martes, 25 de septiembre de 2012

LUCIO VICTORIO MANSILLA. Postales de la belleza exótica.

La editorial Corregidor publicó el  Diario de viaje a Oriente (1850-1851), texto que permanecía inédito, en el que el autor de Una excursión a los indios ranqueles describe sus impresiones en tierras lejanas con una rara mezcla de agudeza y candor.

Calcuta

Noviembre 15
A las 12 del dia desembarqué en Calcuta, y como la unica ciudad que he visto despues de mi querido Buenos Aires, es esta, ha llamado muchisimo mi admiracion: las casas son tan hermosas, el lugar donde desembarqué dominaba la ciudad, presentando una deliciosa perspectiva y aunque en la orilla del rio y no en el centro de la ciudad, se veia tanta divercidad de trages, tantos tipos distintos que no pude contemplar este cuadro tan nuevo para mi; sin esperimentar una ligera emocion ¡Cuan feliz me hubiera encontrado, si hubiese podido admirar este hermoso pais, rodeado de mis padres y hermanos!

Calcula en 1845
A las 2 de la tarde llegué á casa de Mess Foster Royers &Cº. y de alli me dirigí á la del consul Frances, mui desconsolado; pues al haberme dicho, que no se llamaba Mr. Lefebre, sino Dube desvaneció la idea que traia de encontrar en esta á mi tia Nieves, amiga tan querida de mamita; pero gracias á Dios Dub [sic] - era el segundo apellido de Mr. Lefebre y tuve el placer de abrazar á una, persona que en mis tiernos años, me habia tenido en sus brazos, y que me prodigó tantas atenciones, que su bondad será siempre acreedora á mi cariño y agradecimiento -

El resto del dia lo pasé con ella; hablando de mi querida patria - [...]

Enero 8

A bordo del vapor Hindostan

Despues de haber estado 2 meses y medio en Calcuta y puesto que me he propuesto llevar un Diario durante mis viages voi ahacer una descripcion de esta Ciudad -

Calcuta - Es la ciudad principal de la provincia de Bengala y la Capital de las posesiones Britanicas en las Indias Orientales, esta situada en 22º 33' latitud N. y 86º longitud E. á 100 millas; del mar y en la orilla izquierda del brazo occidental, del rio Ganges comunmente llamado por los Europeos, rio Hoogly y el unico que los buques de mucho calado pueden remontar hasta una gran distancia de su embocadura; su navegacion es peligrosa por la innumerable cantidad de bancos que segun dice varian todos los años y la hacen imposible su navegación sin un practico -

Calcula en 1860
[...]

No hai veredas y si hubiesen de mui poco uso serian; solo los indios y esto los mui pobres andan a pie. El sol es horrorosamente ardiente, no se puede uno esponer á él sin esperimentar bien luego un fuerte dolor de cabeza ó una fievre-

Los negociantes y mercaderes se componen de diversas clases á saber; los Ingleses y otros Europeos, los Portugueses nacidos en la India, los Armenios, los Griegos, los Judios, los Persas de la Costa del Golfo, comunmente llamados parias, los Mongoles, los Mahometanos, de la India y los Hindues; propiamente hablando estos últimos pertenecen generalmente á la casta basiana ó mercaderista y son nacidos en la provincia de Bengala. La poblacion de Calcuta se evalua al presente en mas de 600.000 habitantes, esto es mui incierto; pues es imposible saber cuantas personas componen una familia porqué los Indios, rehusan, por una especie de supersticion, decir cuantos hijos tienen.

Los Europeos, viven mui retirados, poco se visitan; las personas cuando no tienen intimidad, no se ven sino pr. medio de comidas: asi es que, la primer cosa que recibe un estrangero cuando llega, es una invitacion, para comer -- Es mui fácil proporcionarse relaciones en Calcuta; pues cada uno puede dejar su carta, en una casa cuya familia no conoce; hai la seguridad de ser recibido; pero tambien la de no ser nunca visitado por el dueño de casa, no por desprecio; sino porque asi es la amable cortesania Inglesa - A causa de la religion de los Indios que no permite á todos hacer los mismos oficios; en ninguna casa se encuentran menos de diez criados; esto es cuando son pobres, en una rica nunca bajan deveinte y cinco ó treinta. No hai mas diversiones que un paseo publico donde se vá todas las tardes en carruage ó acaballo - En el invierno, cuando no hace mucho calor en la tarde bien se podria caminar apié; mas los Ingleses, creo yo, pretenden perder en su casta si se pasean a pié - No hai ningun teatro. [...]

El Rio Ganges, Indía en 1860
Usos y costumbres de los Indios - Estos son generalmente altos, bien formados, inteligentes; pero serviles y bajos hasta el último grado. Estan divididos en diferentes clases ó castas, profesando todos la religion idolatra, aunque bajo diferentes formulas [?] La última clase es mui pobre, los Europeos, la hacen trabajar como animales [...]

En El Cairo

Marzo 14

Cairo es una ciudad perfectamente oriental, en ella no se encuentra como sucede en la India una mezcla de Europeo y Oriental, aqui todo es original y el viagero al contemplar la irregularidad de las calles, la arquitectura de los edificios y mezquitas y la elegancia de los trazos y la magestad con que marchan estas bellas mugeres que cubiertas enteramente solo esponen a las avaras miradas del hombre, dos bellos ojos, negros llenos de animacion y de vivacidad, siente un deleite inesplicable. En algunos Baazares, es tanto el movimiento y cantidad de gente que mui dificilmente se puede andar, hai en ellos infinidad de muchachas con borriquillos y si sucede que si os pillan ápie, os gritan, tanto Hhamâr [burro], y tanto os apretan entre todos que, os impiden caminar y os obligan á montar en un burro pequeñito como un carnero sobre el que se hace á mi modo de ver la figura mas ridicula - Hai pocos carruages; pues la costumbre es tanto las mugeres como los hombres montar un borriquito- Las mugeres Egipcias van generalmente enorquetadas - Hai en Cairo, muchos cafées estan siempre llenos de gente y unos de los mayores placeres de las Arables, es una pipa y una tasa de café, que concluiran, sin moverse o hablar una palabra [...]

El Cairo en 1860
Nostalgias de un porteño en Roma
Abril 12 y 13, 14, 15, 16

Hoi me encontré con Torcuato Alvear, tuve un gran placer, pues me dio algunas noticias de mi pais - Los que nunca han dejado su pais no comprenden que gusto tan esquisito se esperimenta al encontrar un compatriota y habla de su patria, la tierra madre, es como una querida, mas nos separamos de ella generalmente con la idea de [encontrar] en el estrangero mas alegria mas felicidad, pero así que estamos lejos de ella y recordamos sus encantos, mil delicias que solo se encuentran en ella deseamos volverlo á ver-

La mayor parte de las ciudades que he visto hasta ahora son mas bellas que mi caro Buenos Aires, son mas ricas, mas bellas, mas grandes; pero en - todo el mundo cada enamorado concidera su querida la mas hermosa, y así cada hombre ve su pais el mejor para un Ingles is (sic) nothing is so good as London, para un Frances il n'y a pas qu' un seul Paris au Monde y para un N. Americano every thing good is in N. York or Boston - para mi nada hai en el Mundo como la Alameda de mi pais, reconozco que hai muchos muchisimo superior a ella, pero aunque me gustan, sin embargo no me gustan tanto.

Roma en 1855
Minucioso trabajo en equipo.

La edición crítica del Diario de viaje a Oriente (1850-1851) y otras crónicas del viaje oriental de Lucio V. Mansilla es obra de un equipo dirigido por María Rosa Lojo y conformado por Marina Guidotti, María Laura Pérez Gras y Victoria Cohen Imach y fue realizada en el marco de un Proyecto de Investigación Plurianual del Conicet. Aparece dentro de la nueva colección "Ediciones Académicas de Literatura Argentina (EALA), siglos XIX y XX", de la Editorial Corregidor, dirigida por María Rosa Lojo y codiririgida por Jorge Bracamonte. El volumen incluye además los relatos De Adén a Suez (1855) y Recuerdos de Egipto (1864). En este anticipo los textos se transcriben despojados de notas eruditas pero respetando, como en el libro, la ortografía y redacción originales..

Fuente. Por Lucio Victorio Mansilla.| Diario "La Nación" del viernes 31 de agosto de 2012.. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

DR. MANUEL JOSÉ GARCÍA. Su actuación pública. Una visión histórica objetiva.



Manuel José García Ferreyra
1784-1848
En la comprensión de la historia no nos corresponde a nosotros criticar ni incurrir en actos de vindicación de los hombres y mujeres a los que les cupo una responsabilidad. Si hemos de ser justos observadores habremos de comprenderlos en su contexto real partiendo de la nobleza y dignidad propia de la condición humana.

Comprender es adentrarse en el misterio del pasado; es leer sus signos, sus tendencias, sus desafíos, las razones que los motivaban, y también, por qué no, sus ambiciones, rivalidades y temores. Hay otros tópicos que se me escapan y que son imposibles de reseñar en un pensamiento que trata de ser fruto noble de los hechos que he podido leer acerca del comienzo de nuestra historia común cuyo origen se ha situado en la batalla de Perdriel del 1° de agosto de 1806, cuando el heroico pueblo de Buenos Aires se hizo cargo de su destino y enfrentó al ejército invasor del Sr. Comandante Williams Carr Beresford.

Los sucesos de mayo de 1810 reconocen a partir de allí su propio contexto. Se había expelido dos fuerzas descomunales haciendo germinar el sentido de la propia responsabilidad por forjar un destino. En él se inserta la historia de los hombres a los que los animaba ser “absolutamente libres o definitivamente esclavos”. No hubo un término medio; si habrá habido quienes lo pensaron como una probabilidad aceptable, en atención a los hechos de la península; ciertamente no los criollos quienes fueron los que infundieron el espíritu de la Junta.

El movimiento americanista se hizo de ese ideal, pero más allá del noble objetivo se imponía, además, superar y doblegar a los opresores que en forma inmediata desplegaron su poderío militar, dictaron sentencias de muerte a los cabecillas, y llevaron a cabo acciones de orden disuasivo en los cabildos de las ciudades de tierra adentro, y otras en el difícil e intrincado campo diplomático, que buscaban aislar la comprensión de lo que nos estaba sucediendo, así como evitar que se nos brindaran apoyos de parte de naciones libres que si miraban con simpatía el despertar de los nacionalismos como medio de quebrar el oprobioso régimen que hizo de estas tierras una mera factoría.

Juzgar que la américa colonial fue una factoría no es quebrar el primer pensamiento, es sencillamente decir una verdad acallada por siglos, que en sangre y bruteza cobró ingentes tributos a toda américa. Y es por ello que el ideal de libertad no es ajena a los excesos de la administración colonial.

Constituirse en nación, era como vimos y más allá del proceso de seis años que demandó proclamarla, fue el fin primordial desde el inicio pero, traspuesto ese umbral: de levantar a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación, quedaba la más ardua tarea de coronar su sien de laureles, y a sus plantas rendir a un león. ¿Poesía? ¡No! pura verdad.

¿Qué no hicieron nuestros próceres, a qué no se aventuraron? ¿No lo vemos a Belgrano, a Moreno, a San Martín y a tantos otros héroes indiscutidos, e indiscutibles?

¿Qué le restó dar al Pueblo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en pos de su causa común?

Pero no todo se dirimió en el campo de batalla. Tantos o más peligros hubieron de enfrentarse al ritmo de los acontecimientos del viejo continente.

Reducir la gesta americanista a las campañas militares es cercenar el contexto, y omitir de apreciar otras cuestiones que hemos visto que gravitaron, y fundamentalmente el giro de la cosmovisión a que se dispusieron esos héroes intrépidos: no hubieron distancias, ni obstáculos que no se enfrentaran, y lo hicieron en la convicción de su dignidad, señorío y merecimiento de la libertad que anhelaban.

Al enemigo español de entonces, que no pasaba de ser un reino privado de su dignidad y sumergido en una terrible crisis interna, se sumaban como peligros en ciernes los proyectos expansionistas del reino lusitano emigrado al Brasil, que se extendía a la costa norte del Río de la Plata y las provincias mesopotámicas.

Hubo entonces una batalla más que librar en el orden diplomático que fue la obra de pocos preclaros de la época, y muy especialmente de uno solo al que los misteriosos y caprichosos caminos de su vida desviaron de su vocación hacia la vida privada.

Hablar de diplomacia con palabras mayúsculas en el despertar de la patria, es traer a la memoria de todos a don Manuel José García, abogado, veterano voluntario del regimiento de Cantabros que regía su padre, el Coronel don Pedro Andrés García, que tan valientemente se batió el 5 de julio de 1807 con las fuerzas del Gral. Craufurd, y del Cnel. Holland en Santo Domingo. La vocación por su profesión de abogado obtenida en Chuquisaca, lo habían afincado en la localidad de Chayanta de la provincia del Alto Perú, y desde allí fue un agudo observador del medio y del sistema que lo agobiaba que él pondría sus fuerzas en cambiar.

Servir a la patria para esa generación no era una opción, sino un deber de dignidad, y mal visto estaba poner un reparo personal cuando el pueblo entero estaba empeñado en su gesta.

Manuel José García lleva en sus alforjas el recuerdo de largos caminos, una vida compartida en el afecto con su padre, y sus méritos intelectuales obtenidos en Chuquisaca: era en si mismo un claro exponente de la generación de 1810.

Supo servir con la pluma, en el idioma diplomático, y sostener un frente que 10 años después mereció que se lo afrontara con la decisión de las armas. Su acción diplomática mereció el elogio del Secretario del representante designado por el país del norte, y exploró las alternativas de unidad hasta el máximo de lo posible, y cuando cedió lo hizo como reconocimiento de que una misma expresión de patria en las dos riberas resultaban inconciliables. Pensamiento que tras casi dos siglo sigue siendo vigente y acertado. No nace o se parte una nación porque un hombre lo quiera; nace o se parte porque la realidad se impone.

Sin el esfuerzo de Manuel José García en la Corte de Río de Janeiro la declaración de la independencia habría resultado una declamación frente a un ejército de 10.000 hombres internado en el Río de la Plata, y la cabeza de la revolución quemada. Eso prometieron y eso hicieron cuando el ejército del Gral. Morrillo no pudo llegar al Plata fruto de la eficacia de García en el Janeiro, y se dirigieron a Colombia y Venezuela.

Ganada la independencia, los otros afanes de Manuel José García fueron la consolidación de la paz en la región y la concreción del proceso constitucional, a los que consideraba bases indispensables del progreso y la felicidad del pueblo. Por 20 años abocó sus esfuerzos tras la consecución de dichos fines posponiendo cualquier beneficio personal frente al menor interés de su patria. Así le había enseñado su padre. Así fueron sus amigos y compañeros de ventura.

Si no se concretaron dichos fines y él no los llegaría a ver, supo siempre que en la larga y penosa cuesta que estaba transitando su patria, buenos y sólidos peldaños los había colocado él desde la soledad y la incomprensión de muchos de sus coterráneos.

A 200 años debemos leer la historia y, de pie e inclinada la frente ante la dignidad de esos magnos próceres, recibir sin beneficios el legado que nos dejaron en pos de trabajar para que el sueño americano no se extinga.

Fuente: Doctor Ignacio Uriburu Montes.





domingo, 2 de septiembre de 2012

El calientapiés de la casa de Mansilla

Los niños de la familia Mansilla se despertaban a las ocho de la mañana cuando una de las morenas que servía en la cocina gritaba “¡Ya ha venido el lechero!”. El anuncio coincidía con la voz maternal: “Niños, ya es hora de levantarse, arriba”. Luego de rezar sus plegarias, Lucio y Eduardita se vestían y tomaban un vaso de leche con espuma (el pan estaba interdicto por sus padres, higienistas). Desde la cama Agustina Rosas, la princesa de la Federación, dirigía las operaciones: los niños debían ir a pedir la bendición con los brazos cruzados, mostrar dientes y uñas y decir una oración (la predilecta era el Avemaría, por su brevedad). A continuación, las lecciones. Palotes, fábulas y recitados de versos: “Un oso con que la vida ganaba un piamontés”.

La campanilla de alambre los liberaba del estudio: sonaba una campanada a las ocho y media o nueve, hora del almuerzo, y dos con intervalos a las cuatro y media o cinco, anunciando la cena. Los horarios eran dictados por el sol y las estaciones, ya que la luz de vela era cara y escasa. Se usaban unas velas de sebo, provenientes de un molde, conocidas como “velas de esperma” (luego fueron llamadas, más discretamente, de estearina). Las lámparas o quinqués, alimentados con un aceite que impregnaba el ambiente de un aroma muy intenso, no se veían muy a menudo. En verano la casa Mansilla solía estar casi en tinieblas, sin más luz que la de la luna, pero los días festivos se colgaban de los balcones unos candilejos de barro cocido alimentados con grasa de potro.

Al escuchar la campanada del almuerzo los niños corrían de la mano a la mesa, donde tenían prohibido hablar o pedir ración doble de puchero o de bisteque, una carne frita en grasa con tomate y cebolla. El postre a veces provenía de los morenos pasteleros que vendían de casa en casa unos pasteles deliciosos y calentitos, cubiertos con un género de algodón para conservar el calor. Cuando caía granizo en abundancia se recogía una buena cantidad para hacer helados de leche y huevo con canela. Los niños colaboraban en la tarea de mover el cilindro para elaborarlo, una gran diversión.

La cena era muy esperada no tanto por el arroz a la valenciana, los sesos o el guiso de garbanzos como por los entremeses de aceitunas, sardinas y salchichón y el postre de fritos de papas con huevo y harina espolvoreados con azúcar. La comida predilecta del tío Juan Manuel era la molleja, asada o guisada. Y la de toda la familia, los pichones de lechuza o de loro.

La futura escritora Eduardita Mansilla comenzó sus estudios en la escuela de misia Candelaria Soria, una señora salteña muy respetable que había situado un establecimiento para niños pequeños en la calle Cangallo. Si bien Eduardita aprendía con facilidad los primeros rudimentos de las letras, su atención era interrumpida a menudo. Cada vez que su hermano Lucio era castigado, cosa que ocurría todos los días, ella no podía dejar de llorar. Quería estar a su lado cuando lo ponían en penitencia, y si el castigo consistía en pararse con los brazos en cruz, ella también se colocaba en posición de crucificada. Si Lucio era enviado al “cuarto de las pulgas” ella se afanaba en acompañarlo y lloraba hasta que lo ponían en libertad. Los castigos eran tan frecuentes que misia Candelaria desaconsejó que siguieran estudiando juntos en la misma escuela.

Por las mañana los llevaba el tío Tomás, que no era un tío sino un viejo mulato que trabajaba al servicio de la familia en términos de una encubierta esclavitud. Si había llovido y la calle estaba embarrada, Eduardita iba sobre uno de los hombros del tío Tomás y Lucio sobre el otro, y si aún caían gotas él se las ingeniaba para cubrirlos con un paraguas colorado. Cuando no había escuela se decretaba “día de amasijo”. Los niños se internaban en el cuarto de la plancha, donde se fritaban tortas y pastelitos, una delicia. El general Mansilla mandaba llamar a un amigo italiano, el signore Boassi, dueño del almacén de la esquina de Reconquista y Cangallo, para que hiciera ravioles.

La comida caliente era muy bien acogida, porque en los días invernales “se vivía tiritando de frío” recuerda Lucio V. Mansilla en su volumen de Memorias . Los padres sostenían la creencia de que el fuego no era algo saludable, por lo que el calefactor más habitual era el calientapiés de brasas de carbón vegetal, aunque el más disputado, y esto sucedía en muchas casas patricias, era el pelado , una raza de perro extinguida que hacía su turno en las camas de la familia.

Fuente: Diario "Clarin" de Buenos Aires, edición impresa, domingo 2 de septiembre de 2012.

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