domingo, 15 de mayo de 2011

El general Hervé Michel Gobilliard, presidente de la Liga de miembros de la Legión de Honor es homenajeado en México.


Con sano orgullo familiar, queremos compartir la especial distinción que se le brindó a un miembro de nuestra familia en ocasión de su visita a los Estados Unidos de México el pasado mes de abril.  

El homenajeado fue nuestro primo el general Hervé Michel Gobilliard, casado con Roselyne Bouffard, hijo de Gilbert Gobilliard y Monique Jozan Marrier de Lagatinerie. Sus abuelos eran Emile Jozan y Lucienne André Marrier de Lagatinerie García-Mansilla. Bisnieto de Charles Jules Marrier de Lagatinerie y Eduarda Manuela Agustina Nicolasa García-Mansilla.

Fue en la embajada de Francia en México el pasado 27 de abril, En la oportunidad el Embajador de Francia en México, Daniel Parfait, ofreció por la noche una recepción en honor del General de Ejército Hervé Gobilliard, presidente de la Liga de los miembros de la Legión de Honor, en presencia del Sr. Miguel Arnoldo Alemán, presidente de la empresa Interjet miembro del Grupo de Alto Nivel Francia, México, y presidente de la Sección México de la Liga de los miembros de la Legión de Honor.

Embajador Daniel Parfait, General Hervé Michel Gobilliard
y Miguel Arnoldo Alemán
El general Gobilliard se encontraba de visita en México para asistir a las ceremonias de conmemoración de la Batalla de Cameron (Veracruz), que se llevó a cabo 30 de abril 1863, durante la Segunda Intervención Francesa. Esta batalla marcó la historia de la Legión Extranjera, ya que se caracterizó por la heroica resistencia de 63 legionarios franceses contra 2.000 soldados mexicanos.

El general exaltó con emoción el coraje de los soldados mexicanos y franceses que lucharon en esta batalla y que "contribuyó a escribir una de las más bellas páginas de la gloria de nuestros dos países".

"En este episodio de nuestra historia, nació un respeto mutuo entre nuestros dos pueblos, que continúa hoy en día, dijo el Embajador al pronunciar unas palabras referidas a dicha batalla.

El embajador francés, destacó la trayectoria del general Gobilliard en el ejército francés, haciendo mención a algunos de los cargos que el mismo desempeño en su brillante carrera militar. En 1989 fue nombrado asistente de "Tierra" en el gabinete militar del Ministro de Defensa antes de tomar el mando de las instituciones de formación del Ejército en 1995.Se desempeñó como Inspector del Ejército en 1999 y gobernador de los Inválidos desde 2002 hasta 2009. También ordenó a la Fuerza de Protección (UNPROFOR) en Sarajevo de 1994 a 1995.


Daniel Parfait, Roselyne Bouffard de Gobilliard
y Hervé Michel Gobilliard.

Además, el general Gobilliard es desde el 2010 Presidente de la Sociedad de los miembros de la Legión de Honor, creada tras la Primera Guerra Mundial para proporcionar un marco de asistencia a los veteranos que fueron honrados con la Legión de Honor y a sus familias. Hoy maneja una serie de instituciones como las Casas de Educación de la Legión de Honor, y mantiene el vínculo de solidaridad entre las personas que recibieron esta distinción, contribuyendo así a mantener el prestigio de la Legión de Honor.

Con motivo de la recepción, el Sr. Miguel Arnoldo Alemán presentó el libro "Dos Siglos, dos Naciones: Francia y México" , dedicada a la historia de la Legión de Honor en México. Recordó en la oportunidad el honor de los soldados mexicanos que participaron en la Batalla de Cameron, quienes proporcionaron atención médica a los legionarios franceses derrotados, el Sr. Arnoldo Alemán celebró los fuertes lazos entre Francia y México. "Me siento orgulloso de ser mexicano, pero también estoy orgulloso de llevar la Legión de Honor en mi corazón", dijo.

Por iniciativa de la sección mexicana de los miembros de la empresa de la Legión de Honor, este libro bilingüe, cuya introducción está firmada por el Sr. Arnoldo Alemán, dedica un capítulo importante en las personalidades mexicanas que han sido condecoradas con la Legión de Honor. Un capítulo del historiador Jean Meyer, se refiere a las relaciones políticas entre Francia y México. Otra sección traza la historia compartida de ambos países, desde el nacimiento del Segundo Imperio, incluyendo las campañas de Napoleón III en México, hasta la Batalla de Cameron y el gobierno de Benito Juárez. Este libro también describe la evolución de las relaciones económicas y los intercambios culturales entre los dos países.

"Si tuviera que mantener una idea en su libro, mi querido Miguel, es que nuestro país puede haber experimentado tiempos difíciles - y hasta guerras! - Pero la fuerza y ​​la profundidad de la amistad entre nuestros pueblos nunca han sido desmentidas ", concluyó el Embajador.

Relacionado con la visita que comentamos, en un acto conmemorativo realizado en el marco del 148 aniversario de la batalla de Camarón el gobernador Javier Duarte de Ochoa destacó que Francia y Veracruz comparten la historia más allá de las diferencias ideológicas y políticas.

Ante el embajador galo Daniel Parfait y el general Hervé Gobilliard, el gobernador destacó que Francia y Veracruz comparten la historia más allá de las diferencias ideológicas y políticas.

El mandatario veracruzano consideró que la Batalla de Camarón representa un capítulo de heroísmo en la historia de Veracruz y Francia. Además, Javier Duarte consideró que las armas de aquel 30 de abril de 1863 a las actuales, cambiaron, sin embargo, se mantienen los ideales e incluso se unen fuerzas para mejorar el nivel de vida de mexicanos y franceses.

Hervé Gobilliard agradece el homenaje brindado.

“Nuestras coincidencias son mayores que nuestras diferencias”, reiteró Duarte de Ochoa, quien fue condecorado por el general Hervé Gobilliard al entregarle la medalla de los integrantes de la Legión Extranjera.

La misma condecoración recibió el alcalde de Camarón de Tejeda, Luis Hildeberto Palacios Ortega, y el comandante de la Sexta Región Militar, René Carlos Aguilar Páez, quien dio lectura al parte de guerra de las fuerzas nacionales que protagonizaron la batalla de Camarón.

Durante la ceremonia, el general Hervé Gobilliard recordó que franceses y mexicanos cumplieron con su deber de soldados al enfrentarse aquél 30 de abril de 1863, pero admiró el valor de las fuerzas nacionales. “Los jóvenes deben estar orgullosos de sus antepasados”, aseveró. Gobilliard reconoció al general Aguilar Páez como un digno heredero del glorioso Ejército Mexicano.

Finalmente, el embajador francés Daniel Parfait afirmó que “Camarón resuena en el corazón de los Legionarios”.



Fuentes: Joel Gobilliard ; Francia en México y Quien.com
Fotografías: César Toledo.

sábado, 14 de mayo de 2011

ALVARO BARROS, FUNDADOR DE OLAVARRÍA

Alvaro Barros, el fundador de Olavarría, murió el 13 de enero de 1892 en la ciudad de Buenos Aires. Olavarría no le concedió honras fúnebres. Para la política de la época, envuelta en las pequeñas rencillas de cada día, la figura de ese hombre no tenía la importancia que se le daba a cualquier comerciante o funcionario del momento ni la que él tenía a nivel nacional. Estaba todavía demasiado cerca la fundación con sus medidas económicas -entre ellas las experiencias de cultivo de trigo del mismo Barros-, las primeras industrias, la gran inmigración, y los tiempos del nuevo pueblo ya no eran los de la avanzada pobladora y los malones.

No se le dio a la ciudad su nombre ni su estatua preside la plaza principal. Pasaron muchos años hasta que los estudiosos locales descubrieron sus cualidades humanas y cívicas y se lo homenajeó en la plaza que lo recuerda.

Recorrer su vida en esta zona y leer su obra "Fronteras y territorios federales de las pampas del sud" (1872) nos acerca a los primeros tiempos de Olavarría.

¿Quién era Alvaro Barros?

Había nacido en Buenos aires el 18 de marzo de 1827, hijo de Alvaro Santiago Barros, descendiente de una ilustre familia de Tuy, Galicia. Su padre había sido cadete del Regimiento de Granaderos a Caballo fundado por San Martín y había participado en la guerra con Brasil. Por la persecución del partido rosista tuvo que emigrar con su familia a Montevideo. Allí formó parte del grupo Libertad y actuó como agente secreto de Juan Lavalle. Regresó a Buenos Aires después de la batalla de Caseros y fue nombrado comisario de guerra del ejército en la Frontera Sur. Luego fue juez de paz en San Nicolás y más adelante prefecto marítimo y tesorero de la Aduana de la capital. Es por esta trayectoria del padre que se aplicó a Alvaro Barros el viejo refrán español "de casta le viene al galgo". Sería un casta muy ligada a la provincia de Buenos Aires y la frontera también por su madre, Manuela García Ferreyra, hija del coronel Pedro Andrés García, autor de los libros "Diario de un viaje a Salinas Grandes-1810" y "Memoria sobre la navegación del Tercero y otros ríos que confluyen al Paraná", entre otros. En 1920 entregó a pedido del gobernador Soler un informe sobre la provincia, en el cual resaltan los párrafos destinados a pedir la humanización de las relaciones con los indios y la necesidad de eliminar la corrupción y la violencia.

Esa era la formación familiar de Alvaro Barros cuando, después de vivir los eventos que llevarán desde Caseros hasta la separación de Buenos Aires entre 1852 y 1862, llega en 1855 a Azul.

El año 1855 es crítico. En Tapalqué hay una gran invasión de los indios, que toman prisionero al Juez de Paz Ezequiel Martinez. Bartolomé Mitre (Ministro de Guerra y Marina) viene a poner orden pero se produce la derrota sin combate de Sierra Chica.

Alvaro Barros es enviado a Azul y nombrado ayudante del general Manuel de Escalada. Más tarde pasa a ser Segundo Jefe del Cuerpo de Coraceros al mando de Nicolás Ocampo. Su actuación más importante tiene lugar en la batalla de Tres Arroyos. Junto a las acciones que se conocen como la batalla de Pigué, devuelve la moral a las tropas y obliga a Calfucurá y sus aliados a replantear su ofensiva.

Existían la tropa de línea y la Guardia Nacional, que debía cuidar el interior de la provincia de Buenos Aires con soldados profesionales y no sólo con pobladores sorteados para ese empeño. Su situación era precaria, con 350 hombres mal aprovisionados y armados. En 1865 vino a completar el cuadro de dificultades la guerra contra el Paraguay. Había, así, dos frentes de permanente batalla mientras la frontera quedaba aún más desguarnecida por la movilización al frente paraguayo. Es entonces que Alvaro Barros es nombrado Comandante del Regimiento 11 de Infantería de Línea y 2° Jefe de la Frontera del Sud y Costa Sud. Llegó con dieciseis oficiales y con un grupo de voluntarios y se encontró con el coronel Benito Machado, que le traspasaba el cargo de encargado de esa sección de la frontera.

Lo primero que enfrentó fue la corrupción, que llevaba al comercio ilegal de buena parte de las provisiones destinadas a los indios y al comercio del botín de las correrías y malones en la propia frontera. Donde aparecían registrados 800 caballos había 365, donde figuraban 900 soldados había 339. Se debían sueldos y se mantenía el gasto de un escuadrón que no había llegado a crearse. Comunicó sus observaciones y el resultado fue un enfrentamiento con Machado, que lo llevó a renunciar.

Durante su renuncia se produjo la gran invasión en Tapalqué, con pérdida de cautivos y 30.000 cabezas de ganado, sin que se les persiguiera. Al llegar Alvaro Barros firmó un acuerdo con Calfucurá con mutuas devoluciones de prisioneros y con el pago a los indios de raciones atrasadas. Poco después Barros fue ascendido a Teniente Coronel y propuso la fundación de Olavarría en un sitio que ya el coronel Ignacio Rivas había señalado como adecuado.

En marzo de 1867 el Gobernador Adolfo Alsina visitó Azul y desde allí fue a Olavarría, "que ya tenía seis manzanas pobladas". En una carta que manda Alsina desde Tandil durante ese viaje de revista, dice: ´El día siguiente de mi llegada lo pasé en el campamento del Comandante Barros situado a diez leguas del Azul sobre el arroyoTapalqué. Les aseguro a ustedes que el buen orden de las construcciones, tanto de cuadras como de corrales, etc, hace honor a la inteligencia y contracción de aquel jefe. A espaldas del campamento existe ya un plantel para el pueblo y mi opinión es que dando allí la tierra con generosidad se podría llegar a formar un centro de población que contribuya poderosamente a la defensa´.

Alvaro Barros hizo plantar trigo de gran calidad y utilizó trabajo de indios para acercarlos a la población. Hasta proyectó crear una sociedad con los oficiales, que no pudieron hacerlo por no recibir su paga, lo que les hubiera permitido comprar semilla y herramientas. Fue un empresario llamado José Barés quien más adelante cosechó un trigo de excelente calidad.

Es largo y apasionante seguir la vida de Alvaro Barros en la frontera, sus relaciones con Calfucurá y sus realizaciones civiles relacionadas, como era lo corriente entre los militares de su tiempo, con la afiliación a la logia masónica de Azul. También su obra como escritor, que trascendía de la crónica o el ensayo militar.

Su trayectoria, que incluye el cargo de gobernador de la Patagonia, lo aleja de Olavarría. Es interesante señalar que tanto sus chacras como un solar situado frente a la plaza central de Olavarría, no pudieron ser escriturados porque no podía ocuparlos por un año corrido como era requisito y no quería poner personero -algo alejado de su estricta moral-. Para los que hoy son los lotes situados en Vicente López desde el Banco de Olavarría hasta la esquina de Gral. Paz tenían lo que se llamaba "vocación de propiedad" los militares Supisiche, Levalle y Alvaro Barros. Sólo Levalle fue efectivamente vecino por el tiempo de ley, escrituró y más tarde vendió su propiedad al señor Rendón.

En 1911 se le dio el nombre de Alvaro Barros a esa plaza y en 1967, año del Centenario de la Fundación, sus hijas trajeron la urna con sus cenizas, que descansan al pie del monumento, obra del escultor porteño Roberto Capurro.

Alvaro Barros, como hemos dicho, fue un importante escritor dentro de la tradición de los estudiosos de Historia y Estrategia, aunque también publicó notas literarias y cuentos.

Su obra:
Fronteras y territorios federales de las Pampas del Sud. Indios, fronteras y seguridad interior.
Actualidad financiera de la República Argentina
La guerra contra los indios
La política brasilera y la juventud argentina (en colaboración con Carlos Luis Paz)
El Ejército y el Reglamento del Coronel Lucio V Mansilla
Memoria especial del Ministro de Guerra
Informe al Ministro de Guerra de 1878
Memoria de la Gobernación de la Patagonia
Conformación de la defensa del Tte Cnel don Ricardo Méndez
´La mulita del Teniente´,cuento publicado en la Revista del Río de la Plata, y otros relatos

ALVARO BARROS – Un militar digno
María Inés Cardenas de Monner Sans
Editorial Leviatan-1992

miércoles, 4 de mayo de 2011

Parte del coronel don Pedro Andrés García sobre la defensa de la línea del sur y rendición de la brigada del general Craufurd - Segunda invasión inglesa, Julio de 1807

Pedro Andrés García de Sobrecasa 1758-1833
“Señor general en jefe: “En cumplimiento de la orden V. E. del 8 del corriente, para que a la posible brevedad pase a esa superioridad una razón de muertos, heridos y dispersos en el cuerpo del mi mando, y otra de todos los oficiales de él, con especificación de las acciones en que cada uno se haya distinguido, debo exponer: Que los capitanes 1°, 2° y 4 del batallón cántabros no se hallaron a la cabeza de sus compañías. El primero y último por ser miembros del cabildo, y el segundo por haber expuesto antes de salir a campaña estar en comisión reservada de V. S. “Los respectivos puestos en estos oficiales han sido desempeñados por sus tenientes don Joaquín Gómez Somanilla, que murió en la acción; don Manuel José García, y don José Gabriel de Oyuela, bajo cuyas órdenes estuvieron dichas compañías hasta rendir al enemigo.

“El capitán de la tercera don Fernando Días de la Riva se mantuvo al frente de ella con igual valor y constancia, y según sus posiciones, respectivamente uniformaron la defensa, excediéndose a sí mismo en valor, por un transporte de entusiasmo de amor al rey y a la patria, casi con desprecio de sus vidas, procurando inflamar a los soldados de su mando, de tal manera que les fue necesario trabajar más en precaverlos del riesgo que en conducirlos al combate. 

“Luego que este batallón se replegó a la ciudad con la primera división del ejército a las diez de la noche del día 2, guarneció la plaza, y el 3 se le destinó a defender la calle y entradas del barrio de Santo Domingo, Hospital de Belén y San Francisco, ocupando las azoteas que norte-sur, eran de avenida para el enemigo.

El 4 se me dio comisión para hacer una cortadura o zanja que evitase la entrada a la plaza de armas, que con parte de mi tropa di terminada a las cuatro de la mañana del 5; y restituida esta tropa a sus puestos, bien municiada toda, y con auxilio de granada de mano (cuyo uso se les hizo entender en el día anterior), quedaron esperando el momento de emplearse según sus deseos.

Óleo que recuerda el combate de Santo Domingo
“En efecto, a las seis, y a los movimientos del enemigo anunciaron su ataque general, y como a las seis y cuarto se presentó una columna de cazadores rifles, como de 400 hombres, que ordenó su marcha de diez de frente, a atacarnos y ocupar la plazuela de Santo Domingo. La fuerza del batallón, prolongada en las azoteas del preciso paso del enemigo por derecha e izquierda, y alguna de frente, reservó sus fuegos, según se lo ordené, hasta el preciso momento de estar bajo de nuestros tiros, y llegado éste, se efectuó con tanta viveza y acierto, que a la segunda descarga, se replegó el enemigo, dejando la calle cubierta de heridos y muertos. Repitió su empeño otra más numerosa columna de diversos cuerpos de infantería que vimos formar como a 400 varas de nuestra posición, que con el mayor denuedo vino a atacarnos, y la ejecutó con valentía, hasta el punto de la primera, en que, a pesar de los esfuerzos de sus bravos y valientes oficiales, muertos éstos, se retiraron en desorden, con más numerosa pérdida, abrigándose de los muros del convento de Santo Domingo, que los separaba de nuestros fuegos.

“Luego formó otra columna de diversas tropas en la plazuela del Hospital de Belén, que, más cauta que las anteriores, emprendió desde aquel punto su ataque por derecha e izquierda, haciéndonos un vivo fuego, a que no se contestó hasta tenerlos bajo el nuestro, y entonces se les castigó su osadía, como a los anteriores, pues retirándose en desorden buscaron el mismo abrigo. “A poco tiempo de esta retirada vimos reunirse aquellas tropas a otras, que de la parte del Oeste venían a aquel punto, que lo era de reunión, las cuales conducían un pequeño cañón, y una bandera o gallardete de división, y que sólo trataron de salvar la bocacalle, para reunirse con las demás, refugiadas a espaldas del convento. “El enemigo, perdida toda esperanza de posesionarse de la plaza, forzó una puerta auxiliar del convento y ocupó los claustros e iglesia, las alturas, bóvedas coro y torre, desde donde nos hacía un fuego dominante y cierto, a cubierto de los muros, y aun parapetado de colchones y muebles, en los pocos flancos que podíamos descubrirle. “Abrieron mechinales para asegurar mejor sus tiros, de que resultó ser inmediatamente muerto el teniente de la 1° compañía don Joaquín Gómez Somanilla con varios soldados, y heridos otros. “

En este estado, me pareció oportuno mandar retirar a la posición de la 4° compañía, a la 1° y 3°, por hallarse más dominadas y expuestas a ser totalmente sacrificadas.

Aquella lo ejecutó prontamente, y ésta, que mandaba el capitán Díaz, tuvo que abrirse paso por su retaguardia avanzando al enemigo, que ya le dominaba por su espalda desde una azotea inmediata, a la cual atacó, e hizo trece prisioneros, entre ellos tres oficiales, y, evacuado así el paso, se reunió inmediatamente a su cuerpo este capitán, con la vigilancia que le es propia. “El batallón continuaba su activo fuego, y con él obligaba al enemigo a no salir de sus trincheras, pero siendo necesario, o sufrir una pérdida lamentable, o abandonar un punto tan interesante, para evitar estos extremos, se hacían precisos nuevos auxilios, especialmente de artillería, con que batir las puertas del convento, y avanzarle, a cuyo fin dirigí a V. S. los partes correspondientes, y como éstos no llegaban con la presteza de mi deseo, en medio del fuego enemigo ocurrí personalmente a la plaza en solicitud de cañones, que se me franquearon con las órdenes más expresivas para batir el convento.


Volví prontamente a mi puesto, en donde se hallaba el fuego en la misma actividad que le había dejado, y dispuestos los oficiales para quebrantar las puertas del convento y avanzarle, de cuyo ardor y temerario arrojo los separé haciéndoles entender que no habían podido observar las fuerzas que el enemigo tenía en aquel punto, que esto se verificaría luego que llegase la artillería que había solicitado y venía marchando. “En este intermedio nos propusieron los enemigos tres señales de parlamento resultaron falsas, con cuyo arbitrio lograron, en el primero, que salí a contestar, matarme un soldado que estaba a mi lado, y la continuación de su fuego me obligó a retirarme. “Intentaron con señales más expresivas de rendirse, y entonces dieron muerte al teniente de la tercera compañía don Francisco Maderna y a cuatro hombres más, bajo del mismo pérfido engaño.

Continuaron su vil y cobarde preceder, y a pesar de mis exposiciones, no pude arredarar al primer edecán de V. S. don Baltasar de Noguera, de que se presentase a contestar la señal parlamentaria, y fue en el momento víctima cruel de la mala fe de aquellos procederes.

“Continuaba el fuego sin intermisión, y habiendo dispuesto colocar el cañón en auxilio de una huerta que descubría francamente las alturas, coro y torre del convento, se situó en ella protegido de la fusilería, y el obús, que en igual auxilio se había colocado en otro punto, de acuerdo con el capitán don Bernardo Pampillo, rompieron el fuego a la señal que habíamos acordado. El cañón correspondió a nuestros deseos, porque precipitó con la metralla de las alturas y torre muchos de los enemigos. El obús se vió precisado a retirarse por estar sin reparo alguno a los fuegos del enemigo.

“Terminaron los falsos parlamentos con el regidor don Miguel Fernández de Agüero, capitán de la 1° compañía, que por atenciones públicas no había podido cubrirla, ni acercarse a ella por los fuegos que lo impedían, y se reunió a cuatro hombres del cuerpo, que se hallaron dispersos entre los fuegos de los falsos parlamentos, y otros voluntarios que lo acompañaban, con cuya partida batía al enemigo, alojado a espaldas del convento, donde conservaba el pequeño cañón de que arriba se ha hablado. Este capitán se acercó demasiado confiado al parlamento que lo llamaron, y estando en la conferencia de su rendición, burlaron su buena fe y le hicieron fuego a metralla y de fusilería, con la que mataron ocho hombres e hirieron seis, incluso el tambor parlamentario, salvando dicho capitán por la cuadra, o manzana opuesta, con los que pudieron seguirle, horadando paredes y pasando sobre tejados al descubierto de los fuegos enemigos. Hasta lograr situarse en una azotea, desde donde continuó sus fuegos y defensa, con daño cierto del enemigo.


“Y por lo tanto, asomó en todos los puntos de altura banderas parlamentarias, que V. S. le permitió por medio del señor general de división don Francisco Xavier Elío, y quedó prisionero de guerra a las cuatro de la tarde; teniendo este cuerpo la satisfacción de poner en segura custodia su persona, la del coronel Dionisio Pack, a 26 oficiales, 965 soldados de tropa escogida, con 76 heridos, después de diez horas de un continuado fuego, y de haber sufrido con constancia todo el ardor y extraordinarios esfuerzos de esta numerosa y escogida columna, y de sus acreditados y expertos jefes y oficiales, cuya energía al frente de sus tropas imponía y las obligaban al sacrificio, a pesar de los más horrorosos estragos.

“Me ha sido forzoso detallar la situación del enemigo, en superioridad en fuerzas, y la que ocupaba nuestro tercio, para dar una pequeña idea de la valentía, intrepidez, generoso amor y celo, por el servicio del rey y de la Patria, de nuestros oficiales y soldados, porque, siendo casi indivisible la acción de todos y de cada uno, por haber operado siempre unidos y de acuerdo, menos en aquellos cortos momentos que era forzoso tomar, para abrirse paso, y que como por más precioso adorno correspondió el resultado, aun en la misma necesidad, para volver a unirse, queda hecha la sencilla relación de la acción individual, y general de oficiales del cuerpo, para que usted se digne recomendar a S. M. tan distinguidos servicios. Debiendo añadir que los oficiales mantuvieron sus puestos con la mayor serenidad y valor, mandando al descubierto de las balas de una manera que con su presencia desafiaban al enemigo y a la muerte que éste les ofrecía, sin que los cadáveres de los compañeros que morían a su lado, sirviesen más que de nuevos motivos o para avivar el axioma entre ellos establecido de morir con gloria o vencer. Los heridos imposibilitados y arrastrándose por las calles y azoteas, ocultaban unos sus heridas mortales, y otros negaban su propia sangre, esforzándose en decir que no era nada. Hubo quien, como don Juan Rosa Alvarez, soldado de la 4° compañía, me pidió le cargase el fusil, por tener el brazo roto de un balazo enemigo, para continuar sirviendo hasta el último momento.

La rendición de los ingleses

“La subordinación de este tercio, que tan distinguida fue en esta acción, ha sido obra de la conducta y moderación con que los capitanes, comandantes de compañía y demás oficiales del cuerpo se han conducido y sabido comportar con una tropa, obligándola por el honor que es característico a los individuos de que se compone, más que por las obligaciones generales a que está ligado el soldado, sacando el ventajoso partido que debe inmortalizarnos, en haber sido defensores de esta capital, el memorable día 5 de julio, en cuyo ataque general tan singular parte han tenido, por la gloria de las armas de S. M. triunfado del orgulloso y poderoso bretón, en aquel mismo momento que consintió arrancarnos de la denominación de nuestro monarca para imponernos su tiranía.

“Buenos Aires, julio 15 de 1807.

Firmado: “Pedro Andrés García

“Señor capitán general don Santiago Liniers y Bremond

Es copia fiel del original - Manuel Rafael García Aguirre, nieto del Coronel Pedro Andrés García.


viernes, 29 de abril de 2011

Manuel José García-Mansilla. Un exponente de los oficiales de la Marina moderna.

CENTENARIO DE SU MUERTE 1910-2010

El sorpresivo deceso de Manuel García Mansilla mientras ejercía la dirección de la Escuela Naval, el 18 de agosto de 1910, provocó una gran conmoción en la sociedad argentina por la relevancia de su figura.

“El porvenir de la Marina era su obsesión y su objetivo. Anhelaba verla grande respetada y querida de propios y extraños, a ella entregó sus anhelos y esperanzas”, resaltaba el artículo del Centro Naval que daba cuenta del fallecimiento de quien había sido su primer presidente. En efecto, toda su trayectoria lo definió como un hombre de pensamiento, preocupado por la profesionalización y la incorporación de adelantos tecnológicos que permitieran fortalecer el proceso de crecimiento y consolidación de la institución naval.

Reseñar sus contribuciones a la Armada Argentina implicaría un trabajo que excede con creces las posibilidades y objetivos del presente artículo. Hace pocos días se conmemoró el centenario de su fallecimiento y consideramos propicia la oportunidad para iniciar esta serie de misceláneas navales exponiendo parte de la incansable labor de García Mansilla; pieza importante de aquella generación de hombres con objetivos que trascendían su campo de acción, y que se situó como impulsora de proyectos a largo plazo cuya finalidad era la superación de los viejos paradigmas orientadores de los primeros años de la Armada Argentina.

Sostenía que esta institución debía mantenerse al margen de los conflictos internos y que la mejor forma de contribuir al desarrollo argentino era desde los lugares de trabajo, a partir de la consolidación orgánica y operativa de la Armada. Fueron estas inquietudes las que confluyeron con otras y derivaron en el surgimiento del Centro Naval, siendo designado como su primer presidente. Contaba con 23 años de edad y tenía la jerarquía de alférez de navío (actual teniente de fragata).

Desde las páginas del Boletín del Centro Naval impulsaba el desarrollo del uso del torpedo en la Marina Argentina. Sus artículos y sus vastos conocimientos lo convirtieron en referente ineludible sobre la materia.
El 5 de junio de 1882, García Mansilla inauguró aquella organización bajo el lema Unión y Trabajo. Señalaba, en aquella oportunidad, que para ocupar un lugar relevante al servicio de los intereses del país, los marinos debían conquistarlo por medio del compromiso con la institución y a fuerza de constancia y estudio. Aquellas palabras se reflejaron en las múltiples actividades que éste realizaba de forma simultánea: mientras cumplía con las tareas del servicio naval, colaboraba mediante la producción de artículos y el dictado de conferencias sobre temas profesionales que daban cuenta de los progresos técnicos internacionales en el arte de la guerra.

Desde las páginas del Boletín del Centro Naval, el teniente Manuel José García Mansilla impulsaba el desarrollo del uso del torpedo en la Marina Argentina, tomando como ejemplo las experiencias en enfrentamientos bélicos, como la guerra de Secesión, la del Pacífico, la conflagración turco – rusa. La multiplicidad de artículos y sus vastos conocimientos sobre el tema le otorgaron una gran solvencia en la materia, convirtiéndose en referente ineludible.

Por ello, años después, contribuyó a la consolidación del esquema defensivo del Río de la Plata sobre la base de la adquisición de seis torpederas de río, ocho torpederas de primera Clase y un número idéntico de torpederas de segunda Clase. A cargo de la División de General de Torpedos, realizó una serie de propuestas para alcanzar una óptima distribución del material flotante adquirido, teniendo en cuenta las condiciones geográficas y estratégicas de la región. Tomando esos estudios, el Congreso Nacional impulsó la separación de la División de Torpedos en dos estaciones, la Central ubicada sobre las márgenes del río Luján y otra en el apostadero de La Plata.

Esta medida fue acompañada por una serie de decisiones que contribuyeron a la configuración de la Marina de los primeros años del siglo veinte.

Este marino se constituía así como promotor e incansable ejecutor de la modernización naval argentina. Su fallecimiento, ocurrido mientras ocupaba la dirección de la Escuela Naval, significó una gran pérdida cualitativa para la institución, beneficiaria directa de las contribuciones de Manuel García Mansilla, quien aún permanece en la memoria de los miembros de la Armada Argentina.

Fuente:  Gaceta Marinera. Por el teniente de navío Mauro Fernando Figueroa. Departamento de Estudios Históricos Navales, 6 de septiembre de 2010. Buenos Aires. Argentina.

domingo, 6 de marzo de 2011

VERÓNICA GARCÍA-MANSILLA. "Mi familia es una prioridad"


Nuestra familia en la actualidad.

Evocar la vida y obra de nuestros ancestros es mantener viva nuestra rica historia familiar, es también  comprender que quién sabe de donde viene, comprende a donde va

Los principios y valores que nos fueron inculcados no pueden ser relativizados y la educación recibida -tesoro inconmensurable- que nos permite desempeñarnos con éxito en cualquier ámbito que nos toque actuar: un legado que debemos perpetuar. Es, por añadidura, una forma de liberar a quienes nos precedieron en la vida de la peor de la muertes: el olvido. 

De nosotros depende que sigan vivos en el corazón de la familia y que su vida y enseñanza -digna de mención- sea una luz que nos guíe en el camino que cada uno construye para sí mismo y para los demás.

Sin embargo, esa buena intención no debe ser motivo para que destacados integrantes de esta querida familia, que a Dios gracias están aún en el mundo de los vivos  y a diario luchan -con denuedo- en distintos ámbitos, defendiendo esa herencia recibida, deban esperar su desaparición física para ser recordados.

Por tal motivo,  queremos brindarles la oportunidad de conocer personajes de las distintas generaciones que  sobresalen en la sociedad en la que viven, dando muestras de señorío, distinción, temple, refinamiento, patriotismo, coraje, inteligencia y capacidad de conducción, en medio de la "mediocridad" generalizada, demostrando que también ellos, sus descendientes, han sabido honrar el legado e incrementar los dones recibidos.

En esta intención, respetaremos la decisión de cada uno con relación al deseo de dar a conocer su vida o mantenerla anónima;  y sólo lo haremos con su consentimiento previo o reproduciendo notas que otros medios hayan publicado.

Manuel Rafael García-Mansilla

Hoy nos reunimos con  Verónica García-Mansilla Pueyrredón, casada con Esteban Pino -heroico veterano de la Guerra de Malvinas-. Hija de Eduardo Rafael García-Mansilla Bosch y Verónica Pueyrredón Regules, nieta de Rafael García-Mansilla Ossipoff y Magdalena Bosch Marín. Bisnieta del Eduardo García-Mansilla, un destacado diplomático argentino, un "causeur" fino, ameno, inteligente, humorista, espiritual, pues no sólo dominaba el arte, la música, la poesía y la literatura, sino que además era un hombre de gran erudición y de Natalia Ivanova Ossipowa, hija del Barón y General del ejército imperial ruso, Ivan Petrovich Ossipoff y de Natalia Nicolanova.



" MI FAMILIA ES UNA PRIORIDAD"

Verónica García Mansilla, (40) muchos la conocen como organizadora de eventos o de las páginas de sociales de diferentes medios. Pero como ella misma dice, “eso es sólo la punta del iceberg de mi trabajo” y aclara que no quiere que la encasillen como Relaciones Públicas. La directora de la consultora Nueva Comunicación hace eso entre muchas otras actividades. Nunca para, pero entre todas sus obligaciones encuentra siempre tiempo para sus cuatro hijos: Esteban (14), Jerónimo (13) y los mellizos Manuel y María (6), con quienes tiene una relación muy especial.

—¿Cómo fueron sus comienzos laborales?

—Cuando terminé el colegio quería ser periodista política. En la Argentina, donde nací, no había una buena carrera de Comunicación e hice Ciencias Políticas. Con 18 años, era la productora de Bernardo Neustadt en la radio, y por la tarde también escribía en el díario La Razón.

—Si le iba tan bien en el periodismo ¿por qué lo dejó?

—Porque en ese momento los diarios eran muy machistas, y a mis 22 años me llamaron de la encuestadora y consultora en marketing más importante de Buenos Aires y me ofrecieron un muy buen empleo.

—¿Por qué se vino al Uruguay?

—Porque el padre de mis hijos tuvo una propuesta laboral. A mÍ me iba muy bien en mi trabajo, tenía dos chicos, una casa divina, el perro, todo. Al principio me costó, pero la familia siempre fue mi prioridad.

—¿Encuentra tiempo para estar con sus cuatro hijos?

—Es difícil el equilibrio, pero soy muy organizada. Antes pensaba que la calidad era más importante que la cantidad, hoy creo que la cantidad también es importante, hay que estar porque los chicos te necesitan. Soy medio mamá gallina, a veces demasiado protectora. Me encanta estar con ellos, somos muy unidos y nos cuidamos mucho.

—¿Qué valores le gustaría trasmitirles?

—Que hay que luchar en la vida, ser fiel a los principios, ser auténtico y no hablar nunca mal de los demás.

—¿Qué le gusta del Uruguay?

—Los mellizos nacieron acá y yo me siento cada vez más uruguaya. Montevideo es una maravilla, es la calidad de vida al máximo y quiero que mis hijos se críen acá, hoy por hoy elijo mi familia ante todo.

Verónica disfrutó con sus cuatro hijos de una tarde increíble en Costa CARAS. Probaron diversas frutas frescas servidas por View Point, juntaron caracoles, hicieron una relajante caminata y se divirtieron sacándose fotos.

Nuestras felicitaciones a Verónica por haber sido elegida como personaje por la revista Caras y por la magnífica familia que formó, pero por sobre todas las cosas por haber expresado públicamente que la familia es una prioridad en su vida. 


Fuente. Caras Revista. Publicado en la sección "Personajes" el domingo 6 de marzo de 2011. 

sábado, 12 de febrero de 2011

CORONEL JUAN CZETZ. UN OFICIAL HUNGARO QUE HONRÓ SUS ORÍGENES, BRINDÓ SUS MEJORES DONES A LA ARGENTINA Y ENRIQUECIÓ LA SANGRE DE NUESTRA FAMILIA.


Nació en el pueblo de Gidofalva, Hungría, el 8 de junio de 1822, hijo de un oficial de húsares. Después de cursar el Colegio Militar de primeras letras de Kezdy Wásárhely, ingresó en la Academia Militar de Viener – Neustad, para incorporarse en 1842 al ejército austríaco, en calidad de teniente primero. Producida la revolución de 1848, Czetz se alistó en las filas patriotas que mandaba Luis Kossouth, siendo uno de sus más entusiastas colaboradores, y en 1849 ocupaba el cargo de comandante general de Transilvania.

Pero la traición condujo a la catástrofe de Vilagos, y Czetz se vio obligado a emigrar a Alemania, de donde pasó a Inglaterra, no sin haber publicado antes una gramática de la lengua militar húngara para los oficiales alemanes y sus memorias de la campaña de Bem. En Inglaterra permaneció siete años y en diciembre de 1857, aceptó una propuesta de unas damas inglesas para acompañarlas a España, llegando para Navidad a Barcelona. Después se trasladó a Sevilla, donde conoció a la familia del general argentino don Prudencio Ortiz de Rozas, que se hallaba radicado en aquella ciudad desde hacía un lustro. Czetz se enamoró de una de sus hijas llamada Basilia, que más tarde sería su esposa.

De Sevilla, Czetz y sus acompañantes pasaron a Granada, Málaga, Cádiz, Lisboa, Oporto, Vigo y de aquí a Southampton. En esta ciudad se entrevistó con don Juan Manuel de Rosas, para quien llevaba una carta de presentación de su sobrina. Después de estar un tiempo en Inglaterra, en noviembre de 1858 viajó a Francia, de donde pasó posteriormente a España. El 12 de marzo de 1859 se celebró en Sevilla su enlace con doña Basilia Ortiz de Rozas, en la iglesia de San Vicente.

Antes de desposarse, Czetz había convenido con su prometida que partiría para la guerra que iba a hacer Napoleón III contra Austria a favor de Italia, en la que debía intervenir un cuerpo del ejército húngaro de 30.000 hombres bajo el comando del general Georg Klapka. Este avisó a Czetz a mediados de abril de 1859, que lo esperaba en Génova para organizar y mandar la primera división del cuerpo de ejército, la que sería constituida por los emigrados húngaros y los pasados del ejército austríaco. Czetz se trasladó a Marsella, donde se embarcó con el primer cuerpo del ejército francés, con el cual llegó a Génova. Las batallas de Solferino y San Martino aceleraron el fin de la guerra, y la paz de Villafranca echó completamente por tierra las esperanzas de Czetz, Kossuth, Klapka y otros patriotas húngaros.

Este fracaso convenció a Czetz que no había nada que esperar de los gobiernos extranjeros y resolvió partir hacia Sud América, para labrarse una posición a su propia costa. El 15 de julio de 1859 se despidió de sus compañeros de lucha Kossuth, Klapka, Turr, Teleky, etc., y partió para Sevilla, de donde pasó con su esposa y su cuñada Manuela de Rosas, a Lisboa. El 18 de diciembre de 1859 nació allí su primer hijo. En mayo de 1860 se embarcaron en el “Royal Mail Inglés” y en junio llegaron con su esposa e hijito a Buenos Aires.

En octubre de 1861, rindió examen en Buenos Aires para recibir el título de agrimensor, siendo designado por el gobernador general Mitre, en 1862, para medir grandes extensiones de campo en el Azul. En 1864, una grave enfermedad lo condujo al borde del sepulcro, de la que zafó con felicidad, debiendo suspender sus trabajos de agrimensura.

Por influencia del entonces mayor don Lucio V. Mansilla, el Presidente Mitre, dio de alta a Czetz en el ejército, como jefe de la sección de ingenieros. Empezó a trazar el mapa de la República, en la parte que limita con el Paraguay y el Brasil y estando en esa tarea estalló la guerra de la Triple Alianza. El general Mitre dio a Czetz el grado de coronel el 20 de junio de 1865, junto con la misión de organizar el cuerpo de zapadores, el que fue constituido con un grupo de jóvenes preparados en ingeniería, que sirvieron de oficiales y su segundo fue el mayor Alejandro Díaz, que marchó con los zapadores a incorporarse al cuerpo de ejército al que pertenecían, quedando él en Buenos Aires a causa de una recaída de su enfermedad. Terminó el mapa que había iniciado y pasando a la plana mayor disponible, aprovechó esta situación para trasladarse al Partido de Rojas a efectuar unas mediciones de campos, para allegarse recursos. Más adelante estudió la construcción del ferrocarril desde Santa Fe a Esperanza, trabajo que terminó en 1867.

Cuando Sarmiento asumió la presidencia, el mismo general Gainza, encomendó a Czetz, en octubre de 1869, el ensanche de las fronteras sur de Córdoba y Santa Fe y oeste de Buenos Aires. Hizo construir el fortín Sarmiento por la tropa del batallón 12 de línea, al lado sur del Río V, desde donde siguió con 6 baqueanos y un destacamento del precitado batallón hacia los Cerrillos del Plata. Prosiguió su camino por la pampa, al costado norte de la laguna La Amarga, en dirección recta al fortín Acha, extremo oeste de la línea de Buenos Aires. Señaló los puntos por los cuales debían trazarse los límites fronterizos y terminada su comisión regresó a Buenos Aires para dar cuenta de la misma. El ministro Velez Sarsfield le ofreció el puesto de director del ferrocarril Central Norte, pero él ya se había comprometido con el general Martín de Gainza para organizar el Colegio Militar.

En junio de 1870 cumplió este acto trascendental para nuestra institución armada, consagrándose con dedicación ejemplar a esta ardua tarea, al extremo que dice en sus Memorias, que en los cuatro años que permaneció al frente de aquel Instituto, sólo fue una vez al teatro. Czetz dirigió el Colegio hasta mayo de 1874, secundado hábilmente en su obra por el mayor Lucas de Pesloman, oficial distinguido de la escuela francesa de caballería establecida en Saumur. El 14 de aquel mes y año, entregó la dirección del Colegio a su sucesor.

En 1875 fue designado Presidente del Departamento Topográfico en la Provincia de Entre Ríos, cargo que desempeñó hasta 1883, confeccionándose bajo su dirección personal los primeros planos catastrales de los departamentos de la misma, trabajo que fue el primero ejecutado en la República, imitándolo después las demás provincias. Simultáneamente fue profesor de matemáticas en la Escuela Normal de Profesores de Concepción del Uruguay, y desde 1875 formó parte todos los años en las comisiones examinadoras del Colegio Nacional de aquella ciudad. En 1884 hizo lo propio en el Colegio Militar, así como también en la Comisión Revisadora y Proyectora de nuevos planes de enseñanza para aquel Instituto. En noviembre de 1884 fue por corto tiempo, profesor de Topografía y Dibujo Topográfico en la Escuela Naval.

Aquel año fue destinado a la jefatura de la cuarta Sección del Estado Mayor, puesto en el que permaneció hasta su retiro militar, en diciembre de 1895, pero hecho efectivo en los comienzos del año siguiente. Aquella Sección era la correspondiente a Ingenieros, de cuya arma le fue reconocida la efectividad de Coronel el 15 de enero de 1891.

En 1893 propuso al Superior Gobierno el estudio de la Cordillera de los Andes a ejecutarse por los oficiales de la Cuarta Sección del E.M.G. Aprobado su plan, el Gobierno destinó 30.000 pesos para la ejecución de la obra, siendo encargados de efectuarla los siguientes oficiales: Juan Serrato, Martín Rodríguez, Arturo Lugones, Reymundo Baigorria, Desiderio Torino, S. Domínguez, Ricardo Pereyra y el ingeniero Julio Lederer, los que presentaron el mismo año el trabajo terminado.

En 1885 publicó “Ensayos de Geografía Militar de la República Argentina”, que sirvió de texto en el Colegio Militar y escuela de Cabos y Sargentos, escribió un Tratado de Fortificación Permanente y Pasajera y preparó una traducción de la táctica alemana de la tres armas.

El coronel Czetz falleció en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1904.

Fuente: “BIOGRAFIAS ARGENTINAS y SUDAMERICANAS”, (Pág. 166/118) Jacinto R. Yaben.

NOTA: El Coronel Juan Fernando Czetz, contrajo matrimonio con Basilia Ortiz de Rozas, hija de Prudencio Ortiz de Rozas y López de Osornio, hermano de nuestra cuarta abuela Agustina Ortiz de Rozas y López Osornio. Tuvieron tres hijos: León Czetz Ortiz de Rozas, nacido en Lisboa el 1860, Cristina Czetz Ortiz de Rozas, nacida en Buenos Aires el 4 de octubre de 1861 y Celia Czetz Ortiz de Rozas,  nacida en Buenos Aires el 27 de febrero de 1864.

sábado, 5 de febrero de 2011

La Vuelta de Obligado y la soberanía nacional

Una confesión, si se permite, a modo de presentación: la fecha nunca me resultó agradable. El calendario no tiene la culpa, tampoco los bravos soldados que al mando del General Lucio Norberto Mansilla  pelearon en condiciones muy desventajosas contra el poderío militar anglo-francés, sino los promotores del aniversario. Me explico. La primera vez que oí hablar de la Vuelta de Obligado fue en 1965, en un acto en el colegio secundario promovido por agrupaciones fascistas, entre los que se contaban los célebres Tacuaras.

Mi razonamiento era simple y, como todo razonamiento simple, equivocado o equivocado a medias, lo cual suele ser más grave: si los admiradores de Franco, Hitler y Mussolini en la Argentina reivindicaban a la Vuelta de Obligado, yo por principio debía estar en contra. Algo parecido podría decir ahora: si el gobierno nacional bate parche con la Vuelta de Obligado mi deber es estar en contra. Si a ello le agrego que ciertos escritores de temas históricos se han lanzado a vender libros con el tema o comparan lo sucedido con la campaña libertadora de San Martín, mi rechazo debería ser más profundo.

Sin embargo no es así o por lo menos no debería ser así. Después de todo, un acontecimiento histórico que había despertado la adhesión de San Martín y de los principales jefes de la guerra de la Independencia no debería haber sido tan injusto. Incluso, visto desde el punto de mira del cálculo político, no era conveniente ni práctico permitir que una fecha noble de la Argentina quedara en manos de los fascistas o del oficialismo de turno o de los vendedores de libros de Historia.

Sartre enseñaba a pensar en contra de uno mismo; es decir, en contra de las ideas preconcebidas y, por lo tanto, anquilosadas. La Historia, como disciplina, dispone de esta virtud: enseña a pensar. Algo parecido me ocurrió cuando empecé a estudiar con más detenimiento los años de Rosas y ese episodio que se llamó la Vuelta de Obligado. En principio, importa establecer una distinción entre la leyenda, las manipulaciones ideológicas y el conocimiento histórico. El axioma vale a la hora de poner en discusión el panteón liberal y el panteón revisionista. La objetividad pura es imposible, pero no habría conocimiento histórico si no existiera la pretensión de objetividad, es decir, de construir conocimiento objetivo. En la historia de Bartolomé Mitre como en la de Julio Irazusta, lo que vale es el saber histórico, que sobrevive a pesar de las ideologías de sus autores.

A la batalla de la Vuelta de Obligado hay que pensarla en un contexto histórico preciso: el gobierno de Rosas, la crisis crónica de la Confederación con las provincias del Litoral, incluida la Banda Oriental, Brasil y Paraguay, así como el bloqueo anglo-francés de 1845, aquel ineficaz bloqueo organizado por los gobiernos de dos grandes potencias coloniales que permitió que los comerciantes de esas nacionalidades residentes en Buenos Aires afirmaran: “Nos estamos bloqueando a nosotros mismos”. Ese comentario fue avalado dos años después por un primer ministro inglés, que dijo: “Debemos aceptar la paz que nos propone Juan Manuel de Rosas, porque esta guerra nos está resultando un mal negocio”. Descarnada lógica utilitaria.

La crisis de la Banda Oriental, la lucha facciosa entre colorados y blancos, y su correspondiente internacionalización alentaron la intervención de las potencias coloniales. Desde 1811 en adelante, cada vez que se inició un conflicto en la Banda Oriental, la inmediata internacionalización fue su consecuencia inevitable. Rosas no pudo escapar a esa ley de hierro. Desde Buenos Aires dominó con mano dura a todas las provincias, pero donde nunca pudo controlar la situación fue en el Litoral. Allí el conflicto fue permanente y sería esa coalición de intereses la que habría de derrocarlo en 1852.

En esos años, el colonialismo estaba en plena expansión. La alianza de Gran Bretaña con Francia había impuesto sus intereses en China y en África. Las manufacturas europeas entraban a punta de bayoneta en la periferia del mundo. La fórmula que se aplicaba en África y Asia también era válida para América, sobre
todo, para América Latina.
      
Los objetivos de la expedición que salió de Montevideo eran explícitos: vender y comprar mercaderías en los puertos del Litoral. La expedición era comercial y militar al mismo tiempo. El lema ideológico que legitimaba la operación era la libre navegación de los ríos y la lucha contra el tirano. Jurídicamente, a la representación política de la Nación -o de lo que empezaba a ser una Nación- la tenía don Juan Manuel de Rosas. Dictador, autócrata o lo que sea, la legitimidad de su poder estaba fuera de discusión.

Está claro que, iniciado el bloqueo al puerto de Buenos Aires y conquistada por las armas la isla Martín García, Rosas no iba a consentir que una pandilla de comerciantes ingresara por uno de los principales ríos del país protegido por una flota de guerra. Como tampoco tenía un pelo de zonzo, no se le escapaba que, además de los buenos negocios, lo que se tramaba en nombre de la libertad era una conspiración política que contaba con la participación de los exiliados de Montevideo y, a juzgar por los datos posteriores, de los jefes políticos de Corrientes y de la sagaz diplomacia brasileña.

Los rosistas aseguran que Rosas se transformó en el adalid de la lucha anticolonialista al punto que no faltó el que llegara a compararlo con un Fidel Castro avant la lettre. Los antirosistas sostienen que el Restaurador no defendió la Nación -cuya existencia estaba en formación- sino los intereses de su provincia y, muy en particular, de su clase social. Entre ambas posiciones la Historia como investigación y conocimiento tiene una interesante tarea a realizar.

Rosas era un terrateniente autócrata, pero el colonialismo existía y si bien la Nación no había terminado de constituirse aquello que se llamaba la Confederación argentina tenía una entidad más o menos definida y esa entidad era la que había que defender. Si Rosas lo hizo para proteger sus intereses o los de la Nación es un tema a debatir, aclarando que muy bien puede haberlo hecho por ambas cosas ya que la historia está plagada de ejemplos en los que un gobernante de derecha defiende intereses objetivamente progresistas.

Los detalles militares de la batalla son conocidos. Basta con saber que se peleó durante más de doce horas y que, finalmente, las naves invasoras pudieron forzar el paso. Los soldados argentinos lucharon con coraje temerario. La batalla fue dura y el resultado militar, previsible, por la tecnología y la calidad del armamento. Sin embargo, los invasores no pudieron festejar por mucho tiempo. A lo largo del recorrido hubo emboscadas y pequeñas escaramuzas que dificultaron su navegación. La batalla final se libró el 4 de junio de 1846 en el Paso del Quebracho. La emboscada criolla produjo sesenta bajas y considerables pérdidas materiales. La “derrota” de la Vuelta de Obligado quedaba así saldada.

Juan Manuel de Rosas con su habitual perspicacia había dicho: “Vienen a hacer negocios; si pierden plata, están derrotados”. No se equivocó. Militarmente, la coalición anglofrancesa logró imponerse en Obligado, pero, en términos comerciales, perdieron plata. Las compras y ventas en los puertos del Paraná no fueron tan beneficiosas como se lo habían contado. Cuando, a fines de junio de 1846, la expedición llegó a Montevideo, el estado de ánimo de los conquistadores distaba de ser festivo.

A partir de ese punto, la pulseada política se empezó a definir a favor de Juan Manuel de Rosas. En Londres y en París, los políticos opositores impugnaban una diplomacia que iba de fracaso en fracaso. Las relaciones con los exiliados habían dejado de ser cordiales porque los pragmáticos diplomáticos británicos y galos entendían los procesos desde la lógica descarnada de los intereses y no estaban dispuestos a seguir financiando conspiraciones que nunca producían buenos resultados.

Finalmente, Gran Bretaña y Francia se allanarían a firmar un tratado de paz. A las condiciones de esa paz las impondrá Rosas: fin del bloqueo; devolver la flota argentina capturada; devolver la isla Martín García; saludar a la Bandera argentina con 21 cañonazos; reconocer la soberanía y la no navegación de los ríos interiores. Nunca antes —y nunca después— las potencias coloniales aceptarían imposiciones tan duras.

Después de la Vuelta de Obligado, la estrella de Rosas brilló con más luminosidad que nunca. Los diarios de Brasil, de Estados Unidos, de la propia Europa ponderaban el genio de un jefe de Estado capaz de negociar con flexibilidad y firmeza, con astucia y coraje. San Martín, desde el exilio, le escribió cartas que ponderaban su patriotismo. Un año después, ordenaría en su testamento que el sable de las campañas guerreras fuera entregado a quien había sabido defender la soberanía nacional.

Fuente: Rogelio Alaniz.

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