jueves, 22 de septiembre de 2011

El auge del torpedo en la Marina Argentina


1875. Surgimiento de la Dirección General de Torpedos


Lanzamiento de un torpedo
La inserción del torpedo en la Marina Nacional en las dos últimas décadas del siglo XIX significó un importante avance en materia tecnológica para la época. El principal precursor para la adquisición de estos fue el presidente Domingo Faustino Sarmiento, Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos de América desde 1865 a 1868. Allí adquirió conocimientos sobre esta novedosa arma que posteriormente fue incorporada a la Marina de nuestro país. Luego de su asunción como primer mandatario en 1868, trajo al país a militares estadounidenses veteranos de la guerra de Secesión, todos ellos marinos expertos en el arma. La tarea de éstos fue instalar una estación de torpedos y elaborar un plan a corto plazo para hacer de éste el arma por predilección de la Marina de Guerra.

A principios de 1875 quedó establecida la División Argentina de Torpedos en el río Luján, cuyo asiento estaba en el vapor Fulminante. Además, se hizo un estudio de relevamiento hidrográfico, defensa de los ríos interiores y sus afluentes para su utilización como arma principal de protección ante un eventual ataque del Brasil. La visión geoestratégica de la adopción del arma se correspondía con la amenaza latente de esta nación para avanzar sobre territorio argentino mediante los ríos interiores del litoral. Esta presunción estuvo sostenida por el rol protagónico que ocuparon los brasileros luego de concluida la Guerra de la Triple Alianza o del Paraguay, de la cual salieron fortalecidos por la victoria lograda y el consiguiente reparto de territorios.

El 14 de octubre de 1883 se realizaron los primeros ejercicios a gran escala de lanzamientos torpedísticos de la escuadra. La importancia del arma puede observarse en esta fecha con la presencia del presidente Julio Argentino Roca y del ministro de Guerra y Marina general Benjamín Victorica. Pasaron 16 años desde la primera organización del artefacto hasta su consolidación definitiva en 1891 con la creación de la Dirección General de Torpedos y del Apostadero y Estación de Torpedos de La Plata, este último ubicado en Río Santiago.

Maniobra de recuperación de un torpedo
El 28 de abril de 1891 mediante un decreto del presidente Carlos Pellegrini se creó la Dirección General de Torpedos con sede en la ciudad de Buenos Aires. Su creación tenía como objetivos adiestrar al personal y otorgarle una dirección técnica independiente. En cuanto a material, debía aprovisionar, preparar y abastecer a las torpederas de río. Estaba a su cargo la defensa del litoral fluvial y marítimo de la república y la preparación de ejercicios de combate. La dirección estuvo desde 1891 a 1895 bajo la conducción de un especialista del arma, el capitán de fragata Manuel José García Mansilla.

El eje central de la organización fue la bifurcación de las defensas; una fija y otra móvil. La fija estuvo integrada por dos estaciones, una en el Tigre para la defensa del río de la Plata y sus afluentes; la otra recientemente creada con el decreto, en Río Santiago para la salvaguardia externa del mismo río y del litoral marítimo. Lo que se buscaba con esta disposición de poseer dos flotillas era la continua alarma y precaución que iba a tener la flota enemiga.

La Estación de Torpedos del Tigre conservaría su denominación anterior de Escuela de Torpedos. Tendría como propósito abastecer a buques y torpederos de la novedosa arma, instrucción del personal y reparaciones del material. En el Apostadero de Río Santiago tendrían asiento los torpederos de división Espora, Rosales y los de primera clase. 

En consonancia con la nueva orgánica se creó el cuerpo especializado de mecánicos especialistas para el funcionamiento de los torpedos, minas de fondo y aparatos complementarios.


Una de las primeras medidas implementadas por García Mansilla fue incorporar el ariete torpedero Maipú a la Dirección General de Torpedos y elevar al Jefe de Estado Mayor de Marina, Contraalmirante Bartolomé Cordero, una exposición de las falencias en cuanto a material y personal que contaba la dirección.

A principios de 1895, el Apostadero de Torpedos de La Plata pudo contar con un dique flotante especializado en los torpederos de mar que se le compró a un astillero de Francia. Esta adquisición tenía la capacidad de levantar al mismo tiempo dos torpederas de primera clase. Para ese año, se logró el mayor desarrollo del arma alcanzado por la Marina de Guerra. La cantidad de torpederos que poseía la nación lo ponía en primer puesto en el concierto de naciones sudamericanas.

Año 1895, clase práctica de torpedos en la Escuela Naval

Los avances realizados en la gestión del capitán García Mansilla sobre la importancia defensiva que tenía el río de la Plata y sus afluentes como principales baluartes de la república, fueron altamente significativos. Sin embargo, a fines del siglo XIX una nueva concepción geo-estratégica comenzaba a estar en boga en las principales armadas de Europa. Las ideas de Alfred Mahan que postulaban la importancia del mar, residían en su dominación como única vía legítima para el progreso y desarrollo de una nación. Esta teoría contrastaba con la visión ribereña y defensiva que se observaba en la Marina nacional desde su nacimiento.

El cambio de estrategia y equipamiento naval de Brasil y Chile, junto al conflicto limítrofe con éste último país a fines del siglo XIX y principios del XX, llevaron a los jefes y oficiales de nuestra Marina a realizar un giro en 180 grados en su concepción estratégica. Los cimientos del dique de carena del Puerto Militar que se levantaron en 1898 fueron el primer paso dado en este sentido. Las baterías costeras y torpederos de río resultaban obsoletos ante la evolución de los potentes acorazados y la posibilidad de tener que hacerle frente a una escuadra de mar.

Ese mismo año con la creación del Ministerio de Marina le fue conferida una nueva orgánica a la institución. A la sección torpedos le correspondió el mantenimiento del tipo Whitehead, minas submarinas y en tierra, las líneas de defensa submarina y el régimen de las escuelas de torpedistas. Esta sección pasó a depender de la Dirección General de Armamento. Con esta estructuración y una nueva concepción marítima que a partir de la creación del puerto militar, entre otras acciones, ponía proa hacia el vasto litoral atlántico del país, el arma fue relegada a un segundo plano para dar paso a la adquisición de cruceros acorazados.

FUENTE: Teniente de fragata Francesco Nahuel Venturini, de la División Investigaciones Históricas del Departamento de Estudios Históricos Navales. Publicado en la Gaceta Marinera el 15 de abril de 2011. 

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