martes, 2 de marzo de 2010

¡fuerza, Chile! El aliento de Bachelet, así como la disposición de Piñera para colaborar, reflejan el espíritu del pueblo trasandino.


¡ FUERZA CHILE !

Hemos querido subir a nuestro blog familiar la editorial de fondo publicada por el diario "La Nación" en el día de la fecha, para expresar nuestra preocupación y nuestro sentir, por todos los miembros de nuestra querida familia que habitan el suelo de la república hermana de Chile; fuerza para los Menéndez ; para los Sepúlveda Figueroa ; para los Sepúlveda Uriburu ; para los Arrighi García-Mansilla Cámpora ; para los García-Mansilla Lozada ; para los Saínz de Vicuña Bemberg en particular y para todos nuestros hermanos chilenos en general.

Más allá de las diferencias económicas entre Chile y Haití, unos, los chilenos, supieron de inmediato dónde estaba su presidenta, Michelle Bachelet, y los miembros de su gabinete; los otros, los haitianos, no sabían si seguía vivo su presidente, René Preval, cuya residencia se había derrumbado, al igual que el Palacio Presidencial. Ese matiz refleja, en cierto modo, el grado de certeza de ambos pueblos después de sendas catástrofes, al margen de que el terremoto en Chile, 50 veces más poderoso que el de Haití, haya dejado como secuela un número de víctimas inferior. Eso se debe a las precauciones edilicias de un país y el otro.

Tras la tragedia del sábado, Bachelet apeló a la capacidad de recuperación de los chilenos frente a la adversidad y, valiéndose de los medios de comunicación a los cuales les agradeció el servicio que estaban prestando a la población, instó a su pueblo a preservar la calma y el ánimo sin dudar un segundo en que saldrá adelante: "Una vez más, ¡fuerza, Chile!".

Es el voto de todos, chilenos y argentinos, frente a la tragedia allende los Andes, con lo que eso significa para nosotros en razón de los históricos lazos de hermandad contra los cuales, como sucede con Uruguay, no deberían incidir determinadas situaciones coyunturales.

Una tragedia de esta magnitud demuestra hasta qué punto, a veces, los políticos deben evitar algunas actitudes y ponerse a trabajar por el bien común. En Chile, en vías de una transición ordenada, Bachelet no sólo terminará su gobierno el 11 de este mes; clausurará el mismo día más de dos décadas consecutivas de la Concertación en el Palacio de la Moneda. Su sucesor, el opositor Sebastián Piñera, no vaciló un instante en subordinarse a la actual mandataria y poner a su disposición a los ministros designados, así como a sus equipos técnicos en nombre del bien común.

Si Bachelet pidió fuerza a los chilenos, Piñera se movió en el sector privado, del cual proviene, con la consigna con la cual bautizó a su plan: Levantemos Chile. No hubo mezquindad de su parte ni de la presidenta saliente, algo que su pueblo no les hubiera perdonado en medio de la desesperación y la ansiedad frente a un paisaje que, de la noche a la mañana, cambió en forma dramática y que llevará mucho tiempo reconstruir, quizá tanto como lidiar con los traumas y con los miedos.

En Chile, no obstante ello, ha habido voces que se alzaron contra el sistema oficial de comunicaciones, informaciones, transmisión de instrucciones, envío de socorros y equipos especializados por haber presentado serias deficiencias en las primeras horas, así como por el empeño de Bachelet en descartar la posibilidad de maremotos que, finalmente, se cobraron víctimas. No ha de ser fácil estar en su lugar ni responder frente a déficits tan puntuales como las reservas de sangre insuficientes o las fugas de presos en medio del desconcierto general. El grado de destrucción superó cualquier previsión.

Desde el exterior, todas las diferencias que pueden percibirse a diario entre presidentes tan disímiles y distantes como Barack Obama y Hugo Chávez parecieron desaparecer por un instante. El presidente de Perú, Alan García, cuyo país mantiene un antiguo pleito con Chile por la frontera marítima en el tribunal internacional de La Haya, así como sus pares de Bolivia, Evo Morales, y de Ecuador, Rafael Correa, depusieron toda actitud hostil contra Chile. El papa Benedicto XVI abogó por las víctimas. A su vez, la presidenta Cristina Kirchner se comunicó el mismo día con Bachelet para ofrecerle lo que necesitara.

Desde estas columnas, desde las cuales hemos elogiado en los últimos tiempos el grado de cultura cívica alcanzado por los chilenos, abogamos por la pronta recuperación de un país que, a lo largo de su historia, ha sabido curar sus heridas, alzar la frente y seguir adelante en horas difíciles como las actuales. Las palabras de su presidenta son, además de un mensaje de aliento a su pueblo, la síntesis más clara de aquello que, de ser posible, le transmitiríamos a un vecino y amigo en desgracia: ¡fuerza, Chile!

Fuente: Diario "La Nación" Martes 2 de marzo de 2010 | Publicado en edición impresa

1 comentario:

Clara dijo...

Muy buen artículo!! Gracias por siempre mantenernos informados! Sos un gran ejemplo para todos, sobretodo para mi!
Te quiero
Tu hija

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