sábado, 17 de abril de 2021

CATALINA ORTIZ DE ROZAS DE MANSILLA

CATALINA ORTIZ DE ROZAS DE MANSILLA
En general es poco conocida la vida de Catalina Ortiz de Rozas y Almada y su familia. Hay innumerables escritos sobre su marido Lucio Victorio Mansilla, pero poco y nada de quién fue la madre de sus hijos. Por eso, hoy la quiero homenajear. La fotografía que ilustra este artículo, gentileza de mi querido primo Prudencio Martínez Zuviría es una tarjeta de visita que ella usaba en la época. Tengo la certeza que no hay otra imagen de ella. Me agradaría estar equivocado.





Fue hija de Prudencio Ortiz de Rozas y López de Osornio y de Catalina de Almada y Toscano. Fue bautizada en Buenos Aires el 12 de mayo de 1831 y murió en la misma ciudad el 26 de noviembre de 1895.


Contrajo matrimonio con su primo hermano Lucio Victorio Mansilla, en Buenos Aires el 18 de septiembre de 1853. Tuvieron cinco hijos: Andrés Pío, nacido en Buenos Aires el 11 de julio de 1854. Murió durante la epidemia de fiebre amarilla a los diecisiete años en 1871; Maria Luisa, nacida en Buenos Aires el 13 de noviembre de 1860 y muerta a los veinticuatro años el 25 de julio de 1885. Contrajo matrimonio con el Conde Maurice Voisins y de Harmond. Tuvieron una hija llamada Emelina, la que murió al cumplir un año; Lucio León Emilio, nacido en Buenos Aires el 17 de enero de 1863 ; Eduarda Esperanza nacida el 14 de noviembre de 1868 y murió a los veinticuatro años el 11 de agosto de 1892. Contrajo matrimonio con José Augusto Perkins Navarro. Tuvieron una hija que nació el 18 de marzo de 1890 a la que pusieron de nombre Rosemonde. Con tan solo dos años de edad quedó huérfana y quedó al cuidado de su abuela Catalina y León Carlos que nació en Buenos Aires el 8 de abril de 1872.


Prudencio Ortiz de Rozas y López de Osornio
- Buenos Aires 1800. Sevilla, España 1859 -

Como verán, tuvo una vida signada por la tragedia. Perdió a sus cinco hijos y a una nieta en vida de ella. La única nieta que sobrevivió a tanto dolor, llamada Rosemonde le dio una razón para seguir viviendo y aceptar su destino y con las pocas fuerzas que le restaban ocuparse de su educación. Carlos Alberto Mansilla Ortiz de Rozas, su cuñado, nos dejó sentidas palabras sobre esta mujer abnegada.


“Con Catalina Rozas, el general Mansilla formó una familia admirada y respetada, que desapareció muy pronto, ante los inexorables designios de Dios, sufridos, en medio de los grandes afectos, que recibió de parte de sus contemporáneos, en premio a sus mejores y más empeñosas empresas, como militar, escritor, político y hombre de gobierno.”


“Catalina Rozas – modelo de virtud – es todavía recordada por las pocas grandes damas de su época que le han sobrevivido, entre ellas la señora doña Rufina Reynolds de Garmendia, quién cuando habla de su persona refiere cuan bella se le presentó en su casa el día que le hizo su visita de desposada”


“En su hogar Catalina Ortiz de Rozas era una de aquellas matronas que sólo vivían para el culto de la familia, ayudando a su esposo, el ilustre general, cuando comenzaba los primeros pasos en su azarosa vida de escritor y de político. Todavía existen personas que recuerdan haberla visto dentro de la modestia de su hogar servir de secretaria a su esposo, al redactor de artículos que escribía para la prensa del Paraná, mientras sus hijos dormían y cuyo sueño al mismo tiempo velaba.”

Palacio de Monsalud. La casa de sus padres en Sevilla, España


“Esta noble señora, triunfante ya en general en su vida pública, desapareció de los grandes salones y de la sociabilidad argentina cuando la fatalidad dio muerte a todos sus hijos, dedicándose a cuidar con todo esmero y afección a su única nieta.”
“Su íntima amiga, doña Cipriana Lahitte de Sáenz Peña – esposa y madre de los doctores Luis y Roque Sáenz Peña, que fueron presidentes de la República – refería, hasta poco antes de su muerte, que no obstante la amistad íntima que las unía, no consiguió jamás moverla de su retiro.”


“Eduarda Esperanza –nombre impuesto en homenaje a su querida hermana Eduarda Damasia - que fue la última de esos hijos en desaparecer, era una hermosa joven, de aquellas que, educadas en Europa, unía a su belleza singular un espíritu intensamente cultivado, y del tal magnitud que Sarah Bernhardt, en París, le auguró mejor destino que el suyo en el teatro.”


“En medio de su exquisita feminidad, fue en su tiempo precursora de la mujer deportiva que hizo de ella una figura sobresaliente, en nuestra sociedad; hija de un célebre tirador y esgrimista, manejaba las armas con la misma maestría que su padre; jugaba al billar con el autor de sus día, derrotándolo a menudo, quitándole muchas carambolas; andaba a caballo como una verdadera amazona, arrancando numerosos aplausos en las avenidas de Palermo cuando su brioso corcel (uno de los mismos que “jineteaba” el general) se encabritaba, y ella con la aristocracia y a la vez enérgica mano, lo dominaba, poniendo a veces en grandes apuros a Mansilla, que era su eterno caballero en aquellas matinales excursiones.”


“Esta hija tan querida, se unió en matrimonio a Jorge Alfredo Perkins. Los jóvenes esposos establecieron su residencia al pie de los Alpes Marítimos, en Mentón, donde el ingeniero Perkins desempeñaba las funciones de cónsul argentino. Su residencia se convirtió bien pronto en el punto obligado de reunión de muchas intelectualidades francesas, que concurrían a hacer música y poesía y oír hablar de las tierras del Plata, que hasta entonces en esa ciudad francesa se conocían como “terre de sauvages”


“Entre los muchos concurrentes frecuentaba el hogar de los Perkins la notable literata Rosmond Gerar de Rostand, esposa de Edmond Rostand, que fue la madrina de bautismo de la única hija habida en ese matrimonio, Rosita Perkins Mansilla, hoy la esposa del ya prestigioso jurisconsulto anglo-argentino docto Carlos G. Bollaert, hijo de Mr. Charles W. Bollaert, uno de los “ases” de su tiempo en la colectividad británica en la Argentina, y nieto de Mr. William Bollaert, caballero de la Torre y de la Espada de Portugal, voluntario en el asedio de Oporto en 1832, durante la guerra miguelista de Portugal.”


“Este último, militar, explorador, geógrafo, químico y literato, fue una de las figuras sobresalientes en Inglaterra durante la primera mitad del Siglo XIX. Observador e investigador llevó su espada y brindó su acción a varias expediciones en Portugal y más tarde en España, haciendo la crónica de los episodios militares, desde el año 1832 a 1840, con tanta precisión y amenidad que mereció el calificativo de “Historiador Oficial” de las guerras de la sucesión.”


“Su actividad como químico, como explorador y como hombre de letras lo trajo a Sud América, donde hizo muchas y grandes cosas, siendo una persona muy recordada durante largos años con entusiasmo y admiración tanto en la Argentina como en Chile, conceptuado siempre como un verdadero americanista después de la publicación de su obra: “Nueva Granada, Ecuador, Perú y Chile” publicada en 1860…”


“Rosa Perkins Mansilla, nieta sobreviviente del general Lucio Victorio Mansilla, de su unión con el doctor Carlos G. Bollaert ha tenido tres hijos: una mujer de nombre Giselle, fallecida muy niña; Carlos Guillermo y Lucio Alberto Mansilla. De modo, pues, que el protagonista de Soiza Reilly tiene actualmente su representación en esta distinguida dama, tan bella y talentosa como su abuelo el general Lucio Victorio Mansilla y su señora madre Eduarda Esperanza Mansilla Ortiz de Rozas que fue una “perla de nuestros grandes salones” durante los últimos años del siglo pasado, y en sus dos hijos varones que son toda una promesa entre nuestros hombres de futuro”

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