domingo, 24 de noviembre de 2013

LAS FOBIAS DE LUCIO V. MANSILLA


Lucio V. (de Victorio) Mansilla -soldado de la Campaña del Desierto, oficial en la guerra del Paraguay, autor de Una excursión a los indios ranqueles e hijo del héroe de la Vuelta de Obligado- tenía un problema con los ratones: le daban pánico. El general se trepaba al catre en cuanto un roedor lo importunaba con su presencia.
Pero no era el único animalito temido: "Un perro en una puerta de calle -dijo- es para mí más estorbo que un hombre". Otra vez escribió: "Yo tengo un miedo cerval a los perros; son mi pesadilla; por donde hay, no digo perros, un perro, yo no paso por todo el oro del mundo si voy solo; no lo puedo remediar; es un heroísmo superior a mí mismo. Juro que los detesto, si no son mansos, inofensivos como ovejas, aunque sean falderos, cuzcos o pelados". Señores analistas: estamos ante un claro caso de cinofobia, sin olvidarnos de la musofobia manifiesta al tratar con ratones.
En 1870, Mansilla cumplía funciones militares en Rojas (provincia de Buenos Aires) y acostumbraba salir a cazar con su escopeta. Aunque el lugar ideal no quedaba cerca, había -como en el juego de la oca- un atajo. Pero también -como en el juego- había dificultades. En este caso era una enorme dificultad corporizada en un mastín muy dispuesto a sembrar dudas sobre si el perro es el mejor amigo del hombre.
"Salía de mi casa y llegaba al sitio crítico haciendo cálculos estratégicos, meditando la maniobra más conveniente, la actitud más imponente, exactamente como si se tratara de una batalla en la que debiera batirme cuerpo a cuerpo." Privado, por anacrónico, de los ejercicios de respiración de Ravi Shankar, se acercaba agitado al punto de conflicto. "En cuanto el can diabólico me divisaba, me conocía; estiraba la cola, se apoyaba en las cuatro patas dobladas, quedando en posición de asalto, contraía las quijadas y mostraba dos filas de blancos y agudos dientes."
Luego de un par de cruces traumáticos, Mansilla tomó una decisión extrema. Con convicción, sin dudar ni un segundo, resolvió que mejor haría el camino largo, evitando el atajo. Así fue hasta que decidió enfrentar la situación, es decir, al mastín.
"Estaba entero, me sentí hombre de empresa y me dije: Pasaré. Salgo, marcho, avanzo y llego al Rubicón. ¡Miserable! Temblé, vacilé, luché, quise hacer tripas corazón, pero fue en vano. Mi adversario no sólo me reconoció, sino que en la cara me conoció que tenía miedo de él. Maquinalmente bajé la escopeta que llevaba al hombro. Sea la sospecha de un tiro, sea lo que fuese, el perro tomó distancia y se plantó, como diciendo: descarga tu arma y después veremos."
Parecía una escena del Lejano Oeste. De un lado, Mansilla y su escopeta; del otro, el mastín y sus colmillos. "Al primer amago de carga eché a correr con escopeta y todo; los ladridos no se hicieron esperar; esto aumentó el pánico de tal modo, que el animal ya no pensaba en mí y yo seguía desolado por esos campos de Dios." ¿Huyó con la escopeta? No. Más tarde reconocería que terminó en poder del perro porque la había soltado para correr más liviano.
Fuente: Daniel Balmaceda. Estrellas del pasado. La popularidad en tiempos de los próceres. Diario "La Nación" edición impresa, lunes 10 de septiembre de 2012.
Ilustración: Diego Parés.

sábado, 23 de noviembre de 2013

EL DOCTOR MANUEL JOSÉ GARCÍA SEGÚN EL HISTORIADOR ADOLFO SALDÍAS.


Buenos Aires 1849- La Paz, Bolivia 1914
          Adolfo Saldías, nació en Buenos Aires en 1850. Formó parte de la denominada generación del 80 ; esa pléyade de distinguidos caballeros de vasta cultura y de firmes convicciones liberales, comprometidos lealmente con el destino de su país. 

         En general todos consideran al historiador Adolfo Saldías como el precursor de la escuela revisionista de nuestra historia argentina. Su extraordinaria obra " Historia de la Confederación Argentina -Rozas y su Epoca - aportó   inéditos documentos probatorios del archivo personal de Juan Manuel de Rosas. Los mismos le fueron entregados al autor por Manuelita Rosas. En su obra, los expuso con método claro y ordenado y fino estilo literario. Su inmenso trabajo, pasado el tiempo mereció el carácter de pionero en la reformulacion de los hechos históricos argentinos hasta entonces orientados por una visión tradicional que predominó en nuestro país hasta mediados del Siglo XIX.

         El clásico maniqueísmo histórico que predomina en gran número de historiados es el resultado de un exceso de pasión impregnada por ideologías extremas o partidismos sectarios. Esta forma de análisis histórico nos aleja de la verdad objetiva y termina desvirtuando los hechos del pasado. Pretenden dar a conocer nuestro devenir histórico con subjetividades y genelarizaciones respecto de la conducta de las personas,  apartadas del contexto histórico en que ocurrieron,  las que concluyen sistemáticamente en la exaltación o descalificación de nuestros hombres públicos. Se los denosta o ensalza con epítetos de todo tipo,  en lugar de dar a conocer los hechos, apreciarlos con honestidad intelectual y expresar el disenso con el debido respeto, si fuera necesario. No se debe caer en la tentación de pensar con las circunstancias del presente los hechos del pasado que los tuvo como protagonistas. "La primera condición de la Historia, es la verdad; la segunda es la medida de apreciación de estimación y de gloria que discierne a sus héroes" con este pensamiento describe el autor de "Biografías de hombres Ilustres", Alphonso de Lamartine las cualidades que debe poseer quien escriba historia.

          Es necesario entender que que quienes nos precedieron la historia de nuestra patria,  forman parte de nuestro acervo histórico y debemos aceptar que en general actuaron de buena fe, enmarcados en las circunstancias en que vivieron y convencidos que era lo mejor para su patria. Como dijera Ernest Renán:  "Los juicios carecen de valor fuera de su cuadro y al cuadro lo forma la época".

          Es imperioso estudiar con celo nuestra historia y reparar los errores cometidos en la apreciación de nuestro pasado. Si lo hacemos, como dijo Esteban Echeverría: ¿Donde irían a parar entonces, todas esas reputaciones tradicionales; todos esos grandes hombres raquíticos; todos esos pigmeos que la ignorancia y la vanidad han hecho colosos?

          Uno de los caso mas curiosos de la historia argentina es la figura del doctor Manuel José García, a quién la mayoría de los historiadores solo se lo recuerda y no con la profundad debida solo por dos misiones diplomáticas, que lo tuvo como protagonista. Una ordenada por el Director Supremo Carlos María de Alvear y la otra por el Presidente Bernardino Rivadavia. Olvidan su vasta carrera al servicio de nuestra Nación, que lo tuvo como actor principal por más de treinta años en forma consecutiva.

          Fue una de las personas más influyentes personalidades de la "Generación de Chuquisaca". No identificado con ninguno de los partidos dominantes, le preocupaba ante todo la organización institucional.

          En sendos artículos publicados en "La Gaceta de Buenos Aires" titulados "Relaciones Interiores", se refiere a la situación política de las Provincias Unidas y a la adopción generalizada de las nuevas ideas democráticas provenientes de Europa. En ellos afirma:
"Si las ideas han cambiado, ¿por qué entonces no ha cesado la guerra civil? La respuesta radica en que los hábitos y los vicios persisten en los pueblos y estos no logran desprenderse de ellos. De aquí surge una conclusión que muestra la enorme distancia que existe entre las ideas y los sentimientos, mientras esta separación persista, la guerra proseguirá destrozando el cuerpo político, dividiendo las familias y los pueblos, poniendo en peligro los heroicos esfuerzos realizados para alcanzar la libertad y la independencia."
          Culminó el último de estos artículos reclamando de los "hombres de bien de todas las naciones el reconocimiento de los derechos de los pueblos americanos y de éstos la necesidad de cesar sus luchas internas para lograr vencer a sus enemigos y asegurar el goce de su libertad."1

Martín Rodriguez, junto a sus ministros Manuel José García, Bernardino
Rivadavia y Julían Aguero

           Los hechos posteriores le dieron la razón. Cuando fue designado ministro luego de la Anarquía del año 1820, vuelve a reflexionar sobre la necesidad la necesidad de organizar el Poder Ejecutivo, siempre fiel a su condición de estadista y a sus ideas liberales. En una carta de 1820 reflexionaba:
"Yo pienso que debemos reunirnos todos, y trabajar de buena fe. Todos los Gobiernos son para mí respetables, si conservan la paz y la libertad. Que se llame Cónsul, Rey o Pontífice, o cualquier otro nombre el que tiene el Poder Ejecutivo, es indiferente para mí, siempre que produzca aquellos bienes y los asegure. Lo que debemos es purgar nuestro ánimo de todo espíritu de Secta; porque si estamos tocados de él, entonces no es fácil que tengamos las cabezas frías y los corazones puros; cosa indispensable para hacer una elección acertada de la forma de gobierno que nos convenga más, o que quieran más nuestros compatriotas."2 
          Manuel José García, es una persona muy poco estudiada. Pasó a la historia sin que nadie se haya detenido a estudiar sus ideas y su extensa trayectoria. En los libros solo se lo menciona como el firmante del Tratado de Paz con el Brasil. Sin embargo,  el no lo firmó, solo aceptó un acuerdo preliminar previamente consensuado con Bernardino Rivadavia y Francisco de la Cruz, que debía ser aprobado para tener validez por el Poder Legislativo. Nuestros legisladores, temerosos de la reacción prefirieron desacreditar al enviado y soslayar la participación del Poder Ejecutivo en los acuerdos previos. Por otra parte, la firma de la mentada Convención podía comprometer su honra personal, pero no obligaba al país hasta tanto no fuera ratificada. Salvo algunos pocos, nadie fue capaz de comprender la importancia de detener la guerra. Poco tiempo después, el mismo tratado fue aceptado por Manuel Dorrego y nadie lo criticó por ello. Quién está en condiciones de afirmar que su actitud fue indigna? O acaso conocemos sus pensamientos más íntimos o sus verdaderas intenciones? Lo que tenemos a nuestra disposición son los documentos que nos dejaron y de ellos no se desprende ninguna conducta que menoscabe su persona.

           Juan Carlos Nicolau, en su objetiva obra sobre la vida de Manuel José García, nos deja esta reflexión:

          "Para finalizar, el comisionado emite un juicio lapidario respecto a la actitud del gobierno de Rivadavia, al afirmar con razón que al negociar la cesación de las hostilidades arriesgaba su reputación personal, pero no causaba obligación alguna al Gobierno hasta tanto el tratado de paz o la convención preliminar, después de ser examinada detenidamente fuera ratificada. 

             "En su opinión, una convención preliminar aún después de ratificada solemnemente, es un tratado provisorio, pues su objeto principal es hacer cesar las hostilidades, fijando bases para un tratado definitivo. En la última frase de su exposición espera que aquietadas las pasiones en el futuro se juzgará su comportamiento, mientras se interroga acerca de quien merece mayor indulgencia, si el ciudadano que en tan gran conflicto sacrifica su reputación y acaso la existencia a su patria, o aquel que quiere a todo trance hacer de ésta el instrumento de su fama." 3

          Porque algunos historiadores olvidan el resto de su dilatada actuación? Recordemos su actuación pública en la historia de nuestro país:

          Tuvo una heroica actuación en las invasiones inglesas. Tuvo a su mando, con el grado de capitán, una compañía del Tercio de Cántabros en la defensa de Santo Domingo. Defendieron con valor su ciudad natal y lograron rendir al enemigo. Su padre el coronel Pedro Andrés García de Sobrecasa estaba al mando de la unidad. Su hermano Valentín García estaba en el mismo tercio. En reconocimiento a su actuación en la batalla, el Virrey Santiago de Liniers le otorgó el grado de Teniente Coronel (1807) ; fue Subdelegado de Porco y Chayanta en el Alto Perú (1809) ; Tesorero del Cabildo Porteño ; Vocal de la Cámara de Apelaciones ( 1812) ; designado por Mariano Moreno director de "La Gaceta de Buenos Aires" (1812); Secretario de Hacienda durante el Segundo Triunvirato (1812-1814) ; ministro de Gobierno y Hacienda durante la gestión de Martín Rodriguez ( 1820-1824) , ministro de Gregorio de Las Heras (1824-1826) , ministro de Juan Galo Lavalle ( 1828), durante cuatro años del propio Juan Manuel de Rosas (1829-1832), ministro de Hacienda y Gobierno de Juan José Viamonte ( 1829 y1833-1834) . Acaso todos ellos se equivocaron y eligieron a una persona sin méritos para el cargo? Podemos tener puntos de vista distintos pero no denostarlo o reconocer el mérito que su contemporáneos le dieron.

         Para ratificar lo expresado, queremos hoy dar a conocer la opinión del padre de los revisionistas Adolfo Saldías, sobre el doctor Manuel José García en su obra "Historia de la Confederación Argentina


Manuel José García
(Buenos Aires 1787-1848)
Primer Ministro de Hacienda de la República Argentin
"Digno cooperador tuvo Rivadavia en el ministro de Hacienda doctor García, quién a sus nutridos talentos y a su preparación poco común unía un espíritu organizador y metódico. Como estadista, García era uno de los más perfectos que ha producido la República Argentina, y como pensador es uno de los que con perfiles más acentuados ha dejado obra transcendental en disposiciones civiles, políticas y constitucionales incorporadas en las prácticas y en las leyes fundamentales del país." 

"Por iniciativa de este hombre superior se creó la Contaduría, la Tesorería y la Receptoría que dependían entonces del Tribunal de Cuentas ; se fundó la institución del crédito público y la caja de amortización, afectando a esta última las rentas de la Provincia ; se creó recursos legítimos y moderados para aumentar la hacienda pública ; se abolió los pechos y contribuciones forzosas; se sancionó la ley de contribución sobre la renta; se organizó la administración de las aduanas; se favoreció el comercio de importación por los medios que aconsejaba una prudente y sabia economía en un país nuevo, despoblado y sin industrias."

"Cuando tales medidas permitieron al Gobierno desenvolverse regular y ampliamente, Rivadavia elevó a la Junta de Representantes los mensajes sobre inviolabilidad de la propiedad, sobre seguridad personal y sobre libertad e imprenta; hermosas fórmulas consignadas en las anteriores Constituciones de los años 1811,15,17 y 19 que vivieron la vida de los lirios, pero que en el año 1822 comenzaron a traducirse en verdades prácticas, al favor del espíritu liberal que informaba la mente y la acción del Gobierno de Buenos Aires. A poco elevó el proyecto de ley de olvido acompañado de un mensaje en que se lee estas palabras: "Para gozar del fruto de los sacrificios hechos en la guerra de la Independencia, es preciso olvidar; no acordarse más ni de las ingratitudes, ni de los errores, ni de las debilidades que han degradado a los hombres o afligido a los pueblos en esa empresa grandiosa". Esta ley atrajo a Buenos Aires a todos los argentinos que estuvieron alejados por las contiendas civiles, y a quienes les fue dado vincular su esfuerzo a la labor fecunda que se iniciaba."


FUENTES: Historia de la Confederación Argentina. Rozas y su época. Tomo 1. Librería "La Facultad" de Juan Roldán, Florida 418, Buenos Aires, Argentina, 1911.

1.«La Gaceta Ministerial de Gobierno de Buenos Aires» (en español) (1812). «nros. 23 y 24».
2.«Archivo General de la Nación Argentina» (en español). «AGN, Sala VII, 16-4-7, nº. 1237».
3.Juan Carlos Nicolau (2008). «Manuel José García (1784-1848) - Política y Diplomacia en el Río de la Plata» (en español). Librería Historica, de Emilio J. Perrot, página. 214».








martes, 8 de octubre de 2013

Palabras de agradecimiento. Mots de remerciements du général Bertrand Ract Madoux.



El Jefe del Estado Mayor del Ejército Francés de Tierra
General cinco estrellas Bertrand Ract-Madoux agradece la condecoración recibida.

          Je vous remercie, mon général, pour l’honneur qui m’est fait et auquel je suis très sensible. Par la remise de cette distinction, vous portez une nouvelle fois témoignage de l’estime mutuelle entre nos deux pays.

          J’y suis d’autant plus sensible que je mérite beaucoup moins cette décoration que l’un de mes lointains oncles maternels, le contre-amiral Manuel José Garcia-Mansilla, ancien directeur de l’Ecole Navale de la République Argentine qui fut décoré de la croix de la Légion d’Honneur, le 26 décembre 1878 en raison d’un acte d’une très grande bravoure.

          Jeune aspirant de Marine âgé de 19 ans en formation à l’Ecole Navale de Brest, il n’hésita pas, lors d’une manœuvre par gros temps, à se jeter à la mer au secours d’un autre aspirant tombé par-dessus bord, le sauvant d’une mort certaine. Sans son courage cet homme aurait été abandonné comme s’était souvent le cas à l’époque.

Condecoración y collar entregada por el Jefe del Estado Mayor del
Ejército Argentina, Teniente General Luis Pozzi.

          Le souvenir de cette action d’éclat me permet de rappeler l’ancienneté des liens historiques et culturels qui unissent nos deux pays. Bien évidemment, pour des raisons géographiques et historiques, ceux-ci ne tirent pas leur substance d’une longue tradition militaire commune. Et si les armées françaises et argentines ne peuvent se prévaloir de combats partagés, nos pays ne se sont, de même, que rarement affrontés sur le champ de bataille, une seule fois pour être précis. Ce fut lors de la bataille de la Vuelta de Obligado, le 20 novembre 1845, que nos deux pays considèrent d’ailleurs chacun comme une victoire.

          Cette bataille vit de plus, ironie de l’histoire, s’affronter plusieurs membres ou alliés de ma famille, d’un côté Don Juan Manuel Ortiz de Rozas, chef de l’Etat argentin ainsi que le général Lucio Norberto Mansilla, commandant des forces armées, de l’autre l’amiral Tréhouart, commandant l’escadre franco-britannique … De là à résumer les relations franco-argentines à une histoire de famille, il n’y a qu’un pas que je n’oserai franchir…

De izquierda a derecha: Hélène de Lestrange de Ract-Madoux, General Bertrand Ract Madoux
Sr. Manuel Rafael García-Mansilla, Coronel  Diego López Blanco, jefe del regimiento de
  Granaderos a Caballo General "José San Martín" , Sra. Dolores Franco Laplace de García-Mansilla,
Sr. Manuel José García-Mansilla,  Sra. María Inés de Uriburu de García-Mansilla, Sra de López Blanco
  y Embajador de la República de Francia en la Argentina , Sr. Jean-Pierre Asvazadourian
posan junto al mural que rinde homenaje al general Lucio Norberto Mansilla
cuarto abuelo del general condecorado.
          Permettez-moi donc de vous remercier pour la chaleur et la qualité de votre accueil. Je souhaite d’ores et déjà souligner la richesse des entretiens que nous avons eus et la grande qualité des présentations qui m’ont été faites aujourd’hui. Je suis impatient de pouvoir poursuivre ces rencontres lors de la visite du groupement des forces spéciales de l’armée de Terre et du collège militaire de la Nation.

Bertrand Ract-Madoux firma el libro de visitas del histórico Regimiento
de Granaderos a caballo General José de San Martín, a su lado, su primo
Manuel Rafael Garcia-Mansilla
          Sachez que l’armée de Terre français se tient prête à approfondir ces liens au travers, notamment, des domaines d’intérêt commun qui ont pu voir le jour depuis la signature de l’accord de coopération dans le domaine de la défense de 2004 , qu’il s’agisse de la modernisation de votre outil militaire dans des domaines aussi variés que la formation, l’aéromobilité et les expertises techniques aéroportées, sol-air ou montagne, comme de la valorisation de votre démarche d’intégration régionale ou de votre engagement régional dans la formation aux opérations de maintien de la paix.

domingo, 25 de agosto de 2013

Un merecido homenaje a Lucio Norberto Mansilla en Tonelero, en la localidad de Ramallo, Provincia de Buenos Aires.


En la mañana del sábado 15 de junio ppdo. se realizó un acto organizado por la Municipalidad de Ramallo en el paraje Tonelero, donde se descubrió un monumento al General Lucio Norberto Mansilla, militar y figura destacada de la Guerra del Paraná y se impuso también su nombre al camino de acceso al paraje. 

Estuvieron presentes el intendente Sr. Walter Ariel Santalla, la Directora del Museo Municipal, Museóloga Elsa Machado; funcionarios del gabinete municipal, concejales, consejeros escolares, el Secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Dr. Oscar Denovi, como así también representantes del Instituto Browniano Delegación San Nicolás; Javier Obligado descendiente del poeta Rafael Obligado; ex combatientes de Malvinas, integrantes de la agrupación "Patricios de Vuelta de Obligado" y vecinos del lugar, entre otros.

Al inicio fue descubierto el monumento al General Mansilla, elaborado por la firma Palau siendo su autor Juan Ignacio Pistone Palau, nieto del escultor Antonio Daniel Palau, quien contó que ya son tres los monumentos del General Mansilla en la Argentina, el primero de ellos está en Vuelta de Obligado, el segundo emplazado ahora en Ramallo y el tercero será instalado próximamente en Punta de Quebracho. 

Uno de los invitados especiales al acto fue el secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Dr. Oscar Denovi, quien dijo: “estamos recordando un hecho histórico del siglo XIX como fue Vuelta de Obligado y la resistencia subsiguiente que motivó el nombre de Guerra del Paraná. Aquella batalla, por muchos años fue disminuida por algunos historiadores a nombre de combate y aunque una batalla es un combate, es un combate de características trascendentes por la cantidad de elementos comprometidos en ella, por la envergadura y por la duración que tuvo”, a lo que agregó: “venimos a reparar el olvido, olvido maligno que tuvo la historia argentina, que tuvieron los hombres que escribieron la historia. Precisamente estamos empezando una nueva era en que habrá de conocerse la historia argentina en toda su envergadura y plenitud”. 



Luego fue el turno del Secretario de Desarrollo local, Sr. Hugo Bellocchio quien explicó que el acto fue con el objetivo de darle un monumento a uno de los héroes de la Guerra del Paraná. “Hace mucho que veníamos trabajando este tema, porque nos parecía necesario y porque creemos que esto que estamos haciendo hoy debía pasar porque no puede quedar en el olvido que la Guerra del Paraná lo tuvo al suelo ramallense como protagonista”.

Por último el intendente Walter A. Santalla destacó la ordenanza promovida en el año 1986 por el concejal Víctor Tiveri, mediante la cual se delimitó el sitio histórico y mencionando que el concejal "tuvo la visión de que este lugar era importante en la Guerra del Paraná y en las batallas de la nacionalidad. En aquel momento se sancionó una ordenanza que decía exactamente esto que estamos haciendo ahora: declarar el sitio y precisar el sitio histórico donde hacer el homenaje. Esto no tiene que ver con la casualidad, aquí debe haber sido el lugar porque es la parte más angosta del río y eso tiene mucho que ver con los emplazamientos de la guerra”. El intendente aseguró que “la verdadera importancia de este acto en particular tiene que ver con el rescate de nuestra historia, muchas veces distorsionada, falseada, ocultada y que gracias a Dios vamos pudiendo rescatarla para recordar a aquellos que fueron parte fundamental en la construcción de la nacionalidad" y destacó asimismo "la necesidad que tenemos los argentinos de rescatar a hombres que, como el homenajeado, tenían miras a largo plazo para pensar la patria, con proyección de grandeza, muy contrario a lo que hoy sucede". 



Felicitamos a todas las autoridades y funcionarios municipales, al escultor y a todos aquellos que de una u otra forma han tenido que ver con la construcción del monumento y la realización del merecido homenaje al Gral. Lucio Norberto Mansilla, héroe de nuestra nacionalidad.

Fuente: “El Restaurador” Periódico cultural e independiente de la ciudad de General San Martín ( Ciudad de la tradición) Año 7, número 28. Septiembre de 2013.

sábado, 2 de marzo de 2013

Agustina Ortiz de Rozas evocada por Rubén Dario.

LA SEÑORA DE MANSILLA 

Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla
1816-1898
¿ En donde están nuestros artistas curiosos o apasionados de belleza que dejen para los Niel, ó para los Goncourt que podamos tener en lo porvenir, siquiera en rápidos pero reveladores apuntes, la nota principal de gracia que anime ante las generaciones del futuro a las gentiles damas, a las únicas reinas nuestras, que desaparecen después de la victoria de la primavera.

La muerte de la señora Rozas de Mansilla hace pensar en la pobreza natural a tal respecto en nuestras naciones nuevas y democracias incipientes. Doña Agustina, una de las reinas de Beldad, americanas, habría merecido los tiempos y las artes de un Fragonard, de un Boucher, de un Chardin. En el siglo décimosexto francés tendría su puesto en esos delicados y deliciosos crayons que son hoy gala de las colecciones; y los miniaturistas del décimoctavo no habrían dejado de fijar sobre el más fino de sus trabajos, perfil tan soberbiamente encantador.

No he visto a la ilustre señora en su regia ancianidad, y jamás tuve la honra de su trato. Me la indicaron una noche, en el teatro azul del Pabellón. Estaba en las cercanías de los ochenta años. Había en la sala gran número de lindas damas. Ella, nevada de tiempo, no necesitaba sino de su presencia para hacer observar el imperio de la aristocracia. Era la douairière (1) que sustentaba aún en su inclinación crepuscular, el oriente de la antigua Margarita. Entre la floración reciente, guardaba la virtud indestructible de su encanto; entre tanta fresca vida, entra tantas encarnaciones de una estética forma humana que cada día se transfigura y se matiza en el beso de las razas bajo el sol argentino. Me aparecía como una abadesa feudal de la hermosura, que mantuviese el tipo gentilicio en la soberanía de la pureza clásica. En mi mal informada imaginación vibró el choque de un extraño contraste, cuando un cicerone amable me instruyo. “Es la hermana de Rozas”

No se comparecía, para mí, la aristocrática persona de aquella blanca marquesa extraída de un pastel de galería nobiliaria, con la soñada terrorífica faz del “gaucho salvaje de la pampa ruda”, entrevista allá lejos en mis primeros años, en las imprecaciones del poeta Mármol. No había aún admirado en casa del general Mansilla, un retrato de Juan Manuel que dice, como él, cesáreo y terrible dominador, era uno de los hombres más hermosos y bizarros de su época. Doña Agustina aquella noche mostraba el rostro inconmovible al tiempo, de un suave esplendor, de una de esas frescuras inmortales que por don de la divina Juvencia aun perfuman la historia con esos nombres que pareces nombres de rosas: Popeas y Ninones, Isabeles y Dianas. En su blancura mate se diluía una gota de aurora; y se ceñía á la frente escultural el casco de plata de una cabellera cuyo orgullo era la regia coquetería de aquella pregunta vana de una familia de bellezas. 

Abanico de Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla, donada
por Jovita García-Mansilla al Museo Provincial Enrique Udaondo.

En verdad, no era ni podía ser una belleza americana. Los primitivos tipos nuestros no dan á la mente de los artistas idealizadores sino mediocres Marinas, Liropeyas y Pocahontas, más afines con madame Chrisanteme que con una beldad de raza blanca. El tipo de base indígena con injerto europeo ha formado un especial modelo que se mejora y purifica en el tiempo, pero que señala su origen reciente. 

Doña Agustina era de purísima extracción, de principal alcurnia: todo el orgullo de las infanzonas y ricas hembras de las viejas Españas se siente rodar entre las sílabas de estos dos nombres, los de sus padres: Don León Ortiz de Rozas y doña Agustina López de Osornio. En el libro curioso y de innegable mérito que ha publicado el general Mansilla (2) sobre su tío Rozas, se encuentra el origen de donde brota esta sangre rica y fecunda que ha dado a la República Argentina regalos de valor, de gentileza, de arte, de inteligencia, y á la América su mayor tirano. La distinción inconfundible, la suprema imposición de un linaje de siglos, esa especie de dandismo femenino que al solo presentarse a nueva vista una alta dama manifiesta su legitimidad, ese algo con que “se nace” tan solamente, inadquirible como el talento y el carácter, se veía en el gesto de la señor, é irradiaba a cada movimiento, como la faceta en la gema de la joya. 

Agustina Ortiz de Rozas con su hija Eduarda
Mansilla de García, miniatura de Fernando
García del Molino. Año 1836, propiedad de la
familia García-Mansilla
En la intimidad, según los que la conocieron, su ingenio, también herencia familiar, se encendía y chispeaba. Tenía, dicen, el botonazo infalible y la riposta inmediata. Una persona de su familia me informa, me habla de su afecto por el lujo artístico de su casa; de los bibelots (3), de su gusto por la vajilla de plata. Esto hacer recordar a lo que escribe el general de su abuela, la otra Agustina: “El lujo de doña Agustina (en la mesa) consistía en la pulcritud del mantel y limpieza de los cubiertos de plata maciza” Tenía la pasión de los espejos. Ese narciso del otro sexo amaría la múltiple reproducción de su figura. Gustaba asimismo de las pieles y de los encajes y sedas. Son famosas entre sus amigas las pastillas perfumadas de sus sahumerios, de un perfume único, cuyo secreto solo ella conocía. Quería que en su casa hubiera muchas plantas y flores. Su frasco de sales era de oro puro. Ya veis que todo eso tiene lo que llama Mallarmé: “le charme des choses fanées” Es el pasado encanto, que aleja más y más cada día. Puede afirmarse que en nuestro continente jamás ha conservado por tantos años una mujer el prestigio de su belleza como en el caso de esta noble dama, en esto renovadora del milagro de Ninón. 

¿Cuál ha sido su método? No por cierto la leche la leche de las asnas romana. Me aseguran que aconsejaba á sus jóvenes amigas la abstención de los baños fríos. Amaba el ópalo del agua de Colonia. Nunca su cabello cambió de color, ni fue amiga de los afeites de última hora. Era clásica en la cultura de sus gracias y en la ornamentación de su maravillosa viviente estatua. A tales dones se juntaba una generosidad de estirpe. Como su marido el general y su hijo el General, así esa a ese respecto. “Jamás a mi tía abuela, me afirma un sobrino, le faltaba largueza”

El tirano tenía gran afecto a su hermana Agustina “Agustinita”

Se sabe que las cartas de ella a don Juan Manuel, después de la partida a Inglaterra, forman un grueso volumen y son de un interés que no necesita demostración. ¿Aparecerán algún día? Creo que estaríamos más cerca de madame Dudeffaud que de madame Sévigné. Las monadas sentimentales y los mimos encintados de color de rosa no deben de esperarse en una dama que guardaba en el estuche de su precioso cuerpo una alma fina y acerada como un arma antigua.

Ahora sería de averiguar por los que pueden hacerlo, su iconografía. ¿Cuántos retratos suyos existen desde que en la fragancia de sus primeros años enloqueció a la juventud de Buenos Aires, hasta cuando ya la abuela, madre de abuelos, recibía el homenaje de los actos mundanos á su inmarcesible é imperiosa supremacía? Yo he de guardar como una visión de nobleza y de pulcritud –en el sentido latino de la palabra- la figura de esa reina desaparecida; y creería no haber cumplido con un deber de arte, y no me juzgaría digno de volver a casar dos rimas armoniosas, si no saludara en su partida al paraíso de las princesas, á la que encarnó aquí la sagrada Eurituria amada de los dioses, y pudo recoger con gesto de orgullo la manzana de Paris: “Á la más hermosa”

(1) Viuda de la clase noble.
(2) Lucio Victorio Mansilla. Rozas. Ensayo Histórico-Psicológico. Garnier Hermanos, París. 1898
(3) Objeto curioso.

FUENTE: Rubén Darío. El tiempo de Buenos Aires. Año 1898

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