viernes, 19 de marzo de 2010

LA HIDALGUÍA EN EL VALLE DE REOCIN (Siglos XVI-XIX)

Uno de nuestros mayores anhelos era dar a conocer la historia, la vida cotidiana y las características sociales de la región que cobijó a nuestros mayores, para que todos conozcamos las tradiciones heredadas y podamos ponderar los valores, creencias y costumbres de esa comunidad que generó nuestras raíces familiares y a partir del valor de las mismas transmitirlas a nuestros descendientes. 

En el camino del dicho al hecho, el que implica investigar y recopilar antecedentes de nuestro pasado familiar, se hizo presente un distinguido paisano, nacido en Caranceja, el señor Ángel Campo López, quien con la nobleza y el desinterés que ostentan los hijos de la montaña, nos ofreció su colaboración y prestamente nos envío: papeles de familia, expedientes de hidalguía, historias de su tierruca, de los remotos pueblos que conformaban las antiguas Montañas de Burgos - hoy Provincia de Santander - , del Valle de Reocín y de su milenario pueblo natal Caranceja, lugar de donde venimos. Sin él, nada de esto hubiera sido posible.

Su relación con nosotros se inició al enviarnos un correo donde nos felicitaba por nuestro blog y nos manifestaba su emoción al ver como nuestra familia mantenía vivo el recuerdo de nuestros ancestros nacidos en Caranceja y educados en la bendita tierra cántabra, lugar donde se encuentran nuestros orígenes. En nombre de todos los miembros de la familia García-Mansilla, retoños argentinos de ancestrales raíces cántabras que dieron origen e identidad a nuestro linaje, damos las gracias a este hidalgo caballero español y esperamos poder retribuirle de algún modo todo cuanto a hecho por nosotros.

Entre la valiosa documentación que nos envío, se encuentra el expediente de hidalguía y limpieza de sangre que nuestro quinto abuelo Esteban García de Sobrecasa envío a su hijo Pedro Andrés García, ausente en los reinos de Indias en la ciudad Buenos Aires. El mismo consta de veintitrés hojas y contiene riquísima información genealógica y fue expedido como se puede observar en los sellos reales en el año 1776. Las fotos que adornan este artículo, corresponden a las dos primeras hojas del citado documento

Que significaba la condición de hidalgo entre los Siglos XVI y XIX ?

En sentido estricto, hidalgo es todo hombre noble; así está definido en las Siete Partidas. “Un hidalgo no debe a otro que a Dios y al Rey nada”, dirá el escudero de El lazarillo de Tormes.

Muchos ejemplos podrían citarse, pero todo esta resumido en estos cuatro versos de El Caballero de Illescas  de Lope de Vega:

La nobleza es la virtud; 
todos nacimos de un padre, 
es la tierra común madre 
de la cuna al ataúd. 

Es pues la virtud, que cada uno ostenta, la que en definitiva nos da el valor del hombre. Y si la sangre ha de probarse por la virtud y no puede usurpar su puesto, menos lo podrán las condiciones sociales en que las personas se encuentren o su riqueza: “la honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso” (Don Quijote, parte II, capítulo XXXII)

Queremos comenzar los relatos sobre el Valle de Reocín con fragmentos del libro de Javier Ortiz Real, titulado “Reocín – Sus pueblos y su historia”. Hoy nos referiremos a la hidalguía en el Valle de Reocín. 

"El Valle de Reocín constituyó en la antigüedad una de las jurisdicciones administrativas en que se dividió la antigua Merindad de Asturias de Santillana. El Becerro de las Behetrías le reseña como territorio vinculado a la familia de García Fernández de Cossío. Hasta fines del siglo XVI, sus entidades de población estuvieron sometidas al señorío de la Abadía de Santillana y al Ducado del Infantado. Desde entonces fue uno de los Nueve Valles de las Asturias de Santillana, agrupando las siguientes núcleos de población: Barcenaciones, Bárcena la Puente (Puente San Miguel), Helguera, Mercadal, Quijas, Reocín, Santisteban, La Veguilla y Villapresente. Desde el siglo XVII, su capital, Puente San Miguel, lo fue también de la "Provincia de los Nueve Valles", y de la posterior Provincia de Cantabria, construyéndose allí la Casa de Juntas para celebrar las sesiones.”

Resulta sorprendente la mayoritaria condición de hidalgos de las gentes del hoy llamado ayuntamiento de Reocín, el que se refleja en los padrones de población que obran en los archivos históricos. Los padrones constituyen en sí mismos una fuente documental primaria de carácter histórico y naturaleza administrativa, emanados de autoridad pública, de primer orden. Su nombre deriva del latín “patronus” y son una lista o nómina realizada en los pueblos con intencionalidad fiscal, en los que se anotaba a cada uno de los vecinos con distinción de su estado, ya hidalgo (nobles), ya pechero. Tal intencionalidad traía consigo, como decimos, el que se hiciera distinción expresa entre los hidalgos o nobles, es decir, entre los exentos y privilegiados de ciertas cargas fiscales por un lado, y los pecheros o del “estado llano” o “general”, obligados a pagar por el otro.
La importancia de tal distinción era enorme, pues no podemos olvidar que el disfrute de la condición de hidalgo implicaba privilegios no sólo en el orden fiscal, sino también en el orden jurídico como la de ser juzgados por sus pares, no sufrir tormentos, o no experimentar embargos por razón de deudas ( salvo cuando se adeudaba al rey ) ; además a esto se sumaba la exención de tributos personales tales como no tener que soportar alojamientos de tropa y , además, una casi exclusiva posibilidad de acceso a las magistraturas municipales. 

                                                       
Pero ser hidalgo significaba mucho más. La sociedad estamental de la época admitía mental, jurídica, política y socialmente que unos hombres no eran iguales a otros y que el privilegio constituía precisamente la cualidad distintiva. Ya desde las partidas de Alfonso X El Sabio la doctrina relativa a la hidalguía venía reconociendo al solar conocido, al linaje, a la sangre, el distintivo en exclusividad de la marca nobiliaria. Ya Fernando Mexía en escueta, pero precisa frase definió a la hidalguía: “Hidalguía – dice – es nobleza que viene a los hombres por linaje”

Sin embargo, existía otra nobleza que podríamos denominar estrictamente política, que se recibía documentalmente del rey y que insertaba a un individuo en el estamento nobiliario como premio de servicios o simplemente como compradores de algunas de las distintas ofertas de títulos, cargos o distinciones que realizaba la corona de vez en cuando para obtener rápidamente recursos. No era ésta, por tanto una hidalguía de linaje. Existía también la nobleza de ejecutoria que exigía un conjunto de pruebas, casi siempre circunstanciales que permitían acceder a la condición de hidalgo.
Los empadronadores, fiel reflejo de la mentalidad social de la época, serán recelosos y sumamente cuidadosos de anotar a cada uno en su estado, precisando incluso la naturaleza de tal hidalguía, aclarando en muchos casos si tal hidalguía es notoria y de sangre, ganada por privilegio o probada por real carta ejecutoria. Todos los ejemplos los vemos en el Valle de Reocín. Sin embargo, es preciso decir que resulta abrumadoramente mayoritaria la condición de hidalgos de linaje. 

Pero en el valle de Reocín no sólo destaca el hecho de un enorme número de hidalgos “notorios”, de linaje, sangre, de casa y solar conocidos, recibida de sus antepasados, sino que también es de reseñar el hecho de que mientras para la corona de Castilla a fines del Siglo XVI la hidalguía apenas alcanzaba el 10% de la población, en el valle de Reocín el porcentaje de hidalgos superaba el 82,50%, tal ocurrió en la Veguilla (1588), en Golbardo (1663, 1753 y 1765), en Cerrazo (1677) y en Caranceja ( 1753) . 

La hidalguía rural era pobre en general ( no faltan casos de hidalgos que se declaraban ser “pobres de solemnidad”) pero desde luego era la condición jurídica mas segura; únicamente el 13,20% de los empadronados son declarados pecheros, constituyendo el porcentaje de hidalgos a través de cuatro siglos un 86,30%.
Pero ser hidalgo de sangre, de linaje, tenía además otras connotaciones de orden social: no debemos olvidar que al intensificar la Inquisición su actividad de persecución de los falsos conversos se hacía importantísimo no ser sospechoso de descender de judío, converso o morisco y para ello nada mejor que la “pureza de sangre”, nada mejor que ser descendiente de hidalgo de linaje, de “cristiano viejo”. De ahí el interés no solo económico sino también de rango y preeminencia social que implicaba la hidalguía; en este sentido, no fueron infrecuentes las controversias suscitadas sobre preferencia en los asientos de las iglesias, en las procesiones, y por otras, que dieron lugar a que salieran a relucir las armas.

Las informaciones de legitimidad y limpieza de sangre se expandieron en España, a finales del siglo XV y surgieron como un instrumento de control social para excluir a determinados grupos humanos como los judíos, conversos, moriscos, herejes y protestantes con el propósito de evitar que estos ocuparan puestos y cargos públicos en instituciones, religiosas, militares y civiles. Desde la perspectiva de los “cristianos viejos” o “cristianos puros”, las creencias judías, la pronta conversión de los cristianos nuevos, las ideas subversivas del protestantismo y de herejía ponía en riesgo el poderío civil y religioso de los autodenominados “defensores de la fe católica”, ya que implicaba la posibilidad de actos de traición e infamia que sólo los de “sangre contaminada” podrían causar.

En América, las informaciones de legitimidad y limpieza de sangre se iniciaron a mediados del siglo XVI, con la aparición de numerosos edictos que impidieron el traslado de judíos, conversos y sus descendientes al Nuevo Mundo. Las cuales siguieron con la misma línea discriminatoria, con la diferencia de la exclusión de los indios, mestizos y negros u otra mezcla; considerados grupos inferiores, incapaces de gobernarse o ejemplo de malas costumbres a la sociedad. De esta manera, se protegió la situación privilegiada de aquellos quienes demostraban su limpieza.

Fuentes:
· Javier Ortiz Real. Reocín- Sus pueblos y su historia – Ayuntamiento de Reocín, Año 1998. Torrelavega, Cantabria, España.
· Alfonso Garcia Valdecasas. El hidalgo y el honor. Revista de Occidente. Madrid. Diciembre de 1948
· Archivo Histórico Provincial de Cantabria. Información de hidalguía y limpieza de sangre de Pedro Andrés García, expedida a petición de su padre. Código de referencia: ES.39075AHPCN/OPL1.20. Fechas 1776-8-31 / 1776-9-13. Nivel: Unidad documental compuesta. Volúmen soporte: 12 folios. Nombre del productor: Esteban García. Alcance y contenido: Ante Manuel Santos. Signatura: Pedraja, leg. 1, unidad 20.
· Angel Campo López. Caranceja, Provincia de Santander, Región de Cantabria.

1 comentario:

Ángel Campo López dijo...

Querido Manolo :

Magnífica exposición de la hidalguía y los hidalgos, narrada e instruida con ese buenhacer que te distingue; ello permite que vos seáis el impulsor documentado, fedato de los irrefutables legados históricos de nuestro querido pueblo de Caranceja y su entorno, en el Municipio de Reocin.

Mi agradecimiento y el de mis convecinos para vos, investigador infatigable, preciso, afectúoso y fiel a su orígen; vuestra familia y nosotros estamos orgullosos de tener en vos un gran valedor, que pone en valor por más de 250 años el orígen de la Familia García-Mansilla y el de las comarcas originarias de vuestro linaje; siéndo una de ellas nuestro querido pueblo.

Aquí estoy a vuestra disposición para colaborar en tus trabajos e investigaciones tan admirables. Muchas Gracias.

Ángel Campo López

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