jueves, 29 de septiembre de 2022

EDUARDA MANSILLA de GARCÍA. PRIMERA NOVELISTA ARGENTINA

 








    La literata María Rosa Lojo, en un escrito titulado “La importancia de llamarse Eduarda Mansilla”[1] entre otras cosas dijo:
 

    Eduarda Mansilla de García (1834-1892) fue la personalidad creadora femenina más completa y más compleja en la Argentina del siglo XIX: pionera en la literatura y en la música, como cantante de salón y compositora; intelectual, periodista aguda y reflexiva, con opiniones propias, que publicó en los grandes diarios nacionales, cuando esa era solo una tarea de hombres. Escribió libros que inauguraron géneros y tendencias en la literatura argentina. A ella se le deben los primeros Cuentos (1880) para niños y jóvenes de nuestro país; ella es también la adelantada del género gótico-fantástico, que tan larga descendencia (y en varios sentidos) tendría en la tradición rioplatense, y que plasmó en un libro de excepción: Creaciones (1882).
 

    Antes que su más famoso hermano, Lucio V. Mansilla, introdujo los pueblos originarios en nuestra literatura y habló del mestizaje fundador en su Lucía Miranda (1860), y de otra vida posible, del lado de las tolderías, en El médico de San Luis (1860). En su novela más madura: Pablo, ou la vie dans les Pampas (1869), elogiada por Víctor Hugo y redactada originalmente en francés, se propuso explicarles la Argentina a los franceses desde su propia lengua, y, sin perder nunca el equilibrio, imaginó en ella un villano unitario que balanceaba la entonces habitual demonización post-rosista del federalismo. Fue más allá del simplificador pensamiento dicotómico y desarmó en sus libros las antinomias ciudad/campaña, civilización/barbarie. Antes de que Lucio Victorio en una Una excursión a los indios ranqueles y antes que el Martín Fierro contó en esta novela, y ya en su primer libro publicado, El médico de San Luis, las desventuras del gaucho perseguido. Se situó en la perspectiva de los presuntos “bárbaros” para denunciar, desde ellos, las marcas de la opresión y de la exclusión. Dotó de una fuerte visibilidad reivindicatoria a los personajes afro argentinos que aparecen en sus libros”.



    El profesor de historia de la Universidad del Litoral y periodista santafesino, Rogelio Alaniz[2], describe a Eduarda Mansilla entre otros conceptos diciendo:
 

    El dinero, la belleza y el linaje fueron dones que trajo desde la cuna. Desde muy pequeña supo que era la sobrina de Juan Manuel de Rosas y la hija de Agustina Rosas, considerada con justicia la mujer más bella de Buenos Aires…La conciencia de pertenecer a una familia distinguida Eduarda la tuvo desde siempre presente. También supo desde su más tierna infancia que era tan hermosa como la madre y que a ese privilegio había que saber ejércelo…La literatura y la música fueron sus dos pasiones. Escribió novelas y relatos y compuso boleros y valses. Fue la primera escritora argentina que escribió cuentos para niños…Lo que distingue a Eduarda de las mujeres de su clase no es el dinero ni la belleza, sino el esfuerzo por ser una escritora, para salir de su condición de mujer sometida a los prejuicios de su tiempo a través de la literatura…Eduarda no va a renunciar, en principio, a ninguno de los privilegios de su clase; jamás hará votos de pobreza y siempre se sentirá muy cómoda y feliz luciendo su elegancia y su belleza en los salones de Europa y Estados Unidos. No hay que llamarse a engaño: su modelo no es Rosa Luxemburgo, es madame Stael…Su posición económica más o menos holgada le permitirá disponer del personal de servicio necesario para que se haga cargo de las tareas del hogar y de la atención de los niños. La intimidad del cuarto, en la biblioteca o en el escritorio se transformará así en su espacio exclusivo de libertad. Una hoja en blanco, tinta y una pluma alcanzan para hacer posible el milagro.[2]


    El Ministerio de Cultura de la Nación en su página oficial expresa lo siguiente entre otros conceptos:

Eduarda Mansilla, la primera novelista argentina. Cronista y escritora de distintos géneros, también incursionó -aunque de manera amateur- en la música: una faceta muy poco conocida de Mansilla, pero con la que demostró un talento y sensibilidad notables. Compuso una gran cantidad de canciones en español, francés, y melodías religiosas para canto y piano. En esta nota, recorremos parte de la vida y obra de una de las mujeres más importantes de la cultura nacional”.




[1] www.losgarcia-mansilla.com




[2] Rogelio Alaniz. “Progreso” Hombres y mujeres en tiempo de progreso. De Roca a Sáenz Peña. Universidad Nacional del Litoral. Rubinzal-Culzoni. Editores. Año 2008.

 

martes, 6 de septiembre de 2022




            Rafael García-Mansilla, nació el 18 de enero de 1865 en Washington, Estados Unidos y murió trágicamente en un accidente el 17 de abril de 1894. Fue condecorado con la Legión de Honor por acto de arrojo al igual que su hermano.

        Ingresó a la Escuela Naval de Brest, Francia, el 5 de abril de 1881, previa autorización del gobierno argentino. Luego de cursar durante dos años de estudios a bordo del buque Escuela Borda, sede de la Escuela Naval Francesa. Recibió del gobierno francés el grado de “aspirante de segunda clase” (guardiamarina). A comienzos del siglo XIX se consideraba que la capacitación de los futuros marinos se debían llevar a cabo en los grandes veleras, entendiendo que era la mejor escuela de formación de los futuros marinos. Francia, la segunda potencia naval de la época utilizada esos buques para formar los futuros oficiales.

            Con posterioridad, realizó un viaje en el Crucero L’Iphiginie. En dicha oportunidad, en circunstancias dramáticas, salvó la vida a un viejo pescador y un grumete, cuya barca zozobraba, con mar gruesa, en la entrada del puerto de Cherburgo. La pequeña embarcación había sido embestida por el buque francés. Por su acto de arrojo, recibió una condecoración.

            Tiempo después fue destinado a la escuadra en evoluciones del Mediterráneo, ya con el grado de “aspirante de segunda clase” - alférez de fragata – Continuó su carrera, prestando servicio en otras unidades de la Armada Francesa. Estando a bordo del acorazado Turenne obtuvo el grado de “enseigne de vasseau” (alférez de navío) y en el año 1887, solicitó su baja por razones de salud.

            Se reincorporó a la Armada Argentina, prestando servicios en la Plana Mayor del Ministerio de Marina, con el grado de guardiamarina. Un año después se le reconoció el grado que ostentaba en la Armada Francesa y en 1888, pasó a revistar en la corbeta ARA La Argentina, al mando del capitán Martín Rivadavia, junto a un destacado grupo de oficiales, tales como: Julían Irizar, José Moneta, Manuel Domecq García, Juan A. Martín, con quiénes tuvo la responsabilidad de capacitar a los cadetes que realizaban el primer viaje de instrucción de la Escuela Naval. El viaje fue por las costas de Chile y Perú, a vela, salvo los casos de entrada a puerto o navegación por canales o estrechos.

             En el año 1893 fue nombrado agregado naval en la Legación Argentina en Washington. Allí le cupo la difícil y ardua tarea de asistir al entonces Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos de Norteamércia, Estanislao Zeballos quién aparte de las misiones que le eran propias, cumplía la función de delegado ante el árbitro, el presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, por la cuestión de las Misiones Orientales que la Argentina mantenía con el Brasil.

             La capacitación técnica de García-Mansilla, en el manejo de cartas náuticas y en cartografía, su fluido conocimiento del inglés por haber estudiado en los Estados Unidos, facilitaron a Estanislao Zeballos, el trabajo de recopilación, revisión y traducción de innumerables documentos. El documento presentado al presidente norteamericano, se dividió en cinco partes y dado la naturaleza del mismo, que abarcaba distintos aspectos tales como: el territorio objeto del laudo; la demostración de la posesión de España y posteriormente de la Argentina; los hechos históricos y los actos de usurpación lusitanos; los aspectos jurídicos de los tratados de derecho público relacionados con el asunto a dirimir y la necesidad de rebatir los argumentos del contrario, exigió de los intervinientes el máximo esfuerzo. El trabajo fue concluido el 11 de febrero de 1894.

                El 17 de abril por la mañana, en momentos que realizaba ejercicios de adiestramiento a caballo, en el parque del Hospicio de Inválidos, llamado “Soldiers Home”, sufrió una caída que le produjo una herida mortal en la cabeza. Pese a los esfuerzos de los cirujanos del Hospital de dicho hospicio, falleció por la tarde. Sus restos fueron depositados provisoriamente en el cementerio católico de “Mont Olivet”.



                La historia se conoce, gracias a la pluma del ministro Zeballos, quién envió el 22 de abril de 1894[1], una carta a los capitanes de fragata, Manuel José García Mansilla, Daniel García Mansilla, Secretario de Legación, Eduardo García Mansilla y Carlos García Mansilla, hermanos del extinto, donde elogia la conducta de su subordinado, al par que explica en forma pormenorizada las causas de su muerte. Es un documento histórico en el que se describe con detalle, los avances de la medicina estadounidense.

                “La muerte de Rafael, ha sido horrible por las circunstancias de su robusta salud, vitalidad y dicha en el momento en que se ha producido, como por la manera trágica y sangrienta en que se consumó.”

                “Estaba lleno de esperanzas, trabajaba con entusiasmo y sus trabajos en esta Legación pasan de lo ordinario. Confiaba en mi justicia y en la merecida recompensa de sus servicios por el gobierno. Repetía, que sería empezar recién y con seriedad, una brillante carrera. Contribuía con su cultura a mantener el prestigio oficial y social que goza esta Legación y de la que hemos recibido extraordinaria muestras sobre su féretro. ”

                “El funeral fue imponente y notable. El Ejecutivo, el Congreso, todo el cuerpo diplomático, la alta sociedad de Washington y una gran cantidad de público, llenaban las tres naves y el vestíbulo de la Iglesia. Los Ministros mas antiguos en la capital americana, los representante de México, señor Romero, y el de Nicaragua, señor Guzmán, están de acuerdo en decirme que no hay antecedentes de una demostración oficial o social de duelo, como ésta, aun cuando ha habido casos de fallecimientos de diplomáticos de Gobierno, se resolvió hacer una demostración de respeto y simpatía a la República Argentina.”

                Esas muestras de consideración, sin duda obedecieron al recuerdo que dejó su padre, en los diecisiete años consecutivos ejerció el cargo de Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos


                Hubo de esperar casi medio siglo para que sus restos reposaran en la Argentina. Su hermano Daniel García-Mansilla, quién solicitó al gobierno argentino, cumpliera con su deber de repatriar los restos de un servidor de la patria, desaparecido en acto de servicio, que permanecían abandonados desde hace más de medio siglo, sin una cruz, una flor, ni una oración cercana. El gobierno ordenó la repatriación. Los restos llegaron a bordo del buque Río Aguapey a la ciudad de Buenos Aires, el 22 de agosto de 1948. Recibió sepultura al día siguiente, acompañado por sus familiares y una comisión del Ministerio de Marina. Actualmente guarda reposo en la Bóveda de la familia García-Mansilla en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires.





[1] La carta original, así como el legajo personal de Rafael García-Mansilla, obran en el archivo personal de Manuel Rafael García-Mansilla y Zavalía.

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