la urbanidad que tu sabes me es característica ... a más tengo mi lote de visitas en la sala y debo recibirlas”.

Antonino Reyes
1813-1895
Evocando el golpe que le significa la separación de su hijo Manuel, refiere a Reyes el 18 de noviembre de 1890 con poética expresión: “sin él, me quedo como un pájaro sin alas”.

El 21 de mayo de 1890 escribe a su nunca olvidado amigo : “El andar con mi viejo, teniendo que ser quien maneja todo lo requerido en viajes, gastos de hotel, firmar cheques, etc. te probará que estoy muy acostumbrada a las reglas inglesas y que me hago entender en este idioma. Yo misma hago mi elogio a mi buen desempeño".

El 18 de febrero de 1897 en una carta de grave tono, como si hubiese sido escrita bajo un fúnebre presagio, Manuelita se refiere al envío del sable de San Martín al gobierno argentino y a las gestiones para que le fueran devueltos los bienes que le habían sido confiscados a su padre (en la parte correspondiente a los bienes propios que su finada madre, Encarnación Ezcurra, había aportado al matrimonio ) . Pero cuando envió esta carta, Antonino Reyes ya había muerto. Pero todavía el 22 de enero Reyes le había escrito por última vez, sin decirle a su amiga nada de su enfermedad. Pocos días después fue sometido a una operación y el 6 de febrero falleció. Manuelita se enteró de su muerte por el Dr. Adolfo Saldías. Y el 4 de marzo escribió a Rosario Reyes de Tezanos, hija del amigo, para darle el pésame: “Máximo y yo hemos perdido a un amigo de ejemplar lealtad, a quien jamás olvidaremos”.

La muerte de Reyes, su fiel corresponsal, desató el lazo que la unía con el pasado y ella, también vieja, enferma y entristecida, dedicada a la atención de su esposo enfermo, se extinguió en Londres el 17 de septiembre de 1898, traspuesto ya el umbral de los 81 años. Había nacido el 24 de mayo de 1817.

Se ha dicho que Manuelita volvió a Buenos Aires en 1886, temporalmente. Nada más inexacto. Nunca regresó a su adorada patria.

Julio A. Benencia dio a conocer una carta suya dirigida al doctor Adolfo Saldías y fechada en Londres el 2 de abril de 1896, cuyo original se conserva en el Archivo General de la Nación, en la que Manuela manifestó el deseo de que su padre, ella, su marido y sus hijos, reposaran definitivamente en suelo inglés, lejos del solar patrio: “En cuanto a trasladar los restos de mi tan amado padre a Buenos Aires eso jamás tendrá lugar, y mi completa oposición a ello la dejo explícitamente expresada en mi testamento. No, Doctor, sus cenizas reposan muy bien colocadas en el sepulcro y hermoso monumento que el cariño de su hija lo hizo erigir en el cementerio de Southampton; con su fiel hijo Máximo y sus nietos iremos según nos toque el turno, a reunirnos a él. La bóveda está construida para todos” ("Manuelita Rosas y los restos de su padre”, en Investigaciones y Ensayos, núm. 17, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1974, págs. 311-312).

Pero el hermoso monumento que Manuelita mandó erigir, es hoy solamente una ruina que apenas se divisa entre la maleza de un cementerio abandonado. Don Juan Manuel ya ha sido repatriado. Allá quedan Manuelita, su marido e hijos. Por eso, ya no se justifica su permanencia en tierra extraña. Es hora que los restos de la niña de Palermo regresen a la tierra de sus mayores, y que en su losa se graben aquellas palabras que ella escribió a Reyes el 26 de julio de 1893,a los 76 años: “Yo Reyes , nací para sufrir por todos y con todos. Mi carácter nunca fue propicio a mi felicidad”. Palabras, tan sinceras como conmovedoras, que la revelan como arquetipo de la mujer argentina.

FUENTE: Guillermo Palombo. Manuelita Rosas a través de su olvidado epistolario.

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lunes, 10 de octubre de 2011

LOS PASAJES DE PARIS. UN RECORRIDO POR RECOVECOS DE LA CIUDAD LUZ.


Un recorrido por recovecos de la Ciudad Luz que conservan arquitectura y diseño de otros tiempos, y remiten a una época en la que el concepto de urbanización era bien diferente del actual. Rincones que, además, inspiraron a no pocos escritores...


Es necesario que un accidental vistazo muestre un espacio profundo, que se abre como una calle inesperada. Una tenue luz filtrada por vitrales cenitales y la promesa de poder escapar por allí del ruidoso tráfico citadino, de reencontrar el eco de la propia marcha, atrae irremediablemente hacia el interior. Y, apenas unos pasos dados, la estructura mítica del laberinto atrapa...

Numerosos escritores, seducidos por su arquitectura, hicieron de los pasajes los escenarios de sus historias: Honoré de Balzac, Emile Zola, Walter Benjamin, Luis Aragón, André Breton..., y también Julio Cortázar.

De la multitud de pasajes cubiertos construidos entre finales del siglo XVIII y el segundo imperio, a mediados del XIX, subsisten solamente una veintena, que han tenido suerte diversa. Todos merecen un recorrido. Se respira un aire de otra época, e incluso en la decoración de algunas de las vidrieras o en el mobiliario de los cafés uno parece reencontrarse con algún rincón de un Buenos Aires que ya no existe.

Passage Choiseul, París, Francia
Su trazado invita a atravesar las sucesivas arcadas, a perderse por los recovecos, a escrutar las vidrieras de los negocios, a elevar la mirada y descubrir la trama de sus techos traslúcidos. Hoy se puede descubrir en ellos una concepción diferente de cómo construir una ciudad con una arquitectura a escala humana, perteneciente a una época en la que, en un mismo espacio, se concentraban el trabajo, la vivienda y el entretenimiento.

Todos se encuentran en la Rive Droite (la margen derecha del Sena), que es tradicionalmente la más comercial de París, y, salvo algunas excepciones, se agrupan en dos conjuntos principales: aquellos que, situados en el sector que va desde el Palais Royal hasta los grandes bulevares, restaurados o no, fueron y continúan siendo los más suntuosos. El segundo grupo, más austero, se concentra alrededor de la calle Saint-Denis.

La historia de los pasajes comienza en París a fines del siglo XVIII. La capital era una ciudad de lujos y atracciones, pero conservaba una estructura medieval. Sus callejuelas polvorientas o embarradas no tenían veredas, tampoco cloacas ni pavimento. Por ellas circulaba un gentío desordenado, y era imposible desplazarse a un ritmo distendido. Los primeros pasajes fueron creados entonces con un interés comercial, en respuesta a una necesidad de la época. Para su construcción se emplearon nuevos materiales, más seguros y económicos: el hierro y el vidrio, combinados para sostener los techos transparentes que permiten la iluminación natural. De noche, por primera vez se utiliza una brillante luz de gas, que contrasta con la penumbra de las calles mal iluminadas.

Dentro de esas nuevas arterias interiores era factible deambular libremente de un negocio a otro, protegido de la lluvia o del frío, hacer un alto en un café, ensayar un rendez-vous amoroso o leer el diario en alguno de los numerosos salones literarios. Allí podía encontrarse gente de distinta condición: hombres de negocios y jugadores, príncipes y buscavidas, atraídos por la Bolsa de Comercio (situada en el mismo barrio), las tiendas elegantes, los espectáculos, o las prostitutas ligeramente vestidas. En las galerías se podía asistir a pequeños conciertos o cruzarse en el camino con escritores, como Verlaine, con artistas o con caricaturistas, como Daumier. Tanto fue el éxito en ese momento que en el término de cincuenta años se construyeron cincuenta pasajes en todo París.

Galeria de la Madeleine, Paris, Francia
Construida en 1846, al mismo tiempo que la iglesia homónima, la galería cubierta de la Madeleine se encuentra en el barrio chic que rodea la Place Vendôme, donde abundan las joyerías y las casas de alta costura. Su corto trayecto alberga grandes contrastes. Una relojería y una boutique de indumentaria de marca ocupan los primeros locales. Nada diferente de lo que se encuentra en las veredas exteriores, pero la luz tamizada y las siluetas ateridas de los fumadores que hacen una pausa en el trabajo invitan al objetivo de mi cámara a aventurarse al interior.Frente a frente

La sastrería Benjamin llama la atención, tal vez por sus vitrinas detenidas en los años cincuenta, o por el chaleco amarillo a cuadros que porta el sastre. No bien atravieso el umbral, el hombre cuelga el teléfono con gesto colérico y descarga en voz alta la furia provocada por el capricho de un cliente; pero frente al fotógrafo argentino desarma su enojo un tanto teatral y trata de encontrar en la conversación un punto en común, a través de recuerdos de su temprana juventud en Argelia, cuando escuchaba los tangos de Gardel. Es amante del tango, pero no del que se baila ahora, según él, con espíritu atlético. Me confirma que él es un "pied-noir", los franceses que vivían en el Magreb en la época de la colonia. Los retratos de su abuelo militar en uniforme y de Frank Sinatra ocupan los pocos espacios liberados por las perchas repletas de vestimentas para recomponer.

Monsieur Benjamin protesta por las nuevas tendencias deportivas de la indumentaria, que atentan contra la elegancia del pasado. Pero cuando me habla de la moda me distraigo y no puedo no asociar su nombre con el otro Benjamin, el filósofo alemán, Walter Benjamin, que en los últimos trece años de su vida, antes de su suicidio, en 1940, se dedicó a una ambiciosa obra que quedó inconclusa: París, capital del siglo XIX - El libro de los pasajes . A través de sus innumerables notas y citas, el autor abre múltiples puertas de investigación, en las que los pasajes parisinos constituyen el andamiaje central.

A dos estaciones de metro se encuentra otro grupo de galerías, en el barrio de Grands Boulevards. Julio Cortázar se inspiró en él para escribir El otro cielo, cuento donde asocia los pasajes parisinos con lugares a través de los cuales es posible evadirse de la realidad.

Gallerie Vivienne, Paris, Francia
Restaurada hace unos años, la Gallerie Vivienne, en su momento una de las más elegantes de París, recuperó un poco de su brillo de antaño.

La diversidad de niveles, a lo largo de un recorrido que puede ser iniciado a partir de tres entradas diferentes (rue Vivienne, rue des Petits Champs y rue de la Banque), la convierten en una de las más variadas. El estilo arquitectónico es el neoclásico, que corresponde a la época de su construcción (1826), en la era posrevolucionaria, durante la cual el modelo era la república romana. El barroco y el rococó del antiguo régimen quedaron atrás. Los suelos están decorados con mosaicos del célebre artista italiano Faccina.

En una de las entradas de la galería se encuentra el bar Le Bougainville, cuyo nombre evoca al marino Louis-Antoine de Bougainville (1729-1811), fallecido en una de las viviendas del pasaje. En 1763, y en nombre de Luis XV, había tomado posesión de las islas Malvinas y fundado una colonia en la Gran Malvina, que él mismo restituyó más tarde a los españoles. También habitó allí Eugène François Vidocq, contemporáneo de Balzac, increíble personaje que fue a su turno presidiario, jefe de la policía y escritor de renombre. Hacia el interior, en el salón A Priori-thé, se puede hacer una pausa antes de lanzarse, unos pasos más allá, a la búsqueda de obras raras en los estantes de la librería de usados D. F. Jousscaume (fundada en 1826 con el nombre de Petit-Siroux). Una boutique especializada en relojes de pulsera de los años 60-70 y la bodega Lucien Legrand ayudan a darle el tono retro al conjunto del pasaje.

La Gallerie Colbert, Paris, Francia
La Gallerie Colbert, su vecina inmediata y antigua rival, con la cual se comunica, es de una arquitectura más imponente, donde se destaca una gran rotonda coronada por una cúpula de vitraux. Ocupada recientemente por las universidades de la Sorbona y de la Escuela Práctica de Altos Estudios, éstas ofrecen al paseante, con sus aulas expuestas, la curiosa posibilidad de presenciar una clase magistral a través de las vitrinas.

El Passage Choiseul está a menos de cien metros de las dos galerías anteriores. Alberga mayoritariamente boutiques de ropa femenina y, en el final de la nave, la librería de usados Libria.

Otros tres pasajes, Verdeau, Jouffroy y Des Panoramas, a pesar de haber sido construidos en diferentes momentos, con casi cincuenta años de distancia, forman un asombroso conjunto que se continúa a lo largo de un mismo eje, como si se constituyeran en pasadizo secreto que atraviesa el corazón del barrio.

Atravesar los tres espacios supone emprender un itinerario dispar sincopado por el cruce de calles de importancia diferente. Verdeau, el primero bajando desde Montmartre, es un refugio de anticuarios. El coleccionista Bruno Tartarin ofrece fotografías de época, vintages de Robert Doisneau y Willy Ronis por 1000 o 2000 euros, así como originales de Jacques-Henri Lartigue por 6000.

Pasaje Jouffroy, Paris, Francia
Jouffroy es el pasaje de los mundos ilusorios. Numerosos paseantes se detienen a hojear los libros de arte en ediciones de lujo de la librería Paul Vaulin, fundada en 1848. El bello rostro de la mujer que la atiende y su gracioso peinado atemporal parecen escapados de los libros que sus manos mecanizadas ordenan sin cesar. Enfrente, otra librería ofrece todo lo que un fan de cine puede soñar. Unos metros más allá, una boutique especializada en casas de muñecas y muebles en miniatura invita a reinventar los viajes de Gulliver en Lilliput. Y antes de volver a la realidad, el museo Grévin permite encontrarse cara a cara con las personalidades del jet-set o con hombres históricos, reproducidos en cera en tamaño natural.

El Passage des Panoramas, del otro lado del Boulevard Montmartre, tal vez sea mi preferido. Como soy fotógrafo, imagino que sigo los pasos de Louis Mandé Daguerre. En uno de los locales, el inventor del daguerrotipo asistía a los cursos de Prévost, el creador de los Panoramas, aquel antiguo espectáculo antecesor del cine y basado en la misma ilusión óptica.

Passage des Panoramas, Paris, Francia
Formando un tejido de galerías transversales que cortan la nave central, se encuentran boutiques de coleccionistas de estampillas, monedas y cartas postales antiguas, ceremoniosos restaurantes con gruesos manteles y servilletas almidonadas, y otros más amenos ofreciendo bocados rápidos.

Hasta no hace mucho, la centenaria imprenta Alsaciana Stern, cuyos locales se encuentran hoy vacíos, daba un lustre particular al conjunto. De los pasajes que quedan en pie, es uno de los más antiguos. Fue construido en el 1800, en el momento de transición entre la ciudad medieval y la urbe moderna, durante el cual se vivió una gran especulación inmobiliaria. Como consecuencia de la Revolución Francesa, un gran número de inmuebles pertenecientes a la Iglesia o a la aristocracia emigrada fueron subastados al mejor postor, y fue así como la transformación de la ciudad, en ese primer período, no se debió a los hombres de Estado, sino a particulares enriquecidos con la compraventa de ese tipo de propiedades. Entonces, buena parte de los pasajes fue construida en terrenos liberados de la tutela del antiguo régimen.

Bajando aun más hacia el Sena, se encuentra la galería Vero-Dodat, considerada la más bella por su arquitectura, su refinamiento y por la unidad de la decoración, construida en ­1826 por dos rotiseros: Bénoit Vero y su asociado Dodat. En su época ofrecía un cómodo atajo entre los barrios de Les Halles (el mercado de abasto) y Palais Royal.

Pasaje Vero Dodat, París, Francia.
La decoración neoclásica refinada, restaurada recientemente, con un piso en damero blanco y negro, ofrece un ambiente recogido y exquisito que se ha perdido en gran parte de los otros pasajes. En su interior se encuentran numerosos anticuarios, el luthier RF Charle y el editor milanés Franco María-Ricci. Las casas de moda y decoración van reemplazando a los antiguos propietarios.

Algunas centenas de metros en dirección al Este, a lo largo de la calle Saint Denis, se encuentra un segundo grupo de pasajes, de construcción mucho más sobria, desprovistos de toda decoración, apenas mantenidos y ocupados en gran parte por comerciantes mayoristas. Lejos de los circuitos turísticos y del París de las cartas postales, estos pasajes comunican barrios vivaces, con gran actividad comercial y con una fuerte impronta extranjera. Con sólo dar vuelta una esquina uno puede encontrarse en un mercado del Asia Central o de Medio Oriente.

Al Passage du Caire se accede por una pequeña puerta. En el interior nada justifica su nombre fantasioso, y de las pretensiones pasadas no quedan más que décadas de polvo acumulado en sus cornisas. En sus múltiples galerías se cruzan incansables changarines, bajo la mirada perdida de maniquíes desnudos que pululan en vitrinas de negocios de confección. Su construcción se inspiró en los souks , o mercados cubiertos de Turquía, Persia y el resto de Oriente. Es el momento, en 1799, en que Napoleón Bonaparte lleva a cabo una campaña en Egipto para contrarrestar la hegemonía inglesa; no en vano, este pasaje construido en ese mismo año se llama Pasaje del Cairo.

En los pasajes Du Prado y Brady, muy frecuentados, los inmigrantes paquistaníes, turcos o kurdos han tomado posesión de los lugares instalando restaurantes -siempre llenos al mediodía-, agencias de viajes, peluquerías y salones de té. Apenas mantenidos para su utilización comercial, el estado general es algo sombrío, pero el ambiente impregnado de la cultura del Asia Central ofrece un contraste muy marcado con el resto de la ciudad, como para sentirse tentado de recorrerlos.

El Passage du Prado conserva los soportes del techo en diseño art déco, único vestigio del pasado. Un pequeño café se diferencia del resto de los negocios. En el interior se respira un aire de régimen soviético. Hombres de cabellos blancos y gesto adusto juegan a las cartas para matar el tiempo; la única mujer es la encargada. Nadie presta atención a la televisión que transmite noticias en una lengua inidentificable. ¿Serbocroata?, pregunto imprudentemente. "¡Serbio!", me corrige, agraviado, un hombre sentado a la mesa del fondo. Las heridas de la desintegración de Yugoslavia todavía no están cerradas.

Passage du Grand Cerf, Paris, Francia.
Ocupado en su mayoría por negocios de diseño, el Passage du Grand Cerf es arquitectónicamente el más alto de los pasajes parisinos. Su bóveda de vitrales se eleva a 12 metros, más del doble del Passage des Panoramas, pero apenas la mitad de la Galería Umberto I de Nápoles o la Vittorio-Emmanuele de Milán. Si bien fue París la ciudad que inventó los pasajes cubiertos, el hecho de que sus constructores fueran financistas privados dio por resultado obras de dimensiones más intimistas. La moda de las galerías cubiertas se propagó a otros países, pero como voluntades políticas que expresaban el monumentalismo de las grandes capitales. Así, Londres, Cleveland, Berlín, Moscú o La Haya, a lo largo del siglo XIX, competirán en la gran talla de sus galerías cubiertas.

Son varios los pasajes que quedan por recorrer: el Des Princes (convertido en una inmensa juguetería), Bourg l´Abbé, Du Ponceau, Ben Aïad, Puteaux, Vendôme (se encuentra en Place de la République y no en la plaza del mismo nombre) y las galerías del Palais Royal, donde nació el primer pasaje cubierto de París con el nombre de Galleries de Bois, construidas en 1786 y destruidas en 1828.

Luego de la Revolución de la Comuna, en la segunda mitad del siglo XIX, en parte por razones estratégicas, la ciudad será transformada por la obra urbanística del barón Haussman, que rompe con su estructura medieval y traza las grandes avenidas que dan la perspectiva del París actual.

Los pasajes pertenecían a aquel esquema antiguo, que unía pequeñas calles. El nuevo trazado hará desaparecer una gran parte de ellos. Así como en su momento fueron un fenómeno de moda y el reflejo de los cambios económicos y culturales, la aparición de los grands magasins (las grandes tiendas) a partir de 1850, como el Bon Marché, la Belle Jardinière, Le Printemps y otros, los vuelve pasados de moda, vaciándolos de sus habitués. En diferentes momentos, una treintena de ellos serán destruidos.

En el otro extremo de la ciudad, no lejos del Arco de Triunfo, me topo con una galería cuyo nombre me da curiosidad: La Cité Argentine. Construida en 1907 por el innovador arquitecto Henri Sauvage, de quien Le Corbusier tomará algunas ideas, es un revival de los pasajes del siglo XIX. El nombre de la construcción se inspira en el país de origen de quien encargó la obra, Felipe Mayol de Senillosa, estanciero argentino (fundador de la localidad de San Mayol en Tres Arroyos) cuya mujer, María Luisa Cramer, compartía su tiempo entre París y Buenos Aires.

La Cité Argentine, París, Francia
La travesía llega a su fin y me doy cuenta de que los pasajes son un viaje en el tiempo, donde se encuentran referencias literarias, personajes históricos; donde se evocan vivencias personales y, sobre todo, donde diferentes mundos se entrelazan y comunican de una manera indefinida. Son, como decía Cortázar, el refugio imaginario de los caminantes de la ciudad.

Leonardo Antoniadis
revista@lanacion.com.ar

sábado, 8 de octubre de 2011

EL DOCTOR MANUEL JOSÉ GARCÍA SEGÚN EL HISTORIADOR JOSÉ MARÍA ROSA



                                                                                                                                                            
El Doctor José María Rosa, fue un distinguido historiador argentino, abogado y profesor universitario. Es sin duda alguna uno de los más respetados y consultados historiadores de la corriente que se llamó revisionista. 

Nació en Buenos Aires el 20 de agosto de 1906, en el seno de una familia tradicional. Su bisabuelo don Vicente Rosa, arribó desde España en 1828 y desempeño el cargo de director de aduanas durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. 

En su libro "La misión García ante Lord Strangford" nos deja su opinión con respecto al doctor Manuel José García.

"El 28 de enero se embarcaba con rumbo a Río de Janeiro el doctor Manuel José García, quién llevaba dos importantes comunicaciones para entregar al embajador británico ante la corte lusitana, vizconde de Strangford. Estos pliegos, firmados por el Director Supremo el 25 de enero, se hallaban destinados al propio Lord Strangford, y al ministro de Relaciones Exteriores inglés. Lord Castlereagh. También llevaba una carta del Director Carlos María de Alvear para servirle de presentación ante el diplomático británico."

"García era uno de los hombres más representativos y capacitados del gobierno directorial, no obstante contar solamente con treinta años. Hijo de don Pedro Andrés García, el célebre comandante de Montañeses, pertenecía a una de las familias de mayor arraigo social en Buenos Aires; había estudiado en Charcas donde obtuvo el grado de doctor en derecho, y desempeñado durante algún tiempo funciones administrativas en el Alto Perú durante el último año de la dominación española. Pero plegado a la causa revolucionaria, como su padre, había regresado a Buenos Aires donde, entre otros cargos, obtuvo el de Regidor del cabildo para el año 1812. Y no obstante haber sido separado de sus funciones comunales por la revolución del 8 de octubre de ese año, acabó por adherir - como tantos otros - a los vencedores hasta llegar a ser uno de los jefes del partido triunfante."

"Ocupaba en enero de 1815 el altísimo cargo de Consejero de Estado y Secretario de ese cuerpo, para el cual fuera designado por el ex director Gervasio Antonio Posadas el 4 de febrero de 1814. Se encontraba, pues, interiorizado de todos los pormenores de la política directorial, y es presumible que fuera uno de los orientadores de la misma."

"García, al estar las referencias de quienes lo trataron, era un diplomático nato. Hombre culto, de excelente educación y finas maneras, de palabra fácil y clara, agregaba a esas condiciones exteriores una penetrante inteligencia y a una prudencia que llegaba hasta la astucia. Fue, junto con don Manuel de Sarratea, el gran diplomático de la primera mitad del siglo pasado. Tal vez su escepticismo lo hizo aceptar algunas negociaciones que pueden criticarse severamente, pero en todos los casos trató de obrar conforme a lo que creía los intereses inmediatos del gobierno que lo comisionaba."

FUENTE: José María Rosa. La misión García ante Lord Strangford. A. Peña Lillo Editor S.R.L. Buenos Aires. Año 1951.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Josefina Arrighi García-Mansilla. Una artista que irradia alegría y talento.


Hoy queremos hablar de quienes conforman nuestra gran familia contemporánea, integrada por un sinnúmero de talentosos miembros que continúan nuestra estirpe y que de una u otra forma dan muestras de genio artístico o excelencia académica en los distintos ámbitos donde les toca actuar.

Esto demuestra que la buena simiente que nos dejaron nuestros ancestros, cuando cae en tierra fértil y se le brinda el cuidado y la educación necesaria se traduce en buena cosecha.

Este es el caso de Josefina Arrighi García-Mansilla de Fraguas, quién supo crear su propio universo y plasmar con talento y técnica depurada la fuerza que la empuja en cada una de sus obras.

Le pedí que nos cuente algo sobre su vida y me pidió visitara su blog, titulado Josefina Arrighi, en el que con natural sencillez  nos expresa porque eligió esta expresión del arte.

"Llevo el arte en mi esencia. Lo descubrí desde mi infancia. Lo "elegí" para mi vida, hace unos años. Naci el 16 de febrero de 1970, en Buenos Aires, Argentina."

"Estudié educación y trabajé varios años en ésta área. Por suerte, escuchando a mi corazón, disfrutaba del arte en distintos talleres."

"Vivir en Uruguay me dió la posibilidad de dedicarme de lleno al arte y toparme con grandes maestros."


"Explorando técnicas, soportes, aprendiendo de artistas sabios y generosos que compartieron conmigo sus saberes, voy descubriendo lo que realmente significa el arte en mi vida." 

"Al regresar a mi país continúo en la búsqueda e ingreso a la carrera de Bellas Artes para completar mi formación en el IUNA - Instituto Universitario Nacional del Arte -  Participé de numerosas muestras individuales y colectivas. En galerías de arte, en grupos con otros grandes artístas."

"Mi trabajo abarca pintura, escultura, obra gráfica y diversos proyectos vinculados al mundo del arte. Elijo el relieve, la textura. El trabajo sobre soportes no tradicionales. Utilizo una paleta de colores vivos, brillantes y variados, me gustan las obras alegres y frescas."

"Mi obra busca transmitir la alegría y el entusiasmo por la vida. Soy madre de cinco hijos. Recibí de Dios un regalo que me hace feliz y estoy convencida que con éste don, puedo hacer felices a los demás."

"Mi arte es un canal...mi intención es aportar mi granito de arena para hacer de la vida un lugar mejor y transmitir lo que voy descubriendo..."

"A través del arte doy mis talentos creativos a otros...y en el camino soy un intrumento para que otros descubran a Dios..."



"El arte puede transformar vidas. El arte textil las transforma por naturaleza. Mujeres de todo el mundo pueden corroborarlo. Gracias a él, alcanzan sus sueños, se proyectan, se hacen mejores personas, y mas felices. Entregan al mundo toda su esencia."

El Arte es el acto mediante el cual, valiéndose de la materia o de lo visible, imita o expresa el hombre lo material o lo invisible, y crea copiando o se sirve de sus fantasías. Se considera Arte a toda creación u obra que exprese lo que el hombre desea exteriorizar, obedeciendo a sus propios patrones de belleza y estética. El que crea el arte, el artista, tiene que tener aptitudes y actitudes para crear, con ciertas dotes de imaginación para poder expresar sus sentimientos por medio de palabras, formas, colores o sonidos.

Son sus padres Esther Josefina García-Mansilla y Edgardo Arrighi. Fue desde niña una persona inquieta que mostraba un gran deseo por saber o comprender todo aquello que la rodeaba y con el transcurso del tiempo fue orientando su capacidad hasta convertirse en una persona dotada de virtud y disposición para las bellas artes.

Si quieren conocer su obra pueden visitar su blog:  http://josefinaarrighi.blogspot.com/

FUENTE: Josefina Arrighi García-Mansilla y Arte y futuro blogspot.

sábado, 24 de septiembre de 2011

CORONEL D. JUAN F. CZETZ FUNDADOR DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN ARGENTINA.

En 1869, aún no acallados los ecos de la Guerra del Paraguay, siendo Presidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento, surgió la inquietud de organizar un instituto de formación de oficiales para el Ejército. La idea no era nueva, pues varios ensayos se habían hecho en ese sentido desde los días de mayo de 1810, sin embargo todos ellos tuvieron corta existencia.

Unos años antes, en 1860, en un mensaje que Derqui leyera ante el Congreso de Paraná como Presidente de la Confederación, hizo una serie de consideraciones sobre la necesidad de crear una escuela militar, si bien lamentó los inconvenientes e imposibilidad de organizarla en ese momento.

El 9 de agosto de 1869 cuando aún no había cumplido el primer año de su mandato constitucional, Sarmiento envió un mensaje a la Cámara de Diputados adjuntando un proyecto para la creación de una escuela castrense que proveyera de oficiales altamente capacitados para mandar al Ejército.

Así el Congreso se abocó al estudio del mismo y tras algunos debates fue aprobada la Ley por ambas cámaras con el número 357 que autorizó al Poder Ejecutivo para la formación de una escuela militar.

Promulgada el 11 de octubre de ese mismo año esa Ley 357 se convirtió en la piedra fundamental del Colegio Militar de la Nación.

De inmediato el gobierno designó una comisión militar especial a efectos de proponer el reglamento y plan de estudios de la nueva escuela. Se recurrió para esta tarea a un selecto grupo de oficiales, veteranos de muchas campañas y que habían acreditado destacadas condiciones intelectuales; eran ellos el Brigadier General D. Emilio Mitre, el General D. Indalecio Chenaut, el Coronel D. Mariano Moreno, el Coronel D. Juan F. Czetz y el Sargento Mayor V. L. Peslouan.

Cerca de dos meses llevó a la comisión completar la tarea, que permitió al P.E. dictar un decreto el 22 de junio de 1870, oficializando lo propuesto. Dicho documento, firmado por el presidente Sarmiento y refrendado por el Ministro de Guerra General Martín de Gainza, designó como cuartel del Colegio Militar al edificio que fuera  residencia de Juan Manuel de Rosas y al mismo tiempo nombra Director del Colegio Militar al Coronel de origen húngaro D. Juan F. Czetz quién estaba casado con Basilia Ortiz de Rozas, la hija mayor del General Prudencio Ortiz de Rozas y López de Osornio, hermano del Brigadier General  Juan Manuel de Rosas.

El edificio, que desde Caseros había sido destinado a distintos menesteres en forma temporaria, era de estilo colonial y de grandes proporciones para la época. En sus aulas y recintos se mantenían aún, muebles, estufas, alfombras, arañas y espejos que ornamentaron el lugar en tiempos de su primitivo propietario. Algunos de ellos, como un conjunto de rojos sillones de jacarandá, un escritorio de caoba, una cómoda y una caja de caudales, forman hoy el mobiliario del museo que funciona en la casa histórica de Caseros, dentro del predio del Colegio Militar en El Palomar.

El edificio se erguía al N.O. de la ciudad, distante de ella cerca de una legua, en los terrenos limitados por el arroyo Maldonado y el Río de la Plata. Su construcción databa de 1838.

La primera tarea del flamante director, el Coronel Juan F. Czetz, fue la adaptación de las instalaciones para la nueva función. Meses más tarde, el 19 de julio de 1870, ingresaba el primer alumno del Colegio, Ramón L. Falcón.

Este edificio, que había sido construido para albergar a una familia y al personal de servicio, llegó a cobijar en 1892 a 118 cadetes a los que había que agregar el cuadro de oficiales, el claustro de profesores y el personal de tropa y servicio.

Por espacio de 22 años, el caserón de Palermo de San Benito sirvió como cuartel del Colegio Militar y 17 promociones de oficiales egresaron de sus aulas, antes de ser abandonado en 1892 en búsqueda de mayor espacio.


Para entonces, el Colegio habría alcanzado un alto prestigio académico, formando a los cadetes en un riguroso secundario que, por la época, se consideraba de excelencia y se ubicaba entre las mejores academias militares del mundo

La nueva sede se fijó en la localidad de San Martín, donde hoy se encuentra el Liceo Militar General San Martín. Ese ámbito, al igual que el primero, no fue construido al efecto sino que se aprovechó una edificación ya existente destinada anteriormente a un Colegio de Artes y Oficios. El reacondicionamiento se efectuó con sendas partidas presupuestarias otorgadas a ese efecto por el Congreso.

Más allá de la importancia de la nueva sede en San Martín, pronto las limitaciones de la construcción evidenciaron la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado. Así surgió el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hará realidad en el año 1937. Los viejos campos del Palomar de Caseros fueron los elegidos, considerados un espacio ideal por su amplitud y cercanía a la Capital Federal.

La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el General Pablo Ricchieri en 1904. Sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.

Se adjudicaron las obras del pabellón "Dirección" a la empresa Bonnen Ibero, Parodi y Figini, iniciándose los trabajos el 19 de julio, con asistencia del entonces Ministro de Guerra Dr. Julio Moreno. Se descubrió en dicha oportunidad una placa adosada al "Palomar" histórico, que más tarde fue colocada al pie del busto del General de División Domingo Faustino Sarmiento, en inmediaciones del arco de entrada del Instituto.

El Ministro de Guerra que seguía de cerca los trabajos, ordenó suspenderlos en 1922 con el objeto de ampliar la capacidad del edificio para 1500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros.

Como consecuencia de la ampliación resultante del Plan de Obras, fue necesario abarcar la totalidad del terreno circundante, que incluía la antigua Escuela de Caballería.

A mediados de 1923 el Poder Ejecutivo aprobó el nuevo Plan de Obras, con una inversión superior a $ 13.500.000 moneda nacional que contemplaba prácticamente el actual Colegio Militar de El Palomar.

Hasta el año 1929 se asignó una partida de $ 500.000 Moneda Nacional anuales para la continuación de la obra, en cumplimiento del nuevo contrato celebrado con la "Compañía Nacional de Pavimentación y Construcciones".

En 1930, la crisis económica, obligó a paralizar las obras por total falta de recursos. Llegando así al año 1935, en el cual se reinician por parte del Presidente Justo, ex director del Colegio, quien destinó los fondos necesarios para terminar en dos años de intensa actividad la obra.

El actual edificio, menos el pabellón C de dormitorios, las tribunas laterales del Campo de Deportes, el Casino de Oficiales y la primera Capilla, fueron inaugurados finalmente el 23 de diciembre de 1937 en ocasión del egreso anual de oficiales.

Con los años esas instalaciones se fueron ampliando, hoy los cadetes cuentan con numerosos espacios para su uso, se destacan una biblioteca informatizada en permanente expansión de más de 16.000 volúmenes, aulas interactivas, aulas tácticas, laboratorios de idiomas, física, química, polígono de tiro, capilla, salas de conferencias, cine, casino y un importante campo de deportes con gimnasio cubierto, salón de complementos, esgrima y pileta olímpica climatizada.

Además el Colegio Militar tiene el privilegio de contar con un patrimonio histórico único, ya que alberga dos sitios declarados Monumentos Históricos Nacionales: el Palomar y la Casa de Caseros, testigos mudos de importantes hechos del pasado como la Batalla de Caseros, antesala de la Constitución Nacional o las conversaciones preliminares del Pacto de San José de Flores, que consolidó la unión definitiva del país.

La historia reciente encuentra al Colegio Militar en una etapa de grandes cambios, en los últimos años el Colegio Militar ha pasado a ser un Instituto Universitario que también otorga a los Subtenientes un título de grado que cuentan con el aval del Ministerio de Cultura y Educación. Así los cadetes pueden optar entre las Licenciaturas en Administración, en Enfermería Profesional o Contadores Públicos.

FUENTE. Página web del Colegio Militar de la Nación.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El auge del torpedo en la Marina Argentina


1875. Surgimiento de la Dirección General de Torpedos


Lanzamiento de un torpedo
La inserción del torpedo en la Marina Nacional en las dos últimas décadas del siglo XIX significó un importante avance en materia tecnológica para la época. El principal precursor para la adquisición de estos fue el presidente Domingo Faustino Sarmiento, Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos de América desde 1865 a 1868. Allí adquirió conocimientos sobre esta novedosa arma que posteriormente fue incorporada a la Marina de nuestro país. Luego de su asunción como primer mandatario en 1868, trajo al país a militares estadounidenses veteranos de la guerra de Secesión, todos ellos marinos expertos en el arma. La tarea de éstos fue instalar una estación de torpedos y elaborar un plan a corto plazo para hacer de éste el arma por predilección de la Marina de Guerra.

A principios de 1875 quedó establecida la División Argentina de Torpedos en el río Luján, cuyo asiento estaba en el vapor Fulminante. Además, se hizo un estudio de relevamiento hidrográfico, defensa de los ríos interiores y sus afluentes para su utilización como arma principal de protección ante un eventual ataque del Brasil. La visión geoestratégica de la adopción del arma se correspondía con la amenaza latente de esta nación para avanzar sobre territorio argentino mediante los ríos interiores del litoral. Esta presunción estuvo sostenida por el rol protagónico que ocuparon los brasileros luego de concluida la Guerra de la Triple Alianza o del Paraguay, de la cual salieron fortalecidos por la victoria lograda y el consiguiente reparto de territorios.

El 14 de octubre de 1883 se realizaron los primeros ejercicios a gran escala de lanzamientos torpedísticos de la escuadra. La importancia del arma puede observarse en esta fecha con la presencia del presidente Julio Argentino Roca y del ministro de Guerra y Marina general Benjamín Victorica. Pasaron 16 años desde la primera organización del artefacto hasta su consolidación definitiva en 1891 con la creación de la Dirección General de Torpedos y del Apostadero y Estación de Torpedos de La Plata, este último ubicado en Río Santiago.

Maniobra de recuperación de un torpedo
El 28 de abril de 1891 mediante un decreto del presidente Carlos Pellegrini se creó la Dirección General de Torpedos con sede en la ciudad de Buenos Aires. Su creación tenía como objetivos adiestrar al personal y otorgarle una dirección técnica independiente. En cuanto a material, debía aprovisionar, preparar y abastecer a las torpederas de río. Estaba a su cargo la defensa del litoral fluvial y marítimo de la república y la preparación de ejercicios de combate. La dirección estuvo desde 1891 a 1895 bajo la conducción de un especialista del arma, el capitán de fragata Manuel José García Mansilla.

El eje central de la organización fue la bifurcación de las defensas; una fija y otra móvil. La fija estuvo integrada por dos estaciones, una en el Tigre para la defensa del río de la Plata y sus afluentes; la otra recientemente creada con el decreto, en Río Santiago para la salvaguardia externa del mismo río y del litoral marítimo. Lo que se buscaba con esta disposición de poseer dos flotillas era la continua alarma y precaución que iba a tener la flota enemiga.

La Estación de Torpedos del Tigre conservaría su denominación anterior de Escuela de Torpedos. Tendría como propósito abastecer a buques y torpederos de la novedosa arma, instrucción del personal y reparaciones del material. En el Apostadero de Río Santiago tendrían asiento los torpederos de división Espora, Rosales y los de primera clase. 

En consonancia con la nueva orgánica se creó el cuerpo especializado de mecánicos especialistas para el funcionamiento de los torpedos, minas de fondo y aparatos complementarios.


Una de las primeras medidas implementadas por García Mansilla fue incorporar el ariete torpedero Maipú a la Dirección General de Torpedos y elevar al Jefe de Estado Mayor de Marina, Contraalmirante Bartolomé Cordero, una exposición de las falencias en cuanto a material y personal que contaba la dirección.

A principios de 1895, el Apostadero de Torpedos de La Plata pudo contar con un dique flotante especializado en los torpederos de mar que se le compró a un astillero de Francia. Esta adquisición tenía la capacidad de levantar al mismo tiempo dos torpederas de primera clase. Para ese año, se logró el mayor desarrollo del arma alcanzado por la Marina de Guerra. La cantidad de torpederos que poseía la nación lo ponía en primer puesto en el concierto de naciones sudamericanas.

Año 1895, clase práctica de torpedos en la Escuela Naval

Los avances realizados en la gestión del capitán García Mansilla sobre la importancia defensiva que tenía el río de la Plata y sus afluentes como principales baluartes de la república, fueron altamente significativos. Sin embargo, a fines del siglo XIX una nueva concepción geo-estratégica comenzaba a estar en boga en las principales armadas de Europa. Las ideas de Alfred Mahan que postulaban la importancia del mar, residían en su dominación como única vía legítima para el progreso y desarrollo de una nación. Esta teoría contrastaba con la visión ribereña y defensiva que se observaba en la Marina nacional desde su nacimiento.

El cambio de estrategia y equipamiento naval de Brasil y Chile, junto al conflicto limítrofe con éste último país a fines del siglo XIX y principios del XX, llevaron a los jefes y oficiales de nuestra Marina a realizar un giro en 180 grados en su concepción estratégica. Los cimientos del dique de carena del Puerto Militar que se levantaron en 1898 fueron el primer paso dado en este sentido. Las baterías costeras y torpederos de río resultaban obsoletos ante la evolución de los potentes acorazados y la posibilidad de tener que hacerle frente a una escuadra de mar.

Ese mismo año con la creación del Ministerio de Marina le fue conferida una nueva orgánica a la institución. A la sección torpedos le correspondió el mantenimiento del tipo Whitehead, minas submarinas y en tierra, las líneas de defensa submarina y el régimen de las escuelas de torpedistas. Esta sección pasó a depender de la Dirección General de Armamento. Con esta estructuración y una nueva concepción marítima que a partir de la creación del puerto militar, entre otras acciones, ponía proa hacia el vasto litoral atlántico del país, el arma fue relegada a un segundo plano para dar paso a la adquisición de cruceros acorazados.

FUENTE: Teniente de fragata Francesco Nahuel Venturini, de la División Investigaciones Históricas del Departamento de Estudios Históricos Navales. Publicado en la Gaceta Marinera el 15 de abril de 2011. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

EL TESTAMENTO HISTÓRICO DE AGUSTINA ORTIZ DE ROZAS DE MANSILLA



Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla
(1816-1898)
Fotografía propiedad de
Manuel Rafael García-Mansilla
La hermana de don Juan Manuel de Rosas, tan distinta a éste, había nacido un 20 de enero de 1816; casó a los quince años con Lucio Norberto Mansilla, veintisiete años mayor y muerto en la epidemia de 1871; mereció siempre la alta consideración de quienes la trataron, por su refinada cultura y belleza y se dice que, en su vejez, narraba con precisión los acontecimientos de su época y los juzgaba con acertado criterio. Murió en 1898, a los 82 años, habiendo hecho testamento en 1893, es decir, cinco años antes.

Después de indicar sus datos de filiación y ratificar su profesión de fe cristiana, encomienda su alma a Dios, encarga el entierro en la forma más modesta posible y expresa su deseo de que se digan tres misas, simultáneamente, de cuerpo presente, en la Iglesia del Pilar.

En la cláusula segunda manifiesta ser viuda del general Lucio Norberto Mansilla, de cuyo matrimonio hubo varios hijos, de los cuales sólo viven dos: don Lucio Victorio y don Carlos Alberto y los seis hijos de su hija Eduarda, muerta no hacía mucho tiempo y casada con Manuel Rafael García Aguirre.

El autor de "Una excursión a los indios ranqueles" había nacido en Buenos Aires en 1831 y muerto en París en 1913 y era, como se dijo en su época, "un tipo único". Eduarda estuvo casada con el hijo del ministro
de Rivadavia; Manuel José García,  nació en 1834, murió en 1892 - un año antes de que la madre hiciera testamento - y fue escritora, habiendo recibido el elogio de Víctor Hugo por su novela "Pablo o la vida en las pampas". Dejó seis hijos: Eduarda García-Mansilla de Marrier de Lagatinerie; Manuel José; Rafael; Daniel ; Eduardo y Carlos García-Mansilla.

Por la cláusula tercera y cuarta declara que sus bienes consisten únicamente en la finca de la calle Alsina 905/907 (antes 359/363) formando esquina con la de Tacuarí y los muebles que se encuentran en ella y que la hipoteca que existía a favor del Banco Hipotecario de la Provincia ya ha sido cancelada.

Lega a Felipa Rozas - hija de padres desconocidos - la suma de treinta mil pesos si permaneciera soltera al momento de su muerte o cinco mil si se hubiera casado y le nombra tutor a don Napoleón Vera (cláusula
5ª). A su sobrina Eduarda - esposa del citado Napoleón Vera - le deja mil pesos (cláusula 6ª), a una hija de Ángel Rozas, llamada Agustina, cien pesos (cláusula 7ª); a Guillermo y María Dutel - sus servidores - la
cantidad de cien pesos a cada uno (cláusula 8ª); a su ahijada María Celia Mansilla, el crucifijo de oro que está a la cabecera de su cama, "por tenérselo ofrecido desde muy niña" (cláusula 9ª); a los cuatro pobres
que tiene la costumbre de beneficiar todos los meses, ordena que se les dé diez pesos a cada uno, por una sola vez (cláusula 10ª).

En el remanente de todos sus bienes deducidos los gastos, instituye herederos a sus dos hijos Lucio Victorio. y Carlos A. Mansilla y a sus seis nietos, hijos de su difunta hija Eduarda (cláusula 11ª) y designa albaceas a sus dos hijos y al nieto Manuel José García-Mansilla (cláusula 12ª).

Por la cláusula 13ª, revoca todo testamento anterior, en especial el otorgado el 6 de setiembre de 1886.

El testamento está fechado el 4 de agosto de 1893; intervino el escribano Manuel Lacasa y fueron testigos: Trinidad Osuna, de 49 años; Enrique Echevarría, de 37 años y Francisco Sánchez, de 31. El juicio tramitó ante el Juzgado del Dr. Luis Ponce y Gómez, Secretaría del Dr. Ventura Lima (h).

Fuente. Arturo Yungano. Testamentos históricos. Publicado en la Revista del Notariado, revista periódica del Colegio de Escribanos de la Capital Federal, Argentina.

sábado, 10 de septiembre de 2011

QUE ES EL HONOR HIJO MÍO?

El honor, hijo mío, es una obligación, viva y presente en la conciencia, que nos inclina al cumplimiento del deber, es la virtud por excelencia, porque en sí contiene todas. El honor está por encima de la vida y de la hacienda, y de cuanto existe en el mundo, porque la vida se acaba en la sepultura y la hacienda y las cosas que poseemos son bienes transitorios, mientras el honor a todo sobrevive y trasciende a los hijos, y a los nietos, y a la casa donde se mora, y a la tierra donde se nace, y a toda la humanidad, finalmente, como un aroma eterno de virtud. El honor es el patrimonio del alma, el depósito sagrado que Dios nos fía al nacer y que habremos de volver intacto al morir, es la rectitud del juez, el heroísmo del soldado, la fidelidad de los esposos, los votos del sacerdote, el cumplimiento de las promesas, la santidad de los juramentos, la obediencia de las leyes, el respeto de la opinión...Es una cosa hijo mío, tan grande y tan hermosa, que por ella, no lo olvides nunca, se deben sacrificar la vida y la hacienda y las más hondas afecciones del corazón.


Ricardo León y Román. "El hombre nuevo" Año 1925. Novelista y poeta español nacido en Barcelona el 15 de octubre de 1877 y fallecido en Galapagar, Madrid el 6 de diciembre de 1943.

viernes, 5 de agosto de 2011

Los García-Mansilla, su amor por la música, el suelo correntino y el folklore argentino.

Si hay una característica que distingue especialmente a nuestra familia, es su pasión  por la literatura y la música. Sería muy extensa la lista de familiares que se han destacado en estas dos expresiones del arte, que nos fueron inculcadas por nuestros antepasados y que estuviera tan bien expresada en nuestros tatarabuelos Manuel Rafael García Aguirre y Eduarda Mansilla. Sus seis hijos, Eduarda, Manuel José, Rafael, Daniel, Eduardo y Carlos, desde muy pequeños vieron como sus padres abrían las puertas de su hogar y la transformaban con asiduidad en un salón literario y musical. Allí se reunían literatos, músicos, poetas y amantes del arte, ávidos de dar a conocer sus creaciones e intercambiar sus mejores dones con los concurrentes de las tertulias. Ese aroma artístico envolvió siempre a toda nuestra familia y perdura en todos hasta el día de hoy, donde quiera que nos encontramos. Siempre hemos tratado de convocar a todo aquel que cultive la música y las letras.



Este ambiente artístico tan especial, que impregnaba la casa de nuestros abuelos, quedó reflejado en el cálido recuerdo que nos dejó, el talentoso pintor francés Juan León Pallière, cuando visitó en París en  el año 1867, la casa de los García-Mansilla.

"La casa de Eduarda Mansilla de García, es una de las más agradables de frecuentar. Allí concurren señoras bellas e inteligentes. La última vez hallé a la célebre Alboni, que cantó, dos veces, divinamente bien. La señora de Acevedo, rica y muy bella, aunque un poco vieja, declamó poesías francesas. Castelar, tan renombrado por H.Varela, recitó poesías españolas, tan amorosas como el amor mismo. Se hallaban también tres señoritas andaluzas, a cual más linda. La dueña de casa, amable como siempre y llena de talento, representaba muy bien a Buenos Aires."


Esta pasión familiar por la música, se complementa con un amor inconmensurable por la patria chica amada, la Provincia de Corrientes, cuna de nuestros ancestros. Por nuestras venas corre un torrente sanguíneo portador de los genes de aquellos que nos precedieron en la vida y ofrendaron su vida por el suelo natal. Para todos nosotros esa tierra es algo especial, cálido, nostálgico, no mejor, solo distinto y toda vez que a nuestros oídos llegan los acordes de acordeones y guitarras plasmando singulares melodías que realzan las palabras de los poetas que cantan expresando de forma muy peculiar la vida del hombre que habita la mesopotamia argentina, nuestro corazón se alegra y nuestra mente viaja hacia ese querido suelo correntino.





Ese es uno de los motivos por el que también cultivamos con orgullo nuestro folklore argentino, tan rico en toda clase de melodías y ritmos.

Por eso hoy queremos compartir con todos, esta magnífica canción compuesta por  Jorge Fandermole. Disfruten su melodía en un ámbito adecuado que potencie el sonar de acordeones y guitarras y aprecien la letra de esta canción litoraleña que describe la vida de los pescadores.




Soy de la orilla brava,
del agua turbia y la correntada 
que baja hermosa por su barrosa profundidad, 
soy un paisano serio, 
soy gente del Remanso Valerio,
que es donde el cielo 
remonta vuelo en el Paraná.

Tengo el color del río 
y la misma voz en mi canto sigo 
del agua mansa y su suave danza en el corazón, 
pero a veces oscura,
va turbulenta en la ciega hondura 
y se hace brillo en este cuchillo de pescador.

Cristo de las redes 
no nos abandones,
y en los espineles 
déjanos tus dones.
No pienses que nos perdiste, 
que la pobreza 
nos pone tristes, 
la sangre tensa y uno no piensa 
más que en morir, 
agua del río viejo 
llévate pronto este canto lejos 
que esta aclarando 
y vamos pescando para vivir.

Llevo mi sombra alerta 
sobre la escama del agua abierta 
y en el reposo vertiginoso del espinel, 
sueño que alzo la proa 
y sube la luna en la canoa 
y allí descansa 
hecha un remanso 
mi propia piel.

Calma de mis dolores, 
ay Cristo de los pescadores!
Dile a mi amada 
que esta apenada esperándome, 
que ando pensando en ella 
mientras voy vadeando las estrellas, 
que el río esta bravo 
y estoy cansado para volver.

Cristo de las redes, 
no nos abandones 
y en los espineles 
déjanos tus dones.
No pienses que nos perdiste, 
que la pobreza 
nos pone tristes, 
la sangre tensa y uno no piensa 
mas que en morir, 
agua del río viejo 
llévate pronto este llanto lejos 
que esta aclarando 
y vamos pescando para vivir...

Agua del río viejo
llévate pronto este canto lejos
que esta aclarando 
y vamos pescando para vivir...



domingo, 15 de mayo de 2011

El general Hervé Michel Gobilliard, presidente de la Liga de miembros de la Legión de Honor es homenajeado en México.


Con sano orgullo familiar, queremos compartir la especial distinción que se le brindó a un miembro de nuestra familia en ocasión de su visita a los Estados Unidos de México el pasado mes de abril.  

El homenajeado fue nuestro primo el general Hervé Michel Gobilliard, casado con Roselyne Bouffard, hijo de Gilbert Gobilliard y Monique Jozan Marrier de Lagatinerie. Sus abuelos eran Emile Jozan y Lucienne André Marrier de Lagatinerie García-Mansilla. Bisnieto de Charles Jules Marrier de Lagatinerie y Eduarda Manuela Agustina Nicolasa García-Mansilla.

Fue en la embajada de Francia en México el pasado 27 de abril, En la oportunidad el Embajador de Francia en México, Daniel Parfait, ofreció por la noche una recepción en honor del General de Ejército Hervé Gobilliard, presidente de la Liga de los miembros de la Legión de Honor, en presencia del Sr. Miguel Arnoldo Alemán, presidente de la empresa Interjet miembro del Grupo de Alto Nivel Francia, México, y presidente de la Sección México de la Liga de los miembros de la Legión de Honor.

Embajador Daniel Parfait, General Hervé Michel Gobilliard
y Miguel Arnoldo Alemán
El general Gobilliard se encontraba de visita en México para asistir a las ceremonias de conmemoración de la Batalla de Cameron (Veracruz), que se llevó a cabo 30 de abril 1863, durante la Segunda Intervención Francesa. Esta batalla marcó la historia de la Legión Extranjera, ya que se caracterizó por la heroica resistencia de 63 legionarios franceses contra 2.000 soldados mexicanos.

El general exaltó con emoción el coraje de los soldados mexicanos y franceses que lucharon en esta batalla y que "contribuyó a escribir una de las más bellas páginas de la gloria de nuestros dos países".

"En este episodio de nuestra historia, nació un respeto mutuo entre nuestros dos pueblos, que continúa hoy en día, dijo el Embajador al pronunciar unas palabras referidas a dicha batalla.

El embajador francés, destacó la trayectoria del general Gobilliard en el ejército francés, haciendo mención a algunos de los cargos que el mismo desempeño en su brillante carrera militar. En 1989 fue nombrado asistente de "Tierra" en el gabinete militar del Ministro de Defensa antes de tomar el mando de las instituciones de formación del Ejército en 1995.Se desempeñó como Inspector del Ejército en 1999 y gobernador de los Inválidos desde 2002 hasta 2009. También ordenó a la Fuerza de Protección (UNPROFOR) en Sarajevo de 1994 a 1995.


Daniel Parfait, Roselyne Bouffard de Gobilliard
y Hervé Michel Gobilliard.

Además, el general Gobilliard es desde el 2010 Presidente de la Sociedad de los miembros de la Legión de Honor, creada tras la Primera Guerra Mundial para proporcionar un marco de asistencia a los veteranos que fueron honrados con la Legión de Honor y a sus familias. Hoy maneja una serie de instituciones como las Casas de Educación de la Legión de Honor, y mantiene el vínculo de solidaridad entre las personas que recibieron esta distinción, contribuyendo así a mantener el prestigio de la Legión de Honor.

Con motivo de la recepción, el Sr. Miguel Arnoldo Alemán presentó el libro "Dos Siglos, dos Naciones: Francia y México" , dedicada a la historia de la Legión de Honor en México. Recordó en la oportunidad el honor de los soldados mexicanos que participaron en la Batalla de Cameron, quienes proporcionaron atención médica a los legionarios franceses derrotados, el Sr. Arnoldo Alemán celebró los fuertes lazos entre Francia y México. "Me siento orgulloso de ser mexicano, pero también estoy orgulloso de llevar la Legión de Honor en mi corazón", dijo.

Por iniciativa de la sección mexicana de los miembros de la empresa de la Legión de Honor, este libro bilingüe, cuya introducción está firmada por el Sr. Arnoldo Alemán, dedica un capítulo importante en las personalidades mexicanas que han sido condecoradas con la Legión de Honor. Un capítulo del historiador Jean Meyer, se refiere a las relaciones políticas entre Francia y México. Otra sección traza la historia compartida de ambos países, desde el nacimiento del Segundo Imperio, incluyendo las campañas de Napoleón III en México, hasta la Batalla de Cameron y el gobierno de Benito Juárez. Este libro también describe la evolución de las relaciones económicas y los intercambios culturales entre los dos países.

"Si tuviera que mantener una idea en su libro, mi querido Miguel, es que nuestro país puede haber experimentado tiempos difíciles - y hasta guerras! - Pero la fuerza y ​​la profundidad de la amistad entre nuestros pueblos nunca han sido desmentidas ", concluyó el Embajador.

Relacionado con la visita que comentamos, en un acto conmemorativo realizado en el marco del 148 aniversario de la batalla de Camarón el gobernador Javier Duarte de Ochoa destacó que Francia y Veracruz comparten la historia más allá de las diferencias ideológicas y políticas.

Ante el embajador galo Daniel Parfait y el general Hervé Gobilliard, el gobernador destacó que Francia y Veracruz comparten la historia más allá de las diferencias ideológicas y políticas.

El mandatario veracruzano consideró que la Batalla de Camarón representa un capítulo de heroísmo en la historia de Veracruz y Francia. Además, Javier Duarte consideró que las armas de aquel 30 de abril de 1863 a las actuales, cambiaron, sin embargo, se mantienen los ideales e incluso se unen fuerzas para mejorar el nivel de vida de mexicanos y franceses.

Hervé Gobilliard agradece el homenaje brindado.

“Nuestras coincidencias son mayores que nuestras diferencias”, reiteró Duarte de Ochoa, quien fue condecorado por el general Hervé Gobilliard al entregarle la medalla de los integrantes de la Legión Extranjera.

La misma condecoración recibió el alcalde de Camarón de Tejeda, Luis Hildeberto Palacios Ortega, y el comandante de la Sexta Región Militar, René Carlos Aguilar Páez, quien dio lectura al parte de guerra de las fuerzas nacionales que protagonizaron la batalla de Camarón.

Durante la ceremonia, el general Hervé Gobilliard recordó que franceses y mexicanos cumplieron con su deber de soldados al enfrentarse aquél 30 de abril de 1863, pero admiró el valor de las fuerzas nacionales. “Los jóvenes deben estar orgullosos de sus antepasados”, aseveró. Gobilliard reconoció al general Aguilar Páez como un digno heredero del glorioso Ejército Mexicano.

Finalmente, el embajador francés Daniel Parfait afirmó que “Camarón resuena en el corazón de los Legionarios”.



Fuentes: Joel Gobilliard ; Francia en México y Quien.com
Fotografías: César Toledo.

sábado, 14 de mayo de 2011

ALVARO BARROS, FUNDADOR DE OLAVARRÍA

Alvaro Barros, el fundador de Olavarría, murió el 13 de enero de 1892 en la ciudad de Buenos Aires. Olavarría no le concedió honras fúnebres. Para la política de la época, envuelta en las pequeñas rencillas de cada día, la figura de ese hombre no tenía la importancia que se le daba a cualquier comerciante o funcionario del momento ni la que él tenía a nivel nacional. Estaba todavía demasiado cerca la fundación con sus medidas económicas -entre ellas las experiencias de cultivo de trigo del mismo Barros-, las primeras industrias, la gran inmigración, y los tiempos del nuevo pueblo ya no eran los de la avanzada pobladora y los malones.

No se le dio a la ciudad su nombre ni su estatua preside la plaza principal. Pasaron muchos años hasta que los estudiosos locales descubrieron sus cualidades humanas y cívicas y se lo homenajeó en la plaza que lo recuerda.

Recorrer su vida en esta zona y leer su obra "Fronteras y territorios federales de las pampas del sud" (1872) nos acerca a los primeros tiempos de Olavarría.

¿Quién era Alvaro Barros?

Había nacido en Buenos aires el 18 de marzo de 1827, hijo de Alvaro Santiago Barros, descendiente de una ilustre familia de Tuy, Galicia. Su padre había sido cadete del Regimiento de Granaderos a Caballo fundado por San Martín y había participado en la guerra con Brasil. Por la persecución del partido rosista tuvo que emigrar con su familia a Montevideo. Allí formó parte del grupo Libertad y actuó como agente secreto de Juan Lavalle. Regresó a Buenos Aires después de la batalla de Caseros y fue nombrado comisario de guerra del ejército en la Frontera Sur. Luego fue juez de paz en San Nicolás y más adelante prefecto marítimo y tesorero de la Aduana de la capital. Es por esta trayectoria del padre que se aplicó a Alvaro Barros el viejo refrán español "de casta le viene al galgo". Sería un casta muy ligada a la provincia de Buenos Aires y la frontera también por su madre, Manuela García Ferreyra, hija del coronel Pedro Andrés García, autor de los libros "Diario de un viaje a Salinas Grandes-1810" y "Memoria sobre la navegación del Tercero y otros ríos que confluyen al Paraná", entre otros. En 1920 entregó a pedido del gobernador Soler un informe sobre la provincia, en el cual resaltan los párrafos destinados a pedir la humanización de las relaciones con los indios y la necesidad de eliminar la corrupción y la violencia.

Esa era la formación familiar de Alvaro Barros cuando, después de vivir los eventos que llevarán desde Caseros hasta la separación de Buenos Aires entre 1852 y 1862, llega en 1855 a Azul.

El año 1855 es crítico. En Tapalqué hay una gran invasión de los indios, que toman prisionero al Juez de Paz Ezequiel Martinez. Bartolomé Mitre (Ministro de Guerra y Marina) viene a poner orden pero se produce la derrota sin combate de Sierra Chica.

Alvaro Barros es enviado a Azul y nombrado ayudante del general Manuel de Escalada. Más tarde pasa a ser Segundo Jefe del Cuerpo de Coraceros al mando de Nicolás Ocampo. Su actuación más importante tiene lugar en la batalla de Tres Arroyos. Junto a las acciones que se conocen como la batalla de Pigué, devuelve la moral a las tropas y obliga a Calfucurá y sus aliados a replantear su ofensiva.

Existían la tropa de línea y la Guardia Nacional, que debía cuidar el interior de la provincia de Buenos Aires con soldados profesionales y no sólo con pobladores sorteados para ese empeño. Su situación era precaria, con 350 hombres mal aprovisionados y armados. En 1865 vino a completar el cuadro de dificultades la guerra contra el Paraguay. Había, así, dos frentes de permanente batalla mientras la frontera quedaba aún más desguarnecida por la movilización al frente paraguayo. Es entonces que Alvaro Barros es nombrado Comandante del Regimiento 11 de Infantería de Línea y 2° Jefe de la Frontera del Sud y Costa Sud. Llegó con dieciseis oficiales y con un grupo de voluntarios y se encontró con el coronel Benito Machado, que le traspasaba el cargo de encargado de esa sección de la frontera.

Lo primero que enfrentó fue la corrupción, que llevaba al comercio ilegal de buena parte de las provisiones destinadas a los indios y al comercio del botín de las correrías y malones en la propia frontera. Donde aparecían registrados 800 caballos había 365, donde figuraban 900 soldados había 339. Se debían sueldos y se mantenía el gasto de un escuadrón que no había llegado a crearse. Comunicó sus observaciones y el resultado fue un enfrentamiento con Machado, que lo llevó a renunciar.

Durante su renuncia se produjo la gran invasión en Tapalqué, con pérdida de cautivos y 30.000 cabezas de ganado, sin que se les persiguiera. Al llegar Alvaro Barros firmó un acuerdo con Calfucurá con mutuas devoluciones de prisioneros y con el pago a los indios de raciones atrasadas. Poco después Barros fue ascendido a Teniente Coronel y propuso la fundación de Olavarría en un sitio que ya el coronel Ignacio Rivas había señalado como adecuado.

En marzo de 1867 el Gobernador Adolfo Alsina visitó Azul y desde allí fue a Olavarría, "que ya tenía seis manzanas pobladas". En una carta que manda Alsina desde Tandil durante ese viaje de revista, dice: ´El día siguiente de mi llegada lo pasé en el campamento del Comandante Barros situado a diez leguas del Azul sobre el arroyoTapalqué. Les aseguro a ustedes que el buen orden de las construcciones, tanto de cuadras como de corrales, etc, hace honor a la inteligencia y contracción de aquel jefe. A espaldas del campamento existe ya un plantel para el pueblo y mi opinión es que dando allí la tierra con generosidad se podría llegar a formar un centro de población que contribuya poderosamente a la defensa´.

Alvaro Barros hizo plantar trigo de gran calidad y utilizó trabajo de indios para acercarlos a la población. Hasta proyectó crear una sociedad con los oficiales, que no pudieron hacerlo por no recibir su paga, lo que les hubiera permitido comprar semilla y herramientas. Fue un empresario llamado José Barés quien más adelante cosechó un trigo de excelente calidad.

Es largo y apasionante seguir la vida de Alvaro Barros en la frontera, sus relaciones con Calfucurá y sus realizaciones civiles relacionadas, como era lo corriente entre los militares de su tiempo, con la afiliación a la logia masónica de Azul. También su obra como escritor, que trascendía de la crónica o el ensayo militar.

Su trayectoria, que incluye el cargo de gobernador de la Patagonia, lo aleja de Olavarría. Es interesante señalar que tanto sus chacras como un solar situado frente a la plaza central de Olavarría, no pudieron ser escriturados porque no podía ocuparlos por un año corrido como era requisito y no quería poner personero -algo alejado de su estricta moral-. Para los que hoy son los lotes situados en Vicente López desde el Banco de Olavarría hasta la esquina de Gral. Paz tenían lo que se llamaba "vocación de propiedad" los militares Supisiche, Levalle y Alvaro Barros. Sólo Levalle fue efectivamente vecino por el tiempo de ley, escrituró y más tarde vendió su propiedad al señor Rendón.

En 1911 se le dio el nombre de Alvaro Barros a esa plaza y en 1967, año del Centenario de la Fundación, sus hijas trajeron la urna con sus cenizas, que descansan al pie del monumento, obra del escultor porteño Roberto Capurro.

Alvaro Barros, como hemos dicho, fue un importante escritor dentro de la tradición de los estudiosos de Historia y Estrategia, aunque también publicó notas literarias y cuentos.

Su obra:
Fronteras y territorios federales de las Pampas del Sud. Indios, fronteras y seguridad interior.
Actualidad financiera de la República Argentina
La guerra contra los indios
La política brasilera y la juventud argentina (en colaboración con Carlos Luis Paz)
El Ejército y el Reglamento del Coronel Lucio V Mansilla
Memoria especial del Ministro de Guerra
Informe al Ministro de Guerra de 1878
Memoria de la Gobernación de la Patagonia
Conformación de la defensa del Tte Cnel don Ricardo Méndez
´La mulita del Teniente´,cuento publicado en la Revista del Río de la Plata, y otros relatos

ALVARO BARROS – Un militar digno
María Inés Cardenas de Monner Sans
Editorial Leviatan-1992

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