LA FRAGATA LIBERTAD
Y EL PAÍS QUE PODEMOS SER
Reflexiones sobre liderazgo, vocación de servicio y proyecto común a
partir de una experiencia a bordo del buque escuela de la Armada Argentina.
Hay
experiencias que perduran no tanto por lo excepcional del viaje como por lo que
revelan. Embarcar en la Fragata Libertad fue, para nosotros, algo más que
conocer un buque emblemático de la Armada Argentina: fue una oportunidad para
observar, en funcionamiento real, una forma de organización, de liderazgo y de
servicio que ofrece una lección válida más allá del ámbito naval.
La
vida a bordo se rige por un orden preciso. Cada función tiene su lugar, cada
tarea su tiempo, cada responsabilidad su sentido. Nada es accesorio. El buque
avanza porque todos cumplen con lo que les corresponde. Esa coordinación no es
solo técnica: es una forma concreta de entender el trabajo en común.
Sin
embargo, lo más valioso no está únicamente en la organización visible. Detrás
de los rangos, los uniformes y las jerarquías hay personas: hombres y mujeres
con historias, intereses y familias. En conversaciones sencillas aparecen la
música, los viajes, el deporte. Esa dimensión humana no debilita la
institución; por el contrario, la sostiene.
Gregorio José Uriburu
De allí surge una enseñanza simple y exigente a la vez: no hace falta la perfección para realizar una tarea grande, pero sí compromiso, responsabilidad y sentido de misión. Lo que se percibe es una vocación de servicio que no se declama: se practica.
Esa
experiencia permite comprender de un modo concreto qué significa amar a la
Patria. No como consigna abstracta, sino como conducta cotidiana: cumplir con
el deber, cuidar lo que se tiene, respetar al otro y pensar en el conjunto. No
se cuida lo que no se ama, y no se mejora un país sin asumir esa responsabilidad
compartida.
La
Fragata Libertad aparece, así como algo más que un buque escuela. Puede leerse
como una imagen posible del país que podemos ser: una comunidad en la que las
jerarquías ordenan sin aplastar, el liderazgo se ejerce con respeto y el esfuerzo
individual se integra en un proyecto común.
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| Alejandro Uriburu |
Nos llevamos, más que recuerdos, una convicción serena: cuando el amor por la Patria orienta el rumbo, incluso las travesías difíciles pueden recorrerse con dignidad.
A las autoridades de la Armada Argentina
y a la dotación de la Fragata ARA Libertad:
En nombre de mi familia y en el mío propio, deseo expresar nuestro sincero agradecimiento por la invitación a navegar en la Fragata Libertad.
Para la familia García-Mansilla, cuya vinculación con la Armada Argentina se remonta de manera ininterrumpida y simbiótica a 1872, esta experiencia tuvo un significado particularmente hondo. No fue solo un honor, sino también la confirmación de una continuidad de valores y de una tradición de servicio que atraviesa generaciones.
Recibimos esa invitación con gratitud y con el respeto que merece una institución con la que nos sentimos históricamente unidos. Agradecemos especialmente la atención y la consideración con que fuimos acogidos a bordo.
Reciban ustedes nuestro reconocimiento y estima.
Atentamente,
Manuel Rafael García-Mansilla, Leopoldo García-Mansilla, Gregorio José Uriburu y Alejandro José Uriburu.
Descendientes directos del Contraalmirante Manuel José García-Mansilla y del Vicealmirante Vicente Estanislao Montes.


