POR JUAN FRANCISCO CROUSET.
Cadete de III año Abanderado. Promoción CLV
Publicado en la revista CIÑENDO. Revista de los Cadetes Navales
ESCUELA NAVAL MILITAR. AÑO 2024. N° 158/ESNM
Cerca de las 9 de la mañana, un día despejado con cielo celeste brillante, del mismo tono radiante y bello que nuestra enseña Patria. Nos encontramos en Plaza de Armas, pero no como cualquier otro día. El cuerpo de cadetes se encuentra formado, completamente inmóvil y en silencio, todos armados con los viejos fusiles máuser y relucientes sables bayoneta. Vestidos todos de uniformes impolutos, las distintas compañías a ojos del público se ven como largas hileras color azul marino, que se extienden como un paredón imposible de cruzar. El silencio podría ser total, tan total que se podrían escuchar los latidos del corazón de quien estuviera firme a tu derecha o izquierda, pero el silencio total es interrumpido por el oficial de ceremonia. Desde los parlantes se puede escuchar a lectura de órdenes, se van a entregar tres premios.

“Premio contraalmirante García-Mansilla, entrega Sr. Comodoro Honorífico
don García-Mansilla, acompañado del Sr. Almirante don Carlos María Allievi. Recibe…”.
Me destaco y rompo filas, el estruendo del golpe de la suela del zapato pareciera resonar en la plaza, pero en nuestra cabeza pareciera resonar otro sonido… García Mansilla. Tan ilustre apellido, tan afamada figura, tan ejemplar caballero y conductor. Podemos recordar inmediatamente las torpederas, la escuela naval de caballito en tan hermoso palacete de los Videla Dorna, podemos recordar las reformas de una marina en constante expansión, o el tumultuoso combate del Espinillo, las reuniones en un joven Centro Naval, los extenuantes entrenamientos en el Circulo de Armas o tardes tranquilas en el Yatch Club Argentino, pero lo que resuena es de un tiempo aún más de antaño y previo a todas estas grandes obras. Y así con cada paso que damos en la plaza de armas nos dejamos arrastrar por las páginas de la historia. El concreto caliente de la plaza de armas se torna en la cubierta de madera salpicada por el agua salada. La fachada amplia he imponente que reza “Escuela Naval Militar” se ve reconvertida en el casco de un buque, en el cual podemos llegar a leer una inscripción “La Victorieuse”. El silencio del cuerpo de cadetes formado en solemne ceremonia se ve reconvertido en los sonidos propios del mar; viento, olas, las gaviotas y el murmullo distante de la voz de algún marinero.
La nave gala está surcando el canal de Suez sin embargo rápidamente algo nos llama la atención. En su puente no se encuentra de guardia un oficial francés, si no que el oficial de guardia es un joven hidalgo criollo. Su nombre es Manuel José Julián García-Mansilla. Su padre Manuel Rafael García Aguirre fue un destacado jurista y diplomático que comisionado por el Sr. Presidente Sarmiento supervisó la construcción de la histórica flota de vapor y hierro. A su vez hijo de Manuel José García Ferreyra, destacado jurista, diplomático y político descendiente de una familia de la aristocracia española. Sin embargo sería igualmente ilustre por su la rama de su madre, hijo de Eduarda Damasia Mansilla, escritora pionera de la literatura nacional. Hija del General Lucio Norberto Mansilla, veterano de las guerras de Independencia, del Brasil y del Paraná. Y su madre fue Agustina Ortiz de Rozas, hermana menor del gobernador Juan Manuel de Rosas. Teniendo tan nobles raíces, como no sería de tan brillante futuro y valiente carácter nuestro protagonista.
Con el cielo cubierto por el velo nocturno la tranquilidad reina a nuestro alrededor, pero como un repentino despertar, toda esa sensación desaparece con un súbito grito y el sonido del golpe de un cuerpo con el agua. Uno de los tripulantes había caído al intimidante mar, nuestro joven protagonista lo ve y da el grito de “hombre al agua”, su mente lo retiene y duda unos segundos, pero la vergüenza de dudar hacen brotar de el aún más valor y así mismo como se encontraba, completamente vestido, se lanza a las aguas frías y oscuras que parecen tragarlo. Se abre paso en aquel ambiente peligroso, y brazada tras brazada se hace camino hasta el desafortunado marinero. Lo encuentra en estado de shock ante su desesperante situación. Pero al ver que no ha sido abandonado para un final despiadado y contagiado por la tranquilidad de nuestro joven oficial, el marinero se tranquiliza. Ambos nadan hasta la boya, que fue lanzada rápidamente tras el zambullido de nuestro protagonista. Por su parte “La Victorieuse” detuvo su marcha y alistó una lancha para auxiliar a ambos hombres.
Ya nuevamente en la seguridad del buque, nadie resiste la oportunidad de acercarse a ver al héroe del momento, en un instante se encuentra totalmente rodeado de saludos y miradas de afecto. El Almirante Du Petit-Thouars lo llama y en felicitación lo asciende. Pronto sin embargo, se da cuenta de que su reloj había quedado totalmente inutilizable a causa del agua de mar. Al día siguiente escribe la siguiente carta sumamente emotiva a su madre:

Querida Mamita: en el momento de mi partida de Port Said
He recibido la agradable noticia de mi promoción al grado de "enseigne”. El Almirante en persona me lo ha comunicado y me dijo que lamentaba no disponer de camarote para ofrecerme y que, si yo lo deseaba, me autorizaba y me dejaba la decisión de desembarcar de inmediato. Le respondí que no tenía inconveniente en permanecer en mi puesto y que podría desembarcar más tarde en Nouméa o en Valparaíso.
Anuncié la noticia a mis camaradas quienes me felicitaron sin demasiado entusiasmo, pero ello poco importa. Por otra parte los tranquilicé al decirles que no tenía la intención de ganarme los dos galones ni de considerarme superior a ellos con mi acción. Siempre esperaba mostrarme digno del grado que mi gobierno me confiriese y el azar hizo que una circunstancia se presentara para ello: anoche, mientras navegábamos por el Canal entre Imeliaj y los Lagos Amargos, un hombre de la tripulación cayó al mar cuando embarcaba en una lancha que se encontraba sobre la borda. Fui uno de los primeros en advertirlo, lancé el grito "iHombre al agua!" Y Luego salté. Había dudado unos segundos porque temía que me sobreviniera un ataque como el que me ocurrió en Boulogne y estaba, además, completamente vestido. Pero me sonrojé de haber dudado e inmediatamente ya estaba en el agua. Después de algunas brazadas ya arrastraba al hombre, que se recuperaba de su pánico y que, por otro lado, sabía nadar. La boya salvavidas fue utilizada de inmediato y pronto estuvimos sobre ella. La Fragata, que se había detenido, nos envió poco tiempo después una lancha de salvataje. De regreso a bordo fui compensado de mi aflicción por los fuertes apretones de mano de mis compañeros, las miradas de admiración de la tripulación y la felicidad que se siente después de haber cumplido con el propio deber. El Almirante me hizo llamar y con algunas palabras me hizo sentir que apreciaba mi acción. Sólo hay un inconveniente: mi viejo reloj, que se empapó de agua salada, ha quedado en un estado lamentable. Te lo enviaré a Francia probablemente, si no encuentro buenos relojeros en Suez o en Adén. Pierdo mi reloj, es verdad, pero será reemplazado por la medalla de salvataje: hay compensación. Gano además la estima de la tripulación y la consideración de mis superiores. Te beso tiernamente, mi querida Mamita, y estoy contento por Papá y por ti de esto que me está sucediendo.
Tu hijo que te ama. Manuelito
La anécdota no terminaría allí ya que a pesar de los reconocimientos y admiración de las que se había ganado el teniente García Mansilla, fue puesto bajo arresto por haber abandonado su puesto de guardia. Más adelante en la travesía un domingo por la mañana el Almirante mandaría a formar a la plana mayor y a la tripulación. Se ordena que se destaquen los implicados en el mencionado evento, y para sorpresa del joven teniente se lee una resolución del presidente de la República Francesa en la cual se le otorga la Cruz de Caballero de la Legión de Honor, la más alta condecoración militar. De fondo comienzan a sonar los acordes del himno nacional que la banda practicó de forma secreta. A nuestro héroe se le escapan dos gruesas lágrimas.
Y de esta forma nos dejamos retornar a nuestra plaza de armas, me presento con el saludo militar ante el Sr. Comodoro Honorífico Don Manuel Rafael García Mansilla. Es un hombre al que a simple vista transmite solemnidad, a la vez que generosidad. Nos presenta una pequeña caja color negra, en cuyo interior encontramos un reloj…
Así es, todos los años los descendientes del Sr. Almirante Manuel José García-Mansilla regalan un reloj náutico de la marca suiza Tissot al abanderado de bandera de guerra de la Escuela Naval Militar en el aniversario de la fundación de la institución. Este premio lleva el nombre de “Premio Contraalmirante Manuel José García-Mansilla”. Esta tradición familiar fue iniciada en el año 1946, por decisión de Juan Andrés García-Mansilla, hijo del Contralmirante, quien entregó por primera vez el premio. La idea justamente de este símbolo es recordar esta historia de arrojo, de modo tal que nuestros cadetes tengan como ejemplo a una de las más grandes figuras de nuestra armada y especialmente en el establecimiento de la Escuela Naval, de la cual fue director muchos años y en la que le imprimió muchas de sus actuales características, pudiendo ser considerado el Director más destacado de su historia. Siempre quiso transmitirles a sus cadetes sus virtudes y principios, tales como que un hombre de mar nunca abandona a otro hombre de mar y con este premio se continúa este legado. Tenemos que estar muy agradecidos ya que es muy importante recordar el sacrificio de la familia, que año tras año se reúne, se organiza y con sus propios fondos dona un reloj, es un importante gasto que asumen sus miembros anualmente y que se debe al amor y compromiso que tienen todos sus miembros a nuestra alma mater, y siguen inculcando a los más jóvenes para mantener.

Sería mi intención ser capaz de agradecer a todos y cada uno de los que participaron del premio, pero no siendo posible escribo este artículo en agradecimiento a la familia y como una forma de contribución con la intención que tiene el premio de honrar la memoria del Sr. Almirante. Resultará sencillo adentrarse he interiorizarse más de la historia de los García Mansilla para quien lo desee, ya que en la biblioteca de cadetes (que por cierto, lleva el nombre en honor al protagonista de este artículo) se cuenta con numeroso y accesible material, a la vez que la familia cuenta con un blog destinado a difundir la historia de la misma. Sería sumamente provechoso para la Armada Argentina que los miembros de su futura oficialidad conocieran más de la vida y obra de esté ilustre marino a fin de imitar su ejemplo de dedicación y cariño por la institución, pero también la rectitud moral que marcó su carácter.
Cómo reza el lema de la familia García Mansilla:
"Piérdase todo, sálvese el honor".
Bibliografía:
●
http://www.losgarcia-mansilla.com/ ● Contraalmirante Manuel José García-Mansilla. Por Manuel Rafael García-Mansilla y Zavalía y Guillermo Cornejo Bosch. Editorial Virtudes. Salta, agosto de 2023.
● Un Marino de Fin de Siglo. Por Jorge Rafael Bóveda.