domingo, 25 de septiembre de 2011

Josefina Arrighi García-Mansilla. Una artista que irradia alegría y talento.


Hoy queremos hablar de quienes conforman nuestra gran familia contemporánea, integrada por un sinnúmero de talentosos miembros que continúan nuestra estirpe y que de una u otra forma dan muestras de genio artístico o excelencia académica en los distintos ámbitos donde les toca actuar.

Esto demuestra que la buena simiente que nos dejaron nuestros ancestros, cuando cae en tierra fértil y se le brinda el cuidado y la educación necesaria se traduce en buena cosecha.

Este es el caso de Josefina Arrighi García-Mansilla de Fraguas, quién supo crear su propio universo y plasmar con talento y técnica depurada la fuerza que la empuja en cada una de sus obras.

Le pedí que nos cuente algo sobre su vida y me pidió visitara su blog, titulado Josefina Arrighi, en el que con natural sencillez  nos expresa porque eligió esta expresión del arte.

"Llevo el arte en mi esencia. Lo descubrí desde mi infancia. Lo "elegí" para mi vida, hace unos años. Naci el 16 de febrero de 1970, en Buenos Aires, Argentina."

"Estudié educación y trabajé varios años en ésta área. Por suerte, escuchando a mi corazón, disfrutaba del arte en distintos talleres."

"Vivir en Uruguay me dió la posibilidad de dedicarme de lleno al arte y toparme con grandes maestros."


"Explorando técnicas, soportes, aprendiendo de artistas sabios y generosos que compartieron conmigo sus saberes, voy descubriendo lo que realmente significa el arte en mi vida." 

"Al regresar a mi país continúo en la búsqueda e ingreso a la carrera de Bellas Artes para completar mi formación en el IUNA - Instituto Universitario Nacional del Arte -  Participé de numerosas muestras individuales y colectivas. En galerías de arte, en grupos con otros grandes artístas."

"Mi trabajo abarca pintura, escultura, obra gráfica y diversos proyectos vinculados al mundo del arte. Elijo el relieve, la textura. El trabajo sobre soportes no tradicionales. Utilizo una paleta de colores vivos, brillantes y variados, me gustan las obras alegres y frescas."

"Mi obra busca transmitir la alegría y el entusiasmo por la vida. Soy madre de cinco hijos. Recibí de Dios un regalo que me hace feliz y estoy convencida que con éste don, puedo hacer felices a los demás."

"Mi arte es un canal...mi intención es aportar mi granito de arena para hacer de la vida un lugar mejor y transmitir lo que voy descubriendo..."

"A través del arte doy mis talentos creativos a otros...y en el camino soy un intrumento para que otros descubran a Dios..."



"El arte puede transformar vidas. El arte textil las transforma por naturaleza. Mujeres de todo el mundo pueden corroborarlo. Gracias a él, alcanzan sus sueños, se proyectan, se hacen mejores personas, y mas felices. Entregan al mundo toda su esencia."

El Arte es el acto mediante el cual, valiéndose de la materia o de lo visible, imita o expresa el hombre lo material o lo invisible, y crea copiando o se sirve de sus fantasías. Se considera Arte a toda creación u obra que exprese lo que el hombre desea exteriorizar, obedeciendo a sus propios patrones de belleza y estética. El que crea el arte, el artista, tiene que tener aptitudes y actitudes para crear, con ciertas dotes de imaginación para poder expresar sus sentimientos por medio de palabras, formas, colores o sonidos.

Son sus padres Esther Josefina García-Mansilla y Edgardo Arrighi. Fue desde niña una persona inquieta que mostraba un gran deseo por saber o comprender todo aquello que la rodeaba y con el transcurso del tiempo fue orientando su capacidad hasta convertirse en una persona dotada de virtud y disposición para las bellas artes.

Si quieren conocer su obra pueden visitar su blog:  http://josefinaarrighi.blogspot.com/

FUENTE: Josefina Arrighi García-Mansilla y Arte y futuro blogspot.

sábado, 24 de septiembre de 2011

CORONEL D. JUAN F. CZETZ FUNDADOR DEL COLEGIO MILITAR DE LA NACIÓN ARGENTINA.

En 1869, aún no acallados los ecos de la Guerra del Paraguay, siendo Presidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento, surgió la inquietud de organizar un instituto de formación de oficiales para el Ejército. La idea no era nueva, pues varios ensayos se habían hecho en ese sentido desde los días de mayo de 1810, sin embargo todos ellos tuvieron corta existencia.

Unos años antes, en 1860, en un mensaje que Derqui leyera ante el Congreso de Paraná como Presidente de la Confederación, hizo una serie de consideraciones sobre la necesidad de crear una escuela militar, si bien lamentó los inconvenientes e imposibilidad de organizarla en ese momento.

El 9 de agosto de 1869 cuando aún no había cumplido el primer año de su mandato constitucional, Sarmiento envió un mensaje a la Cámara de Diputados adjuntando un proyecto para la creación de una escuela castrense que proveyera de oficiales altamente capacitados para mandar al Ejército.

Así el Congreso se abocó al estudio del mismo y tras algunos debates fue aprobada la Ley por ambas cámaras con el número 357 que autorizó al Poder Ejecutivo para la formación de una escuela militar.

Promulgada el 11 de octubre de ese mismo año esa Ley 357 se convirtió en la piedra fundamental del Colegio Militar de la Nación.

De inmediato el gobierno designó una comisión militar especial a efectos de proponer el reglamento y plan de estudios de la nueva escuela. Se recurrió para esta tarea a un selecto grupo de oficiales, veteranos de muchas campañas y que habían acreditado destacadas condiciones intelectuales; eran ellos el Brigadier General D. Emilio Mitre, el General D. Indalecio Chenaut, el Coronel D. Mariano Moreno, el Coronel D. Juan F. Czetz y el Sargento Mayor V. L. Peslouan.

Cerca de dos meses llevó a la comisión completar la tarea, que permitió al P.E. dictar un decreto el 22 de junio de 1870, oficializando lo propuesto. Dicho documento, firmado por el presidente Sarmiento y refrendado por el Ministro de Guerra General Martín de Gainza, designó como cuartel del Colegio Militar al edificio que fuera  residencia de Juan Manuel de Rosas y al mismo tiempo nombra Director del Colegio Militar al Coronel de origen húngaro D. Juan F. Czetz quién estaba casado con Basilia Ortiz de Rozas, la hija mayor del General Prudencio Ortiz de Rozas y López de Osornio, hermano del Brigadier General  Juan Manuel de Rosas.

El edificio, que desde Caseros había sido destinado a distintos menesteres en forma temporaria, era de estilo colonial y de grandes proporciones para la época. En sus aulas y recintos se mantenían aún, muebles, estufas, alfombras, arañas y espejos que ornamentaron el lugar en tiempos de su primitivo propietario. Algunos de ellos, como un conjunto de rojos sillones de jacarandá, un escritorio de caoba, una cómoda y una caja de caudales, forman hoy el mobiliario del museo que funciona en la casa histórica de Caseros, dentro del predio del Colegio Militar en El Palomar.

El edificio se erguía al N.O. de la ciudad, distante de ella cerca de una legua, en los terrenos limitados por el arroyo Maldonado y el Río de la Plata. Su construcción databa de 1838.

La primera tarea del flamante director, el Coronel Juan F. Czetz, fue la adaptación de las instalaciones para la nueva función. Meses más tarde, el 19 de julio de 1870, ingresaba el primer alumno del Colegio, Ramón L. Falcón.

Este edificio, que había sido construido para albergar a una familia y al personal de servicio, llegó a cobijar en 1892 a 118 cadetes a los que había que agregar el cuadro de oficiales, el claustro de profesores y el personal de tropa y servicio.

Por espacio de 22 años, el caserón de Palermo de San Benito sirvió como cuartel del Colegio Militar y 17 promociones de oficiales egresaron de sus aulas, antes de ser abandonado en 1892 en búsqueda de mayor espacio.


Para entonces, el Colegio habría alcanzado un alto prestigio académico, formando a los cadetes en un riguroso secundario que, por la época, se consideraba de excelencia y se ubicaba entre las mejores academias militares del mundo

La nueva sede se fijó en la localidad de San Martín, donde hoy se encuentra el Liceo Militar General San Martín. Ese ámbito, al igual que el primero, no fue construido al efecto sino que se aprovechó una edificación ya existente destinada anteriormente a un Colegio de Artes y Oficios. El reacondicionamiento se efectuó con sendas partidas presupuestarias otorgadas a ese efecto por el Congreso.

Más allá de la importancia de la nueva sede en San Martín, pronto las limitaciones de la construcción evidenciaron la necesidad de buscar un espacio especialmente diseñado. Así surgió el proyecto para construir la sede definitiva del Colegio que se hará realidad en el año 1937. Los viejos campos del Palomar de Caseros fueron los elegidos, considerados un espacio ideal por su amplitud y cercanía a la Capital Federal.

La piedra fundamental del nuevo edificio fue colocada por el General Pablo Ricchieri en 1904. Sin embargo, recién en 1921 bajo la presidencia de Hipólito Irigoyen, comenzaron efectivamente los trabajos de construcción.

Se adjudicaron las obras del pabellón "Dirección" a la empresa Bonnen Ibero, Parodi y Figini, iniciándose los trabajos el 19 de julio, con asistencia del entonces Ministro de Guerra Dr. Julio Moreno. Se descubrió en dicha oportunidad una placa adosada al "Palomar" histórico, que más tarde fue colocada al pie del busto del General de División Domingo Faustino Sarmiento, en inmediaciones del arco de entrada del Instituto.

El Ministro de Guerra que seguía de cerca los trabajos, ordenó suspenderlos en 1922 con el objeto de ampliar la capacidad del edificio para 1500 cadetes. Se encontraba ya construida para ese entonces parte de la Plaza de Armas, pavimentada con adoquinado de granito de Tandil, circundando con trazo elíptico al Palomar de Caseros.

Como consecuencia de la ampliación resultante del Plan de Obras, fue necesario abarcar la totalidad del terreno circundante, que incluía la antigua Escuela de Caballería.

A mediados de 1923 el Poder Ejecutivo aprobó el nuevo Plan de Obras, con una inversión superior a $ 13.500.000 moneda nacional que contemplaba prácticamente el actual Colegio Militar de El Palomar.

Hasta el año 1929 se asignó una partida de $ 500.000 Moneda Nacional anuales para la continuación de la obra, en cumplimiento del nuevo contrato celebrado con la "Compañía Nacional de Pavimentación y Construcciones".

En 1930, la crisis económica, obligó a paralizar las obras por total falta de recursos. Llegando así al año 1935, en el cual se reinician por parte del Presidente Justo, ex director del Colegio, quien destinó los fondos necesarios para terminar en dos años de intensa actividad la obra.

El actual edificio, menos el pabellón C de dormitorios, las tribunas laterales del Campo de Deportes, el Casino de Oficiales y la primera Capilla, fueron inaugurados finalmente el 23 de diciembre de 1937 en ocasión del egreso anual de oficiales.

Con los años esas instalaciones se fueron ampliando, hoy los cadetes cuentan con numerosos espacios para su uso, se destacan una biblioteca informatizada en permanente expansión de más de 16.000 volúmenes, aulas interactivas, aulas tácticas, laboratorios de idiomas, física, química, polígono de tiro, capilla, salas de conferencias, cine, casino y un importante campo de deportes con gimnasio cubierto, salón de complementos, esgrima y pileta olímpica climatizada.

Además el Colegio Militar tiene el privilegio de contar con un patrimonio histórico único, ya que alberga dos sitios declarados Monumentos Históricos Nacionales: el Palomar y la Casa de Caseros, testigos mudos de importantes hechos del pasado como la Batalla de Caseros, antesala de la Constitución Nacional o las conversaciones preliminares del Pacto de San José de Flores, que consolidó la unión definitiva del país.

La historia reciente encuentra al Colegio Militar en una etapa de grandes cambios, en los últimos años el Colegio Militar ha pasado a ser un Instituto Universitario que también otorga a los Subtenientes un título de grado que cuentan con el aval del Ministerio de Cultura y Educación. Así los cadetes pueden optar entre las Licenciaturas en Administración, en Enfermería Profesional o Contadores Públicos.

FUENTE. Página web del Colegio Militar de la Nación.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El auge del torpedo en la Marina Argentina


1875. Surgimiento de la Dirección General de Torpedos


Lanzamiento de un torpedo
La inserción del torpedo en la Marina Nacional en las dos últimas décadas del siglo XIX significó un importante avance en materia tecnológica para la época. El principal precursor para la adquisición de estos fue el presidente Domingo Faustino Sarmiento, Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos de América desde 1865 a 1868. Allí adquirió conocimientos sobre esta novedosa arma que posteriormente fue incorporada a la Marina de nuestro país. Luego de su asunción como primer mandatario en 1868, trajo al país a militares estadounidenses veteranos de la guerra de Secesión, todos ellos marinos expertos en el arma. La tarea de éstos fue instalar una estación de torpedos y elaborar un plan a corto plazo para hacer de éste el arma por predilección de la Marina de Guerra.

A principios de 1875 quedó establecida la División Argentina de Torpedos en el río Luján, cuyo asiento estaba en el vapor Fulminante. Además, se hizo un estudio de relevamiento hidrográfico, defensa de los ríos interiores y sus afluentes para su utilización como arma principal de protección ante un eventual ataque del Brasil. La visión geoestratégica de la adopción del arma se correspondía con la amenaza latente de esta nación para avanzar sobre territorio argentino mediante los ríos interiores del litoral. Esta presunción estuvo sostenida por el rol protagónico que ocuparon los brasileros luego de concluida la Guerra de la Triple Alianza o del Paraguay, de la cual salieron fortalecidos por la victoria lograda y el consiguiente reparto de territorios.

El 14 de octubre de 1883 se realizaron los primeros ejercicios a gran escala de lanzamientos torpedísticos de la escuadra. La importancia del arma puede observarse en esta fecha con la presencia del presidente Julio Argentino Roca y del ministro de Guerra y Marina general Benjamín Victorica. Pasaron 16 años desde la primera organización del artefacto hasta su consolidación definitiva en 1891 con la creación de la Dirección General de Torpedos y del Apostadero y Estación de Torpedos de La Plata, este último ubicado en Río Santiago.

Maniobra de recuperación de un torpedo
El 28 de abril de 1891 mediante un decreto del presidente Carlos Pellegrini se creó la Dirección General de Torpedos con sede en la ciudad de Buenos Aires. Su creación tenía como objetivos adiestrar al personal y otorgarle una dirección técnica independiente. En cuanto a material, debía aprovisionar, preparar y abastecer a las torpederas de río. Estaba a su cargo la defensa del litoral fluvial y marítimo de la república y la preparación de ejercicios de combate. La dirección estuvo desde 1891 a 1895 bajo la conducción de un especialista del arma, el capitán de fragata Manuel José García Mansilla.

El eje central de la organización fue la bifurcación de las defensas; una fija y otra móvil. La fija estuvo integrada por dos estaciones, una en el Tigre para la defensa del río de la Plata y sus afluentes; la otra recientemente creada con el decreto, en Río Santiago para la salvaguardia externa del mismo río y del litoral marítimo. Lo que se buscaba con esta disposición de poseer dos flotillas era la continua alarma y precaución que iba a tener la flota enemiga.

La Estación de Torpedos del Tigre conservaría su denominación anterior de Escuela de Torpedos. Tendría como propósito abastecer a buques y torpederos de la novedosa arma, instrucción del personal y reparaciones del material. En el Apostadero de Río Santiago tendrían asiento los torpederos de división Espora, Rosales y los de primera clase. 

En consonancia con la nueva orgánica se creó el cuerpo especializado de mecánicos especialistas para el funcionamiento de los torpedos, minas de fondo y aparatos complementarios.


Una de las primeras medidas implementadas por García Mansilla fue incorporar el ariete torpedero Maipú a la Dirección General de Torpedos y elevar al Jefe de Estado Mayor de Marina, Contraalmirante Bartolomé Cordero, una exposición de las falencias en cuanto a material y personal que contaba la dirección.

A principios de 1895, el Apostadero de Torpedos de La Plata pudo contar con un dique flotante especializado en los torpederos de mar que se le compró a un astillero de Francia. Esta adquisición tenía la capacidad de levantar al mismo tiempo dos torpederas de primera clase. Para ese año, se logró el mayor desarrollo del arma alcanzado por la Marina de Guerra. La cantidad de torpederos que poseía la nación lo ponía en primer puesto en el concierto de naciones sudamericanas.

Año 1895, clase práctica de torpedos en la Escuela Naval

Los avances realizados en la gestión del capitán García Mansilla sobre la importancia defensiva que tenía el río de la Plata y sus afluentes como principales baluartes de la república, fueron altamente significativos. Sin embargo, a fines del siglo XIX una nueva concepción geo-estratégica comenzaba a estar en boga en las principales armadas de Europa. Las ideas de Alfred Mahan que postulaban la importancia del mar, residían en su dominación como única vía legítima para el progreso y desarrollo de una nación. Esta teoría contrastaba con la visión ribereña y defensiva que se observaba en la Marina nacional desde su nacimiento.

El cambio de estrategia y equipamiento naval de Brasil y Chile, junto al conflicto limítrofe con éste último país a fines del siglo XIX y principios del XX, llevaron a los jefes y oficiales de nuestra Marina a realizar un giro en 180 grados en su concepción estratégica. Los cimientos del dique de carena del Puerto Militar que se levantaron en 1898 fueron el primer paso dado en este sentido. Las baterías costeras y torpederos de río resultaban obsoletos ante la evolución de los potentes acorazados y la posibilidad de tener que hacerle frente a una escuadra de mar.

Ese mismo año con la creación del Ministerio de Marina le fue conferida una nueva orgánica a la institución. A la sección torpedos le correspondió el mantenimiento del tipo Whitehead, minas submarinas y en tierra, las líneas de defensa submarina y el régimen de las escuelas de torpedistas. Esta sección pasó a depender de la Dirección General de Armamento. Con esta estructuración y una nueva concepción marítima que a partir de la creación del puerto militar, entre otras acciones, ponía proa hacia el vasto litoral atlántico del país, el arma fue relegada a un segundo plano para dar paso a la adquisición de cruceros acorazados.

FUENTE: Teniente de fragata Francesco Nahuel Venturini, de la División Investigaciones Históricas del Departamento de Estudios Históricos Navales. Publicado en la Gaceta Marinera el 15 de abril de 2011. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

EL TESTAMENTO HISTÓRICO DE AGUSTINA ORTIZ DE ROZAS DE MANSILLA



Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla
(1816-1898)
Fotografía propiedad de
Manuel Rafael García-Mansilla
La hermana de don Juan Manuel de Rosas, tan distinta a éste, había nacido un 20 de enero de 1816; casó a los quince años con Lucio Norberto Mansilla, veintisiete años mayor y muerto en la epidemia de 1871; mereció siempre la alta consideración de quienes la trataron, por su refinada cultura y belleza y se dice que, en su vejez, narraba con precisión los acontecimientos de su época y los juzgaba con acertado criterio. Murió en 1898, a los 82 años, habiendo hecho testamento en 1893, es decir, cinco años antes.

Después de indicar sus datos de filiación y ratificar su profesión de fe cristiana, encomienda su alma a Dios, encarga el entierro en la forma más modesta posible y expresa su deseo de que se digan tres misas, simultáneamente, de cuerpo presente, en la Iglesia del Pilar.

En la cláusula segunda manifiesta ser viuda del general Lucio Norberto Mansilla, de cuyo matrimonio hubo varios hijos, de los cuales sólo viven dos: don Lucio Victorio y don Carlos Alberto y los seis hijos de su hija Eduarda, muerta no hacía mucho tiempo y casada con Manuel Rafael García Aguirre.

El autor de "Una excursión a los indios ranqueles" había nacido en Buenos Aires en 1831 y muerto en París en 1913 y era, como se dijo en su época, "un tipo único". Eduarda estuvo casada con el hijo del ministro
de Rivadavia; Manuel José García,  nació en 1834, murió en 1892 - un año antes de que la madre hiciera testamento - y fue escritora, habiendo recibido el elogio de Víctor Hugo por su novela "Pablo o la vida en las pampas". Dejó seis hijos: Eduarda García-Mansilla de Marrier de Lagatinerie; Manuel José; Rafael; Daniel ; Eduardo y Carlos García-Mansilla.

Por la cláusula tercera y cuarta declara que sus bienes consisten únicamente en la finca de la calle Alsina 905/907 (antes 359/363) formando esquina con la de Tacuarí y los muebles que se encuentran en ella y que la hipoteca que existía a favor del Banco Hipotecario de la Provincia ya ha sido cancelada.

Lega a Felipa Rozas - hija de padres desconocidos - la suma de treinta mil pesos si permaneciera soltera al momento de su muerte o cinco mil si se hubiera casado y le nombra tutor a don Napoleón Vera (cláusula
5ª). A su sobrina Eduarda - esposa del citado Napoleón Vera - le deja mil pesos (cláusula 6ª), a una hija de Ángel Rozas, llamada Agustina, cien pesos (cláusula 7ª); a Guillermo y María Dutel - sus servidores - la
cantidad de cien pesos a cada uno (cláusula 8ª); a su ahijada María Celia Mansilla, el crucifijo de oro que está a la cabecera de su cama, "por tenérselo ofrecido desde muy niña" (cláusula 9ª); a los cuatro pobres
que tiene la costumbre de beneficiar todos los meses, ordena que se les dé diez pesos a cada uno, por una sola vez (cláusula 10ª).

En el remanente de todos sus bienes deducidos los gastos, instituye herederos a sus dos hijos Lucio Victorio. y Carlos A. Mansilla y a sus seis nietos, hijos de su difunta hija Eduarda (cláusula 11ª) y designa albaceas a sus dos hijos y al nieto Manuel José García-Mansilla (cláusula 12ª).

Por la cláusula 13ª, revoca todo testamento anterior, en especial el otorgado el 6 de setiembre de 1886.

El testamento está fechado el 4 de agosto de 1893; intervino el escribano Manuel Lacasa y fueron testigos: Trinidad Osuna, de 49 años; Enrique Echevarría, de 37 años y Francisco Sánchez, de 31. El juicio tramitó ante el Juzgado del Dr. Luis Ponce y Gómez, Secretaría del Dr. Ventura Lima (h).

Fuente. Arturo Yungano. Testamentos históricos. Publicado en la Revista del Notariado, revista periódica del Colegio de Escribanos de la Capital Federal, Argentina.

sábado, 10 de septiembre de 2011

QUE ES EL HONOR HIJO MÍO?

El honor, hijo mío, es una obligación, viva y presente en la conciencia, que nos inclina al cumplimiento del deber, es la virtud por excelencia, porque en sí contiene todas. El honor está por encima de la vida y de la hacienda, y de cuanto existe en el mundo, porque la vida se acaba en la sepultura y la hacienda y las cosas que poseemos son bienes transitorios, mientras el honor a todo sobrevive y trasciende a los hijos, y a los nietos, y a la casa donde se mora, y a la tierra donde se nace, y a toda la humanidad, finalmente, como un aroma eterno de virtud. El honor es el patrimonio del alma, el depósito sagrado que Dios nos fía al nacer y que habremos de volver intacto al morir, es la rectitud del juez, el heroísmo del soldado, la fidelidad de los esposos, los votos del sacerdote, el cumplimiento de las promesas, la santidad de los juramentos, la obediencia de las leyes, el respeto de la opinión...Es una cosa hijo mío, tan grande y tan hermosa, que por ella, no lo olvides nunca, se deben sacrificar la vida y la hacienda y las más hondas afecciones del corazón.


Ricardo León y Román. "El hombre nuevo" Año 1925. Novelista y poeta español nacido en Barcelona el 15 de octubre de 1877 y fallecido en Galapagar, Madrid el 6 de diciembre de 1943.

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