domingo, 24 de noviembre de 2013

LAS FOBIAS DE LUCIO V. MANSILLA


Lucio V. (de Victorio) Mansilla -soldado de la Campaña del Desierto, oficial en la guerra del Paraguay, autor de Una excursión a los indios ranqueles e hijo del héroe de la Vuelta de Obligado- tenía un problema con los ratones: le daban pánico. El general se trepaba al catre en cuanto un roedor lo importunaba con su presencia.
Pero no era el único animalito temido: "Un perro en una puerta de calle -dijo- es para mí más estorbo que un hombre". Otra vez escribió: "Yo tengo un miedo cerval a los perros; son mi pesadilla; por donde hay, no digo perros, un perro, yo no paso por todo el oro del mundo si voy solo; no lo puedo remediar; es un heroísmo superior a mí mismo. Juro que los detesto, si no son mansos, inofensivos como ovejas, aunque sean falderos, cuzcos o pelados". Señores analistas: estamos ante un claro caso de cinofobia, sin olvidarnos de la musofobia manifiesta al tratar con ratones.
En 1870, Mansilla cumplía funciones militares en Rojas (provincia de Buenos Aires) y acostumbraba salir a cazar con su escopeta. Aunque el lugar ideal no quedaba cerca, había -como en el juego de la oca- un atajo. Pero también -como en el juego- había dificultades. En este caso era una enorme dificultad corporizada en un mastín muy dispuesto a sembrar dudas sobre si el perro es el mejor amigo del hombre.
"Salía de mi casa y llegaba al sitio crítico haciendo cálculos estratégicos, meditando la maniobra más conveniente, la actitud más imponente, exactamente como si se tratara de una batalla en la que debiera batirme cuerpo a cuerpo." Privado, por anacrónico, de los ejercicios de respiración de Ravi Shankar, se acercaba agitado al punto de conflicto. "En cuanto el can diabólico me divisaba, me conocía; estiraba la cola, se apoyaba en las cuatro patas dobladas, quedando en posición de asalto, contraía las quijadas y mostraba dos filas de blancos y agudos dientes."
Luego de un par de cruces traumáticos, Mansilla tomó una decisión extrema. Con convicción, sin dudar ni un segundo, resolvió que mejor haría el camino largo, evitando el atajo. Así fue hasta que decidió enfrentar la situación, es decir, al mastín.
"Estaba entero, me sentí hombre de empresa y me dije: Pasaré. Salgo, marcho, avanzo y llego al Rubicón. ¡Miserable! Temblé, vacilé, luché, quise hacer tripas corazón, pero fue en vano. Mi adversario no sólo me reconoció, sino que en la cara me conoció que tenía miedo de él. Maquinalmente bajé la escopeta que llevaba al hombro. Sea la sospecha de un tiro, sea lo que fuese, el perro tomó distancia y se plantó, como diciendo: descarga tu arma y después veremos."
Parecía una escena del Lejano Oeste. De un lado, Mansilla y su escopeta; del otro, el mastín y sus colmillos. "Al primer amago de carga eché a correr con escopeta y todo; los ladridos no se hicieron esperar; esto aumentó el pánico de tal modo, que el animal ya no pensaba en mí y yo seguía desolado por esos campos de Dios." ¿Huyó con la escopeta? No. Más tarde reconocería que terminó en poder del perro porque la había soltado para correr más liviano.
Fuente: Daniel Balmaceda. Estrellas del pasado. La popularidad en tiempos de los próceres. Diario "La Nación" edición impresa, lunes 10 de septiembre de 2012.
Ilustración: Diego Parés.

martes, 8 de octubre de 2013

Palabras de agradecimiento. Mots de remerciements du général Bertrand Ract Madoux.



El Jefe del Estado Mayor del Ejército Francés de Tierra
General cinco estrellas Bertrand Ract-Madoux agradece la condecoración recibida.

          Je vous remercie, mon général, pour l’honneur qui m’est fait et auquel je suis très sensible. Par la remise de cette distinction, vous portez une nouvelle fois témoignage de l’estime mutuelle entre nos deux pays.

          J’y suis d’autant plus sensible que je mérite beaucoup moins cette décoration que l’un de mes lointains oncles maternels, le contre-amiral Manuel José Garcia-Mansilla, ancien directeur de l’Ecole Navale de la République Argentine qui fut décoré de la croix de la Légion d’Honneur, le 26 décembre 1878 en raison d’un acte d’une très grande bravoure.

          Jeune aspirant de Marine âgé de 19 ans en formation à l’Ecole Navale de Brest, il n’hésita pas, lors d’une manœuvre par gros temps, à se jeter à la mer au secours d’un autre aspirant tombé par-dessus bord, le sauvant d’une mort certaine. Sans son courage cet homme aurait été abandonné comme s’était souvent le cas à l’époque.

Condecoración y collar entregada por el Jefe del Estado Mayor del
Ejército Argentina, Teniente General Luis Pozzi.

          Le souvenir de cette action d’éclat me permet de rappeler l’ancienneté des liens historiques et culturels qui unissent nos deux pays. Bien évidemment, pour des raisons géographiques et historiques, ceux-ci ne tirent pas leur substance d’une longue tradition militaire commune. Et si les armées françaises et argentines ne peuvent se prévaloir de combats partagés, nos pays ne se sont, de même, que rarement affrontés sur le champ de bataille, une seule fois pour être précis. Ce fut lors de la bataille de la Vuelta de Obligado, le 20 novembre 1845, que nos deux pays considèrent d’ailleurs chacun comme une victoire.

          Cette bataille vit de plus, ironie de l’histoire, s’affronter plusieurs membres ou alliés de ma famille, d’un côté Don Juan Manuel Ortiz de Rozas, chef de l’Etat argentin ainsi que le général Lucio Norberto Mansilla, commandant des forces armées, de l’autre l’amiral Tréhouart, commandant l’escadre franco-britannique … De là à résumer les relations franco-argentines à une histoire de famille, il n’y a qu’un pas que je n’oserai franchir…

De izquierda a derecha: Hélène de Lestrange de Ract-Madoux, General Bertrand Ract Madoux
Sr. Manuel Rafael García-Mansilla, Coronel  Diego López Blanco, jefe del regimiento de
  Granaderos a Caballo General "José San Martín" , Sra. Dolores Franco Laplace de García-Mansilla,
Sr. Manuel José García-Mansilla,  Sra. María Inés de Uriburu de García-Mansilla, Sra de López Blanco
  y Embajador de la República de Francia en la Argentina , Sr. Jean-Pierre Asvazadourian
posan junto al mural que rinde homenaje al general Lucio Norberto Mansilla
cuarto abuelo del general condecorado.
          Permettez-moi donc de vous remercier pour la chaleur et la qualité de votre accueil. Je souhaite d’ores et déjà souligner la richesse des entretiens que nous avons eus et la grande qualité des présentations qui m’ont été faites aujourd’hui. Je suis impatient de pouvoir poursuivre ces rencontres lors de la visite du groupement des forces spéciales de l’armée de Terre et du collège militaire de la Nation.

Bertrand Ract-Madoux firma el libro de visitas del histórico Regimiento
de Granaderos a caballo General José de San Martín, a su lado, su primo
Manuel Rafael Garcia-Mansilla
          Sachez que l’armée de Terre français se tient prête à approfondir ces liens au travers, notamment, des domaines d’intérêt commun qui ont pu voir le jour depuis la signature de l’accord de coopération dans le domaine de la défense de 2004 , qu’il s’agisse de la modernisation de votre outil militaire dans des domaines aussi variés que la formation, l’aéromobilité et les expertises techniques aéroportées, sol-air ou montagne, comme de la valorisation de votre démarche d’intégration régionale ou de votre engagement régional dans la formation aux opérations de maintien de la paix.

domingo, 25 de agosto de 2013

Un merecido homenaje a Lucio Norberto Mansilla en Tonelero, en la localidad de Ramallo, Provincia de Buenos Aires.


En la mañana del sábado 15 de junio ppdo. se realizó un acto organizado por la Municipalidad de Ramallo en el paraje Tonelero, donde se descubrió un monumento al General Lucio Norberto Mansilla, militar y figura destacada de la Guerra del Paraná y se impuso también su nombre al camino de acceso al paraje. 

Estuvieron presentes el intendente Sr. Walter Ariel Santalla, la Directora del Museo Municipal, Museóloga Elsa Machado; funcionarios del gabinete municipal, concejales, consejeros escolares, el Secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Dr. Oscar Denovi, como así también representantes del Instituto Browniano Delegación San Nicolás; Javier Obligado descendiente del poeta Rafael Obligado; ex combatientes de Malvinas, integrantes de la agrupación "Patricios de Vuelta de Obligado" y vecinos del lugar, entre otros.

Al inicio fue descubierto el monumento al General Mansilla, elaborado por la firma Palau siendo su autor Juan Ignacio Pistone Palau, nieto del escultor Antonio Daniel Palau, quien contó que ya son tres los monumentos del General Mansilla en la Argentina, el primero de ellos está en Vuelta de Obligado, el segundo emplazado ahora en Ramallo y el tercero será instalado próximamente en Punta de Quebracho. 

Uno de los invitados especiales al acto fue el secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Dr. Oscar Denovi, quien dijo: “estamos recordando un hecho histórico del siglo XIX como fue Vuelta de Obligado y la resistencia subsiguiente que motivó el nombre de Guerra del Paraná. Aquella batalla, por muchos años fue disminuida por algunos historiadores a nombre de combate y aunque una batalla es un combate, es un combate de características trascendentes por la cantidad de elementos comprometidos en ella, por la envergadura y por la duración que tuvo”, a lo que agregó: “venimos a reparar el olvido, olvido maligno que tuvo la historia argentina, que tuvieron los hombres que escribieron la historia. Precisamente estamos empezando una nueva era en que habrá de conocerse la historia argentina en toda su envergadura y plenitud”. 



Luego fue el turno del Secretario de Desarrollo local, Sr. Hugo Bellocchio quien explicó que el acto fue con el objetivo de darle un monumento a uno de los héroes de la Guerra del Paraná. “Hace mucho que veníamos trabajando este tema, porque nos parecía necesario y porque creemos que esto que estamos haciendo hoy debía pasar porque no puede quedar en el olvido que la Guerra del Paraná lo tuvo al suelo ramallense como protagonista”.

Por último el intendente Walter A. Santalla destacó la ordenanza promovida en el año 1986 por el concejal Víctor Tiveri, mediante la cual se delimitó el sitio histórico y mencionando que el concejal "tuvo la visión de que este lugar era importante en la Guerra del Paraná y en las batallas de la nacionalidad. En aquel momento se sancionó una ordenanza que decía exactamente esto que estamos haciendo ahora: declarar el sitio y precisar el sitio histórico donde hacer el homenaje. Esto no tiene que ver con la casualidad, aquí debe haber sido el lugar porque es la parte más angosta del río y eso tiene mucho que ver con los emplazamientos de la guerra”. El intendente aseguró que “la verdadera importancia de este acto en particular tiene que ver con el rescate de nuestra historia, muchas veces distorsionada, falseada, ocultada y que gracias a Dios vamos pudiendo rescatarla para recordar a aquellos que fueron parte fundamental en la construcción de la nacionalidad" y destacó asimismo "la necesidad que tenemos los argentinos de rescatar a hombres que, como el homenajeado, tenían miras a largo plazo para pensar la patria, con proyección de grandeza, muy contrario a lo que hoy sucede". 



Felicitamos a todas las autoridades y funcionarios municipales, al escultor y a todos aquellos que de una u otra forma han tenido que ver con la construcción del monumento y la realización del merecido homenaje al Gral. Lucio Norberto Mansilla, héroe de nuestra nacionalidad.

Fuente: “El Restaurador” Periódico cultural e independiente de la ciudad de General San Martín ( Ciudad de la tradición) Año 7, número 28. Septiembre de 2013.

sábado, 2 de marzo de 2013

Agustina Ortiz de Rozas evocada por Rubén Dario.

LA SEÑORA DE MANSILLA 

Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla
1816-1898
¿ En donde están nuestros artistas curiosos o apasionados de belleza que dejen para los Niel, ó para los Goncourt que podamos tener en lo porvenir, siquiera en rápidos pero reveladores apuntes, la nota principal de gracia que anime ante las generaciones del futuro a las gentiles damas, a las únicas reinas nuestras, que desaparecen después de la victoria de la primavera.

La muerte de la señora Rozas de Mansilla hace pensar en la pobreza natural a tal respecto en nuestras naciones nuevas y democracias incipientes. Doña Agustina, una de las reinas de Beldad, americanas, habría merecido los tiempos y las artes de un Fragonard, de un Boucher, de un Chardin. En el siglo décimosexto francés tendría su puesto en esos delicados y deliciosos crayons que son hoy gala de las colecciones; y los miniaturistas del décimoctavo no habrían dejado de fijar sobre el más fino de sus trabajos, perfil tan soberbiamente encantador.

No he visto a la ilustre señora en su regia ancianidad, y jamás tuve la honra de su trato. Me la indicaron una noche, en el teatro azul del Pabellón. Estaba en las cercanías de los ochenta años. Había en la sala gran número de lindas damas. Ella, nevada de tiempo, no necesitaba sino de su presencia para hacer observar el imperio de la aristocracia. Era la douairière (1) que sustentaba aún en su inclinación crepuscular, el oriente de la antigua Margarita. Entre la floración reciente, guardaba la virtud indestructible de su encanto; entre tanta fresca vida, entra tantas encarnaciones de una estética forma humana que cada día se transfigura y se matiza en el beso de las razas bajo el sol argentino. Me aparecía como una abadesa feudal de la hermosura, que mantuviese el tipo gentilicio en la soberanía de la pureza clásica. En mi mal informada imaginación vibró el choque de un extraño contraste, cuando un cicerone amable me instruyo. “Es la hermana de Rozas”

No se comparecía, para mí, la aristocrática persona de aquella blanca marquesa extraída de un pastel de galería nobiliaria, con la soñada terrorífica faz del “gaucho salvaje de la pampa ruda”, entrevista allá lejos en mis primeros años, en las imprecaciones del poeta Mármol. No había aún admirado en casa del general Mansilla, un retrato de Juan Manuel que dice, como él, cesáreo y terrible dominador, era uno de los hombres más hermosos y bizarros de su época. Doña Agustina aquella noche mostraba el rostro inconmovible al tiempo, de un suave esplendor, de una de esas frescuras inmortales que por don de la divina Juvencia aun perfuman la historia con esos nombres que pareces nombres de rosas: Popeas y Ninones, Isabeles y Dianas. En su blancura mate se diluía una gota de aurora; y se ceñía á la frente escultural el casco de plata de una cabellera cuyo orgullo era la regia coquetería de aquella pregunta vana de una familia de bellezas. 

Abanico de Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla, donada
por Jovita García-Mansilla al Museo Provincial Enrique Udaondo.

En verdad, no era ni podía ser una belleza americana. Los primitivos tipos nuestros no dan á la mente de los artistas idealizadores sino mediocres Marinas, Liropeyas y Pocahontas, más afines con madame Chrisanteme que con una beldad de raza blanca. El tipo de base indígena con injerto europeo ha formado un especial modelo que se mejora y purifica en el tiempo, pero que señala su origen reciente. 

Doña Agustina era de purísima extracción, de principal alcurnia: todo el orgullo de las infanzonas y ricas hembras de las viejas Españas se siente rodar entre las sílabas de estos dos nombres, los de sus padres: Don León Ortiz de Rozas y doña Agustina López de Osornio. En el libro curioso y de innegable mérito que ha publicado el general Mansilla (2) sobre su tío Rozas, se encuentra el origen de donde brota esta sangre rica y fecunda que ha dado a la República Argentina regalos de valor, de gentileza, de arte, de inteligencia, y á la América su mayor tirano. La distinción inconfundible, la suprema imposición de un linaje de siglos, esa especie de dandismo femenino que al solo presentarse a nueva vista una alta dama manifiesta su legitimidad, ese algo con que “se nace” tan solamente, inadquirible como el talento y el carácter, se veía en el gesto de la señor, é irradiaba a cada movimiento, como la faceta en la gema de la joya. 

Agustina Ortiz de Rozas con su hija Eduarda
Mansilla de García, miniatura de Fernando
García del Molino. Año 1836, propiedad de la
familia García-Mansilla
En la intimidad, según los que la conocieron, su ingenio, también herencia familiar, se encendía y chispeaba. Tenía, dicen, el botonazo infalible y la riposta inmediata. Una persona de su familia me informa, me habla de su afecto por el lujo artístico de su casa; de los bibelots (3), de su gusto por la vajilla de plata. Esto hacer recordar a lo que escribe el general de su abuela, la otra Agustina: “El lujo de doña Agustina (en la mesa) consistía en la pulcritud del mantel y limpieza de los cubiertos de plata maciza” Tenía la pasión de los espejos. Ese narciso del otro sexo amaría la múltiple reproducción de su figura. Gustaba asimismo de las pieles y de los encajes y sedas. Son famosas entre sus amigas las pastillas perfumadas de sus sahumerios, de un perfume único, cuyo secreto solo ella conocía. Quería que en su casa hubiera muchas plantas y flores. Su frasco de sales era de oro puro. Ya veis que todo eso tiene lo que llama Mallarmé: “le charme des choses fanées” Es el pasado encanto, que aleja más y más cada día. Puede afirmarse que en nuestro continente jamás ha conservado por tantos años una mujer el prestigio de su belleza como en el caso de esta noble dama, en esto renovadora del milagro de Ninón. 

¿Cuál ha sido su método? No por cierto la leche la leche de las asnas romana. Me aseguran que aconsejaba á sus jóvenes amigas la abstención de los baños fríos. Amaba el ópalo del agua de Colonia. Nunca su cabello cambió de color, ni fue amiga de los afeites de última hora. Era clásica en la cultura de sus gracias y en la ornamentación de su maravillosa viviente estatua. A tales dones se juntaba una generosidad de estirpe. Como su marido el general y su hijo el General, así esa a ese respecto. “Jamás a mi tía abuela, me afirma un sobrino, le faltaba largueza”

El tirano tenía gran afecto a su hermana Agustina “Agustinita”

Se sabe que las cartas de ella a don Juan Manuel, después de la partida a Inglaterra, forman un grueso volumen y son de un interés que no necesita demostración. ¿Aparecerán algún día? Creo que estaríamos más cerca de madame Dudeffaud que de madame Sévigné. Las monadas sentimentales y los mimos encintados de color de rosa no deben de esperarse en una dama que guardaba en el estuche de su precioso cuerpo una alma fina y acerada como un arma antigua.

Ahora sería de averiguar por los que pueden hacerlo, su iconografía. ¿Cuántos retratos suyos existen desde que en la fragancia de sus primeros años enloqueció a la juventud de Buenos Aires, hasta cuando ya la abuela, madre de abuelos, recibía el homenaje de los actos mundanos á su inmarcesible é imperiosa supremacía? Yo he de guardar como una visión de nobleza y de pulcritud –en el sentido latino de la palabra- la figura de esa reina desaparecida; y creería no haber cumplido con un deber de arte, y no me juzgaría digno de volver a casar dos rimas armoniosas, si no saludara en su partida al paraíso de las princesas, á la que encarnó aquí la sagrada Eurituria amada de los dioses, y pudo recoger con gesto de orgullo la manzana de Paris: “Á la más hermosa”

(1) Viuda de la clase noble.
(2) Lucio Victorio Mansilla. Rozas. Ensayo Histórico-Psicológico. Garnier Hermanos, París. 1898
(3) Objeto curioso.

FUENTE: Rubén Darío. El tiempo de Buenos Aires. Año 1898

martes, 20 de noviembre de 2012

La primera batalla por la soberanía


Juan Manuel de Rosas (1793-1877)
Más allá de las polémicas que afortunada y deseablemente sigue despertando una figura tan interesante y clave de nuestra historia como la de Rosas, quizás uno de los aspectos más positivos de su gobierno haya sido el de la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país. Debió enfrentar conflictos armados con Uruguay, Bolivia, Brasil, Francia e Inglaterra. De todos ellos salió airoso. Compartía con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto en Rosas y sus socios políticos y económicos una actitud fanática que se transformara en xenofobia ni mucho menos, sino una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.

En el Parlamento británico se debatía en estos términos el pedido brasileño y de algunos comerciantes ingleses para intervenir militarmente en el Plata para proteger sus intereses: "El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación en el Río de la Plata [...] El conde de Aberdeen (jefe del gobierno) dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación en el Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales. Este país (la Argentina) se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata [...]; perderíamos más de lo que posiblemente podríamos ganar, si al tratar con este Estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso [...], pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes" (1). 

Reina Victoria (1819-1901)
Se ve que el gobierno de Su Graciosa Majestad decía una cosa y hacía otra, porque en la mañana del 20 de noviembre de 1845 pudieron divisarse claramente las siluetas de decenas de barcos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por las dos flotas más poderosas del mundo, la francesa y la inglesa, históricas enemigas en la Guerra de los Cien Años y en las campañas napoleónicas que debutaban como aliadas en estas tierras. El canciller Arana decía ante la Legislatura: "¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo" (2). La precaria defensa argentina estaba armada según el ingenio criollo. Tres enormes cadenas atravesaban el imponente Paraná de costa a costa sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo una goleta nacional.


Lucio Norberto Mansilla  (1789-1871)
Aquella mañana el general Lucio Norberto Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: "¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Que treme el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea". Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las posiciones criollas. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribía desde su exilio francés: "Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán [...]; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero; en conclusión, siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires".

Juan Bautista Alberdi ( 1810-1884)
Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del Restaurador, comentaba desde su exilio chileno: "En el suelo extranjero en que resido [...] beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias: aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos [...] No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos".

El embajador norteamericano en Buenos Aires, William Harris, le escribió a su gobierno: "Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque [...] se perjudican los negocios de todas las naciones". Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron un año después. El tratado definitivo de la Confederación con Inglaterra, la convención Arana-Southern, se firmó el 24 de noviembre de 1849. El gobierno inglés se obligaba a "evacuar la isla de Martín García". Por el artículo 4º, el gobierno de su Majestad reconocía "ser la navegación del Río Paraná una navegación interior de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental".

Recién en 1850 quedaron normalizadas las relaciones con Inglaterra y Francia. Los bloqueos impusieron sacrificios a los sectores populares pero no tanto a los estancieros, financistas y grandes comerciantes. Estos grupos disponían de importantes reservas para sobrellevar los malos tiempos y de ventajas de todo tipo, entre ellas impositivas, como señalaba un publicista de la época: "El dueño de una estancia de treinta mil cabezas de ganado [...] podrá cancelar su cuenta corriente con el erario entregando el valor de cuatro novillos [...] La contribución anual de un propietario de primer orden iguala, pues, a la de un boticario, un fondero, o el empresario de un circo de gallos, sin más diferencia que el primero paga a la oficina de contribuciones directas, mientras los demás lo hacen en la de patentes" (3).

(1)Parlamentar y Debates, 27 de junio de 1845.

(2)Arana, Enrique, Rosas en la evolución política argentina, Bs.As., Instituto Panamericano de Cultura, 1954.

(3)John Lynch, Juan Manuel de Rosas, Bs.As., Emecé, 1984.

FUENTE: Felipe Pigna. Diario Clarin de Buenos Aires.

martes, 25 de septiembre de 2012

LUCIO VICTORIO MANSILLA. Postales de la belleza exótica.

La editorial Corregidor publicó el  Diario de viaje a Oriente (1850-1851), texto que permanecía inédito, en el que el autor de Una excursión a los indios ranqueles describe sus impresiones en tierras lejanas con una rara mezcla de agudeza y candor.

Calcuta

Noviembre 15
A las 12 del dia desembarqué en Calcuta, y como la unica ciudad que he visto despues de mi querido Buenos Aires, es esta, ha llamado muchisimo mi admiracion: las casas son tan hermosas, el lugar donde desembarqué dominaba la ciudad, presentando una deliciosa perspectiva y aunque en la orilla del rio y no en el centro de la ciudad, se veia tanta divercidad de trages, tantos tipos distintos que no pude contemplar este cuadro tan nuevo para mi; sin esperimentar una ligera emocion ¡Cuan feliz me hubiera encontrado, si hubiese podido admirar este hermoso pais, rodeado de mis padres y hermanos!

Calcula en 1845
A las 2 de la tarde llegué á casa de Mess Foster Royers &Cº. y de alli me dirigí á la del consul Frances, mui desconsolado; pues al haberme dicho, que no se llamaba Mr. Lefebre, sino Dube desvaneció la idea que traia de encontrar en esta á mi tia Nieves, amiga tan querida de mamita; pero gracias á Dios Dub [sic] - era el segundo apellido de Mr. Lefebre y tuve el placer de abrazar á una, persona que en mis tiernos años, me habia tenido en sus brazos, y que me prodigó tantas atenciones, que su bondad será siempre acreedora á mi cariño y agradecimiento -

El resto del dia lo pasé con ella; hablando de mi querida patria - [...]

Enero 8

A bordo del vapor Hindostan

Despues de haber estado 2 meses y medio en Calcuta y puesto que me he propuesto llevar un Diario durante mis viages voi ahacer una descripcion de esta Ciudad -

Calcuta - Es la ciudad principal de la provincia de Bengala y la Capital de las posesiones Britanicas en las Indias Orientales, esta situada en 22º 33' latitud N. y 86º longitud E. á 100 millas; del mar y en la orilla izquierda del brazo occidental, del rio Ganges comunmente llamado por los Europeos, rio Hoogly y el unico que los buques de mucho calado pueden remontar hasta una gran distancia de su embocadura; su navegacion es peligrosa por la innumerable cantidad de bancos que segun dice varian todos los años y la hacen imposible su navegación sin un practico -

Calcula en 1860
[...]

No hai veredas y si hubiesen de mui poco uso serian; solo los indios y esto los mui pobres andan a pie. El sol es horrorosamente ardiente, no se puede uno esponer á él sin esperimentar bien luego un fuerte dolor de cabeza ó una fievre-

Los negociantes y mercaderes se componen de diversas clases á saber; los Ingleses y otros Europeos, los Portugueses nacidos en la India, los Armenios, los Griegos, los Judios, los Persas de la Costa del Golfo, comunmente llamados parias, los Mongoles, los Mahometanos, de la India y los Hindues; propiamente hablando estos últimos pertenecen generalmente á la casta basiana ó mercaderista y son nacidos en la provincia de Bengala. La poblacion de Calcuta se evalua al presente en mas de 600.000 habitantes, esto es mui incierto; pues es imposible saber cuantas personas componen una familia porqué los Indios, rehusan, por una especie de supersticion, decir cuantos hijos tienen.

Los Europeos, viven mui retirados, poco se visitan; las personas cuando no tienen intimidad, no se ven sino pr. medio de comidas: asi es que, la primer cosa que recibe un estrangero cuando llega, es una invitacion, para comer -- Es mui fácil proporcionarse relaciones en Calcuta; pues cada uno puede dejar su carta, en una casa cuya familia no conoce; hai la seguridad de ser recibido; pero tambien la de no ser nunca visitado por el dueño de casa, no por desprecio; sino porque asi es la amable cortesania Inglesa - A causa de la religion de los Indios que no permite á todos hacer los mismos oficios; en ninguna casa se encuentran menos de diez criados; esto es cuando son pobres, en una rica nunca bajan deveinte y cinco ó treinta. No hai mas diversiones que un paseo publico donde se vá todas las tardes en carruage ó acaballo - En el invierno, cuando no hace mucho calor en la tarde bien se podria caminar apié; mas los Ingleses, creo yo, pretenden perder en su casta si se pasean a pié - No hai ningun teatro. [...]

El Rio Ganges, Indía en 1860
Usos y costumbres de los Indios - Estos son generalmente altos, bien formados, inteligentes; pero serviles y bajos hasta el último grado. Estan divididos en diferentes clases ó castas, profesando todos la religion idolatra, aunque bajo diferentes formulas [?] La última clase es mui pobre, los Europeos, la hacen trabajar como animales [...]

En El Cairo

Marzo 14

Cairo es una ciudad perfectamente oriental, en ella no se encuentra como sucede en la India una mezcla de Europeo y Oriental, aqui todo es original y el viagero al contemplar la irregularidad de las calles, la arquitectura de los edificios y mezquitas y la elegancia de los trazos y la magestad con que marchan estas bellas mugeres que cubiertas enteramente solo esponen a las avaras miradas del hombre, dos bellos ojos, negros llenos de animacion y de vivacidad, siente un deleite inesplicable. En algunos Baazares, es tanto el movimiento y cantidad de gente que mui dificilmente se puede andar, hai en ellos infinidad de muchachas con borriquillos y si sucede que si os pillan ápie, os gritan, tanto Hhamâr [burro], y tanto os apretan entre todos que, os impiden caminar y os obligan á montar en un burro pequeñito como un carnero sobre el que se hace á mi modo de ver la figura mas ridicula - Hai pocos carruages; pues la costumbre es tanto las mugeres como los hombres montar un borriquito- Las mugeres Egipcias van generalmente enorquetadas - Hai en Cairo, muchos cafées estan siempre llenos de gente y unos de los mayores placeres de las Arables, es una pipa y una tasa de café, que concluiran, sin moverse o hablar una palabra [...]

El Cairo en 1860
Nostalgias de un porteño en Roma
Abril 12 y 13, 14, 15, 16

Hoi me encontré con Torcuato Alvear, tuve un gran placer, pues me dio algunas noticias de mi pais - Los que nunca han dejado su pais no comprenden que gusto tan esquisito se esperimenta al encontrar un compatriota y habla de su patria, la tierra madre, es como una querida, mas nos separamos de ella generalmente con la idea de [encontrar] en el estrangero mas alegria mas felicidad, pero así que estamos lejos de ella y recordamos sus encantos, mil delicias que solo se encuentran en ella deseamos volverlo á ver-

La mayor parte de las ciudades que he visto hasta ahora son mas bellas que mi caro Buenos Aires, son mas ricas, mas bellas, mas grandes; pero en - todo el mundo cada enamorado concidera su querida la mas hermosa, y así cada hombre ve su pais el mejor para un Ingles is (sic) nothing is so good as London, para un Frances il n'y a pas qu' un seul Paris au Monde y para un N. Americano every thing good is in N. York or Boston - para mi nada hai en el Mundo como la Alameda de mi pais, reconozco que hai muchos muchisimo superior a ella, pero aunque me gustan, sin embargo no me gustan tanto.

Roma en 1855
Minucioso trabajo en equipo.

La edición crítica del Diario de viaje a Oriente (1850-1851) y otras crónicas del viaje oriental de Lucio V. Mansilla es obra de un equipo dirigido por María Rosa Lojo y conformado por Marina Guidotti, María Laura Pérez Gras y Victoria Cohen Imach y fue realizada en el marco de un Proyecto de Investigación Plurianual del Conicet. Aparece dentro de la nueva colección "Ediciones Académicas de Literatura Argentina (EALA), siglos XIX y XX", de la Editorial Corregidor, dirigida por María Rosa Lojo y codiririgida por Jorge Bracamonte. El volumen incluye además los relatos De Adén a Suez (1855) y Recuerdos de Egipto (1864). En este anticipo los textos se transcriben despojados de notas eruditas pero respetando, como en el libro, la ortografía y redacción originales..

Fuente. Por Lucio Victorio Mansilla.| Diario "La Nación" del viernes 31 de agosto de 2012.. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

El calientapiés de la casa de Mansilla

Los niños de la familia Mansilla se despertaban a las ocho de la mañana cuando una de las morenas que servía en la cocina gritaba “¡Ya ha venido el lechero!”. El anuncio coincidía con la voz maternal: “Niños, ya es hora de levantarse, arriba”. Luego de rezar sus plegarias, Lucio y Eduardita se vestían y tomaban un vaso de leche con espuma (el pan estaba interdicto por sus padres, higienistas). Desde la cama Agustina Rosas, la princesa de la Federación, dirigía las operaciones: los niños debían ir a pedir la bendición con los brazos cruzados, mostrar dientes y uñas y decir una oración (la predilecta era el Avemaría, por su brevedad). A continuación, las lecciones. Palotes, fábulas y recitados de versos: “Un oso con que la vida ganaba un piamontés”.

La campanilla de alambre los liberaba del estudio: sonaba una campanada a las ocho y media o nueve, hora del almuerzo, y dos con intervalos a las cuatro y media o cinco, anunciando la cena. Los horarios eran dictados por el sol y las estaciones, ya que la luz de vela era cara y escasa. Se usaban unas velas de sebo, provenientes de un molde, conocidas como “velas de esperma” (luego fueron llamadas, más discretamente, de estearina). Las lámparas o quinqués, alimentados con un aceite que impregnaba el ambiente de un aroma muy intenso, no se veían muy a menudo. En verano la casa Mansilla solía estar casi en tinieblas, sin más luz que la de la luna, pero los días festivos se colgaban de los balcones unos candilejos de barro cocido alimentados con grasa de potro.

Al escuchar la campanada del almuerzo los niños corrían de la mano a la mesa, donde tenían prohibido hablar o pedir ración doble de puchero o de bisteque, una carne frita en grasa con tomate y cebolla. El postre a veces provenía de los morenos pasteleros que vendían de casa en casa unos pasteles deliciosos y calentitos, cubiertos con un género de algodón para conservar el calor. Cuando caía granizo en abundancia se recogía una buena cantidad para hacer helados de leche y huevo con canela. Los niños colaboraban en la tarea de mover el cilindro para elaborarlo, una gran diversión.

La cena era muy esperada no tanto por el arroz a la valenciana, los sesos o el guiso de garbanzos como por los entremeses de aceitunas, sardinas y salchichón y el postre de fritos de papas con huevo y harina espolvoreados con azúcar. La comida predilecta del tío Juan Manuel era la molleja, asada o guisada. Y la de toda la familia, los pichones de lechuza o de loro.

La futura escritora Eduardita Mansilla comenzó sus estudios en la escuela de misia Candelaria Soria, una señora salteña muy respetable que había situado un establecimiento para niños pequeños en la calle Cangallo. Si bien Eduardita aprendía con facilidad los primeros rudimentos de las letras, su atención era interrumpida a menudo. Cada vez que su hermano Lucio era castigado, cosa que ocurría todos los días, ella no podía dejar de llorar. Quería estar a su lado cuando lo ponían en penitencia, y si el castigo consistía en pararse con los brazos en cruz, ella también se colocaba en posición de crucificada. Si Lucio era enviado al “cuarto de las pulgas” ella se afanaba en acompañarlo y lloraba hasta que lo ponían en libertad. Los castigos eran tan frecuentes que misia Candelaria desaconsejó que siguieran estudiando juntos en la misma escuela.

Por las mañana los llevaba el tío Tomás, que no era un tío sino un viejo mulato que trabajaba al servicio de la familia en términos de una encubierta esclavitud. Si había llovido y la calle estaba embarrada, Eduardita iba sobre uno de los hombros del tío Tomás y Lucio sobre el otro, y si aún caían gotas él se las ingeniaba para cubrirlos con un paraguas colorado. Cuando no había escuela se decretaba “día de amasijo”. Los niños se internaban en el cuarto de la plancha, donde se fritaban tortas y pastelitos, una delicia. El general Mansilla mandaba llamar a un amigo italiano, el signore Boassi, dueño del almacén de la esquina de Reconquista y Cangallo, para que hiciera ravioles.

La comida caliente era muy bien acogida, porque en los días invernales “se vivía tiritando de frío” recuerda Lucio V. Mansilla en su volumen de Memorias . Los padres sostenían la creencia de que el fuego no era algo saludable, por lo que el calefactor más habitual era el calientapiés de brasas de carbón vegetal, aunque el más disputado, y esto sucedía en muchas casas patricias, era el pelado , una raza de perro extinguida que hacía su turno en las camas de la familia.

Fuente: Diario "Clarin" de Buenos Aires, edición impresa, domingo 2 de septiembre de 2012.

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