sábado, 2 de marzo de 2013

Agustina Ortiz de Rozas evocada por Rubén Dario.

LA SEÑORA DE MANSILLA 

Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla
1816-1898
¿ En donde están nuestros artistas curiosos o apasionados de belleza que dejen para los Niel, ó para los Goncourt que podamos tener en lo porvenir, siquiera en rápidos pero reveladores apuntes, la nota principal de gracia que anime ante las generaciones del futuro a las gentiles damas, a las únicas reinas nuestras, que desaparecen después de la victoria de la primavera.

La muerte de la señora Rozas de Mansilla hace pensar en la pobreza natural a tal respecto en nuestras naciones nuevas y democracias incipientes. Doña Agustina, una de las reinas de Beldad, americanas, habría merecido los tiempos y las artes de un Fragonard, de un Boucher, de un Chardin. En el siglo décimosexto francés tendría su puesto en esos delicados y deliciosos crayons que son hoy gala de las colecciones; y los miniaturistas del décimoctavo no habrían dejado de fijar sobre el más fino de sus trabajos, perfil tan soberbiamente encantador.

No he visto a la ilustre señora en su regia ancianidad, y jamás tuve la honra de su trato. Me la indicaron una noche, en el teatro azul del Pabellón. Estaba en las cercanías de los ochenta años. Había en la sala gran número de lindas damas. Ella, nevada de tiempo, no necesitaba sino de su presencia para hacer observar el imperio de la aristocracia. Era la douairière (1) que sustentaba aún en su inclinación crepuscular, el oriente de la antigua Margarita. Entre la floración reciente, guardaba la virtud indestructible de su encanto; entre tanta fresca vida, entra tantas encarnaciones de una estética forma humana que cada día se transfigura y se matiza en el beso de las razas bajo el sol argentino. Me aparecía como una abadesa feudal de la hermosura, que mantuviese el tipo gentilicio en la soberanía de la pureza clásica. En mi mal informada imaginación vibró el choque de un extraño contraste, cuando un cicerone amable me instruyo. “Es la hermana de Rozas”

No se comparecía, para mí, la aristocrática persona de aquella blanca marquesa extraída de un pastel de galería nobiliaria, con la soñada terrorífica faz del “gaucho salvaje de la pampa ruda”, entrevista allá lejos en mis primeros años, en las imprecaciones del poeta Mármol. No había aún admirado en casa del general Mansilla, un retrato de Juan Manuel que dice, como él, cesáreo y terrible dominador, era uno de los hombres más hermosos y bizarros de su época. Doña Agustina aquella noche mostraba el rostro inconmovible al tiempo, de un suave esplendor, de una de esas frescuras inmortales que por don de la divina Juvencia aun perfuman la historia con esos nombres que pareces nombres de rosas: Popeas y Ninones, Isabeles y Dianas. En su blancura mate se diluía una gota de aurora; y se ceñía á la frente escultural el casco de plata de una cabellera cuyo orgullo era la regia coquetería de aquella pregunta vana de una familia de bellezas. 

Abanico de Agustina Ortiz de Rozas de Mansilla, donada
por Jovita García-Mansilla al Museo Provincial Enrique Udaondo.

En verdad, no era ni podía ser una belleza americana. Los primitivos tipos nuestros no dan á la mente de los artistas idealizadores sino mediocres Marinas, Liropeyas y Pocahontas, más afines con madame Chrisanteme que con una beldad de raza blanca. El tipo de base indígena con injerto europeo ha formado un especial modelo que se mejora y purifica en el tiempo, pero que señala su origen reciente. 

Doña Agustina era de purísima extracción, de principal alcurnia: todo el orgullo de las infanzonas y ricas hembras de las viejas Españas se siente rodar entre las sílabas de estos dos nombres, los de sus padres: Don León Ortiz de Rozas y doña Agustina López de Osornio. En el libro curioso y de innegable mérito que ha publicado el general Mansilla (2) sobre su tío Rozas, se encuentra el origen de donde brota esta sangre rica y fecunda que ha dado a la República Argentina regalos de valor, de gentileza, de arte, de inteligencia, y á la América su mayor tirano. La distinción inconfundible, la suprema imposición de un linaje de siglos, esa especie de dandismo femenino que al solo presentarse a nueva vista una alta dama manifiesta su legitimidad, ese algo con que “se nace” tan solamente, inadquirible como el talento y el carácter, se veía en el gesto de la señor, é irradiaba a cada movimiento, como la faceta en la gema de la joya. 

Agustina Ortiz de Rozas con su hija Eduarda
Mansilla de García, miniatura de Fernando
García del Molino. Año 1836, propiedad de la
familia García-Mansilla
En la intimidad, según los que la conocieron, su ingenio, también herencia familiar, se encendía y chispeaba. Tenía, dicen, el botonazo infalible y la riposta inmediata. Una persona de su familia me informa, me habla de su afecto por el lujo artístico de su casa; de los bibelots (3), de su gusto por la vajilla de plata. Esto hacer recordar a lo que escribe el general de su abuela, la otra Agustina: “El lujo de doña Agustina (en la mesa) consistía en la pulcritud del mantel y limpieza de los cubiertos de plata maciza” Tenía la pasión de los espejos. Ese narciso del otro sexo amaría la múltiple reproducción de su figura. Gustaba asimismo de las pieles y de los encajes y sedas. Son famosas entre sus amigas las pastillas perfumadas de sus sahumerios, de un perfume único, cuyo secreto solo ella conocía. Quería que en su casa hubiera muchas plantas y flores. Su frasco de sales era de oro puro. Ya veis que todo eso tiene lo que llama Mallarmé: “le charme des choses fanées” Es el pasado encanto, que aleja más y más cada día. Puede afirmarse que en nuestro continente jamás ha conservado por tantos años una mujer el prestigio de su belleza como en el caso de esta noble dama, en esto renovadora del milagro de Ninón. 

¿Cuál ha sido su método? No por cierto la leche la leche de las asnas romana. Me aseguran que aconsejaba á sus jóvenes amigas la abstención de los baños fríos. Amaba el ópalo del agua de Colonia. Nunca su cabello cambió de color, ni fue amiga de los afeites de última hora. Era clásica en la cultura de sus gracias y en la ornamentación de su maravillosa viviente estatua. A tales dones se juntaba una generosidad de estirpe. Como su marido el general y su hijo el General, así esa a ese respecto. “Jamás a mi tía abuela, me afirma un sobrino, le faltaba largueza”

El tirano tenía gran afecto a su hermana Agustina “Agustinita”

Se sabe que las cartas de ella a don Juan Manuel, después de la partida a Inglaterra, forman un grueso volumen y son de un interés que no necesita demostración. ¿Aparecerán algún día? Creo que estaríamos más cerca de madame Dudeffaud que de madame Sévigné. Las monadas sentimentales y los mimos encintados de color de rosa no deben de esperarse en una dama que guardaba en el estuche de su precioso cuerpo una alma fina y acerada como un arma antigua.

Ahora sería de averiguar por los que pueden hacerlo, su iconografía. ¿Cuántos retratos suyos existen desde que en la fragancia de sus primeros años enloqueció a la juventud de Buenos Aires, hasta cuando ya la abuela, madre de abuelos, recibía el homenaje de los actos mundanos á su inmarcesible é imperiosa supremacía? Yo he de guardar como una visión de nobleza y de pulcritud –en el sentido latino de la palabra- la figura de esa reina desaparecida; y creería no haber cumplido con un deber de arte, y no me juzgaría digno de volver a casar dos rimas armoniosas, si no saludara en su partida al paraíso de las princesas, á la que encarnó aquí la sagrada Eurituria amada de los dioses, y pudo recoger con gesto de orgullo la manzana de Paris: “Á la más hermosa”

(1) Viuda de la clase noble.
(2) Lucio Victorio Mansilla. Rozas. Ensayo Histórico-Psicológico. Garnier Hermanos, París. 1898
(3) Objeto curioso.

FUENTE: Rubén Darío. El tiempo de Buenos Aires. Año 1898

martes, 20 de noviembre de 2012

La primera batalla por la soberanía


Juan Manuel de Rosas (1793-1877)
Más allá de las polémicas que afortunada y deseablemente sigue despertando una figura tan interesante y clave de nuestra historia como la de Rosas, quizás uno de los aspectos más positivos de su gobierno haya sido el de la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país. Debió enfrentar conflictos armados con Uruguay, Bolivia, Brasil, Francia e Inglaterra. De todos ellos salió airoso. Compartía con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto en Rosas y sus socios políticos y económicos una actitud fanática que se transformara en xenofobia ni mucho menos, sino una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.

En el Parlamento británico se debatía en estos términos el pedido brasileño y de algunos comerciantes ingleses para intervenir militarmente en el Plata para proteger sus intereses: "El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación en el Río de la Plata [...] El conde de Aberdeen (jefe del gobierno) dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación en el Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales. Este país (la Argentina) se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata [...]; perderíamos más de lo que posiblemente podríamos ganar, si al tratar con este Estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso [...], pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes" (1). 

Reina Victoria (1819-1901)
Se ve que el gobierno de Su Graciosa Majestad decía una cosa y hacía otra, porque en la mañana del 20 de noviembre de 1845 pudieron divisarse claramente las siluetas de decenas de barcos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por las dos flotas más poderosas del mundo, la francesa y la inglesa, históricas enemigas en la Guerra de los Cien Años y en las campañas napoleónicas que debutaban como aliadas en estas tierras. El canciller Arana decía ante la Legislatura: "¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo" (2). La precaria defensa argentina estaba armada según el ingenio criollo. Tres enormes cadenas atravesaban el imponente Paraná de costa a costa sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo una goleta nacional.


Lucio Norberto Mansilla  (1789-1871)
Aquella mañana el general Lucio Norberto Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: "¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Que treme el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea". Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las posiciones criollas. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribía desde su exilio francés: "Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán [...]; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero; en conclusión, siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires".

Juan Bautista Alberdi ( 1810-1884)
Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del Restaurador, comentaba desde su exilio chileno: "En el suelo extranjero en que resido [...] beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias: aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos [...] No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos".

El embajador norteamericano en Buenos Aires, William Harris, le escribió a su gobierno: "Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque [...] se perjudican los negocios de todas las naciones". Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron un año después. El tratado definitivo de la Confederación con Inglaterra, la convención Arana-Southern, se firmó el 24 de noviembre de 1849. El gobierno inglés se obligaba a "evacuar la isla de Martín García". Por el artículo 4º, el gobierno de su Majestad reconocía "ser la navegación del Río Paraná una navegación interior de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental".

Recién en 1850 quedaron normalizadas las relaciones con Inglaterra y Francia. Los bloqueos impusieron sacrificios a los sectores populares pero no tanto a los estancieros, financistas y grandes comerciantes. Estos grupos disponían de importantes reservas para sobrellevar los malos tiempos y de ventajas de todo tipo, entre ellas impositivas, como señalaba un publicista de la época: "El dueño de una estancia de treinta mil cabezas de ganado [...] podrá cancelar su cuenta corriente con el erario entregando el valor de cuatro novillos [...] La contribución anual de un propietario de primer orden iguala, pues, a la de un boticario, un fondero, o el empresario de un circo de gallos, sin más diferencia que el primero paga a la oficina de contribuciones directas, mientras los demás lo hacen en la de patentes" (3).

(1)Parlamentar y Debates, 27 de junio de 1845.

(2)Arana, Enrique, Rosas en la evolución política argentina, Bs.As., Instituto Panamericano de Cultura, 1954.

(3)John Lynch, Juan Manuel de Rosas, Bs.As., Emecé, 1984.

FUENTE: Felipe Pigna. Diario Clarin de Buenos Aires.

martes, 25 de septiembre de 2012

LUCIO VICTORIO MANSILLA. Postales de la belleza exótica.

La editorial Corregidor publicó el  Diario de viaje a Oriente (1850-1851), texto que permanecía inédito, en el que el autor de Una excursión a los indios ranqueles describe sus impresiones en tierras lejanas con una rara mezcla de agudeza y candor.

Calcuta

Noviembre 15
A las 12 del dia desembarqué en Calcuta, y como la unica ciudad que he visto despues de mi querido Buenos Aires, es esta, ha llamado muchisimo mi admiracion: las casas son tan hermosas, el lugar donde desembarqué dominaba la ciudad, presentando una deliciosa perspectiva y aunque en la orilla del rio y no en el centro de la ciudad, se veia tanta divercidad de trages, tantos tipos distintos que no pude contemplar este cuadro tan nuevo para mi; sin esperimentar una ligera emocion ¡Cuan feliz me hubiera encontrado, si hubiese podido admirar este hermoso pais, rodeado de mis padres y hermanos!

Calcula en 1845
A las 2 de la tarde llegué á casa de Mess Foster Royers &Cº. y de alli me dirigí á la del consul Frances, mui desconsolado; pues al haberme dicho, que no se llamaba Mr. Lefebre, sino Dube desvaneció la idea que traia de encontrar en esta á mi tia Nieves, amiga tan querida de mamita; pero gracias á Dios Dub [sic] - era el segundo apellido de Mr. Lefebre y tuve el placer de abrazar á una, persona que en mis tiernos años, me habia tenido en sus brazos, y que me prodigó tantas atenciones, que su bondad será siempre acreedora á mi cariño y agradecimiento -

El resto del dia lo pasé con ella; hablando de mi querida patria - [...]

Enero 8

A bordo del vapor Hindostan

Despues de haber estado 2 meses y medio en Calcuta y puesto que me he propuesto llevar un Diario durante mis viages voi ahacer una descripcion de esta Ciudad -

Calcuta - Es la ciudad principal de la provincia de Bengala y la Capital de las posesiones Britanicas en las Indias Orientales, esta situada en 22º 33' latitud N. y 86º longitud E. á 100 millas; del mar y en la orilla izquierda del brazo occidental, del rio Ganges comunmente llamado por los Europeos, rio Hoogly y el unico que los buques de mucho calado pueden remontar hasta una gran distancia de su embocadura; su navegacion es peligrosa por la innumerable cantidad de bancos que segun dice varian todos los años y la hacen imposible su navegación sin un practico -

Calcula en 1860
[...]

No hai veredas y si hubiesen de mui poco uso serian; solo los indios y esto los mui pobres andan a pie. El sol es horrorosamente ardiente, no se puede uno esponer á él sin esperimentar bien luego un fuerte dolor de cabeza ó una fievre-

Los negociantes y mercaderes se componen de diversas clases á saber; los Ingleses y otros Europeos, los Portugueses nacidos en la India, los Armenios, los Griegos, los Judios, los Persas de la Costa del Golfo, comunmente llamados parias, los Mongoles, los Mahometanos, de la India y los Hindues; propiamente hablando estos últimos pertenecen generalmente á la casta basiana ó mercaderista y son nacidos en la provincia de Bengala. La poblacion de Calcuta se evalua al presente en mas de 600.000 habitantes, esto es mui incierto; pues es imposible saber cuantas personas componen una familia porqué los Indios, rehusan, por una especie de supersticion, decir cuantos hijos tienen.

Los Europeos, viven mui retirados, poco se visitan; las personas cuando no tienen intimidad, no se ven sino pr. medio de comidas: asi es que, la primer cosa que recibe un estrangero cuando llega, es una invitacion, para comer -- Es mui fácil proporcionarse relaciones en Calcuta; pues cada uno puede dejar su carta, en una casa cuya familia no conoce; hai la seguridad de ser recibido; pero tambien la de no ser nunca visitado por el dueño de casa, no por desprecio; sino porque asi es la amable cortesania Inglesa - A causa de la religion de los Indios que no permite á todos hacer los mismos oficios; en ninguna casa se encuentran menos de diez criados; esto es cuando son pobres, en una rica nunca bajan deveinte y cinco ó treinta. No hai mas diversiones que un paseo publico donde se vá todas las tardes en carruage ó acaballo - En el invierno, cuando no hace mucho calor en la tarde bien se podria caminar apié; mas los Ingleses, creo yo, pretenden perder en su casta si se pasean a pié - No hai ningun teatro. [...]

El Rio Ganges, Indía en 1860
Usos y costumbres de los Indios - Estos son generalmente altos, bien formados, inteligentes; pero serviles y bajos hasta el último grado. Estan divididos en diferentes clases ó castas, profesando todos la religion idolatra, aunque bajo diferentes formulas [?] La última clase es mui pobre, los Europeos, la hacen trabajar como animales [...]

En El Cairo

Marzo 14

Cairo es una ciudad perfectamente oriental, en ella no se encuentra como sucede en la India una mezcla de Europeo y Oriental, aqui todo es original y el viagero al contemplar la irregularidad de las calles, la arquitectura de los edificios y mezquitas y la elegancia de los trazos y la magestad con que marchan estas bellas mugeres que cubiertas enteramente solo esponen a las avaras miradas del hombre, dos bellos ojos, negros llenos de animacion y de vivacidad, siente un deleite inesplicable. En algunos Baazares, es tanto el movimiento y cantidad de gente que mui dificilmente se puede andar, hai en ellos infinidad de muchachas con borriquillos y si sucede que si os pillan ápie, os gritan, tanto Hhamâr [burro], y tanto os apretan entre todos que, os impiden caminar y os obligan á montar en un burro pequeñito como un carnero sobre el que se hace á mi modo de ver la figura mas ridicula - Hai pocos carruages; pues la costumbre es tanto las mugeres como los hombres montar un borriquito- Las mugeres Egipcias van generalmente enorquetadas - Hai en Cairo, muchos cafées estan siempre llenos de gente y unos de los mayores placeres de las Arables, es una pipa y una tasa de café, que concluiran, sin moverse o hablar una palabra [...]

El Cairo en 1860
Nostalgias de un porteño en Roma
Abril 12 y 13, 14, 15, 16

Hoi me encontré con Torcuato Alvear, tuve un gran placer, pues me dio algunas noticias de mi pais - Los que nunca han dejado su pais no comprenden que gusto tan esquisito se esperimenta al encontrar un compatriota y habla de su patria, la tierra madre, es como una querida, mas nos separamos de ella generalmente con la idea de [encontrar] en el estrangero mas alegria mas felicidad, pero así que estamos lejos de ella y recordamos sus encantos, mil delicias que solo se encuentran en ella deseamos volverlo á ver-

La mayor parte de las ciudades que he visto hasta ahora son mas bellas que mi caro Buenos Aires, son mas ricas, mas bellas, mas grandes; pero en - todo el mundo cada enamorado concidera su querida la mas hermosa, y así cada hombre ve su pais el mejor para un Ingles is (sic) nothing is so good as London, para un Frances il n'y a pas qu' un seul Paris au Monde y para un N. Americano every thing good is in N. York or Boston - para mi nada hai en el Mundo como la Alameda de mi pais, reconozco que hai muchos muchisimo superior a ella, pero aunque me gustan, sin embargo no me gustan tanto.

Roma en 1855
Minucioso trabajo en equipo.

La edición crítica del Diario de viaje a Oriente (1850-1851) y otras crónicas del viaje oriental de Lucio V. Mansilla es obra de un equipo dirigido por María Rosa Lojo y conformado por Marina Guidotti, María Laura Pérez Gras y Victoria Cohen Imach y fue realizada en el marco de un Proyecto de Investigación Plurianual del Conicet. Aparece dentro de la nueva colección "Ediciones Académicas de Literatura Argentina (EALA), siglos XIX y XX", de la Editorial Corregidor, dirigida por María Rosa Lojo y codiririgida por Jorge Bracamonte. El volumen incluye además los relatos De Adén a Suez (1855) y Recuerdos de Egipto (1864). En este anticipo los textos se transcriben despojados de notas eruditas pero respetando, como en el libro, la ortografía y redacción originales..

Fuente. Por Lucio Victorio Mansilla.| Diario "La Nación" del viernes 31 de agosto de 2012.. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

El calientapiés de la casa de Mansilla

Los niños de la familia Mansilla se despertaban a las ocho de la mañana cuando una de las morenas que servía en la cocina gritaba “¡Ya ha venido el lechero!”. El anuncio coincidía con la voz maternal: “Niños, ya es hora de levantarse, arriba”. Luego de rezar sus plegarias, Lucio y Eduardita se vestían y tomaban un vaso de leche con espuma (el pan estaba interdicto por sus padres, higienistas). Desde la cama Agustina Rosas, la princesa de la Federación, dirigía las operaciones: los niños debían ir a pedir la bendición con los brazos cruzados, mostrar dientes y uñas y decir una oración (la predilecta era el Avemaría, por su brevedad). A continuación, las lecciones. Palotes, fábulas y recitados de versos: “Un oso con que la vida ganaba un piamontés”.

La campanilla de alambre los liberaba del estudio: sonaba una campanada a las ocho y media o nueve, hora del almuerzo, y dos con intervalos a las cuatro y media o cinco, anunciando la cena. Los horarios eran dictados por el sol y las estaciones, ya que la luz de vela era cara y escasa. Se usaban unas velas de sebo, provenientes de un molde, conocidas como “velas de esperma” (luego fueron llamadas, más discretamente, de estearina). Las lámparas o quinqués, alimentados con un aceite que impregnaba el ambiente de un aroma muy intenso, no se veían muy a menudo. En verano la casa Mansilla solía estar casi en tinieblas, sin más luz que la de la luna, pero los días festivos se colgaban de los balcones unos candilejos de barro cocido alimentados con grasa de potro.

Al escuchar la campanada del almuerzo los niños corrían de la mano a la mesa, donde tenían prohibido hablar o pedir ración doble de puchero o de bisteque, una carne frita en grasa con tomate y cebolla. El postre a veces provenía de los morenos pasteleros que vendían de casa en casa unos pasteles deliciosos y calentitos, cubiertos con un género de algodón para conservar el calor. Cuando caía granizo en abundancia se recogía una buena cantidad para hacer helados de leche y huevo con canela. Los niños colaboraban en la tarea de mover el cilindro para elaborarlo, una gran diversión.

La cena era muy esperada no tanto por el arroz a la valenciana, los sesos o el guiso de garbanzos como por los entremeses de aceitunas, sardinas y salchichón y el postre de fritos de papas con huevo y harina espolvoreados con azúcar. La comida predilecta del tío Juan Manuel era la molleja, asada o guisada. Y la de toda la familia, los pichones de lechuza o de loro.

La futura escritora Eduardita Mansilla comenzó sus estudios en la escuela de misia Candelaria Soria, una señora salteña muy respetable que había situado un establecimiento para niños pequeños en la calle Cangallo. Si bien Eduardita aprendía con facilidad los primeros rudimentos de las letras, su atención era interrumpida a menudo. Cada vez que su hermano Lucio era castigado, cosa que ocurría todos los días, ella no podía dejar de llorar. Quería estar a su lado cuando lo ponían en penitencia, y si el castigo consistía en pararse con los brazos en cruz, ella también se colocaba en posición de crucificada. Si Lucio era enviado al “cuarto de las pulgas” ella se afanaba en acompañarlo y lloraba hasta que lo ponían en libertad. Los castigos eran tan frecuentes que misia Candelaria desaconsejó que siguieran estudiando juntos en la misma escuela.

Por las mañana los llevaba el tío Tomás, que no era un tío sino un viejo mulato que trabajaba al servicio de la familia en términos de una encubierta esclavitud. Si había llovido y la calle estaba embarrada, Eduardita iba sobre uno de los hombros del tío Tomás y Lucio sobre el otro, y si aún caían gotas él se las ingeniaba para cubrirlos con un paraguas colorado. Cuando no había escuela se decretaba “día de amasijo”. Los niños se internaban en el cuarto de la plancha, donde se fritaban tortas y pastelitos, una delicia. El general Mansilla mandaba llamar a un amigo italiano, el signore Boassi, dueño del almacén de la esquina de Reconquista y Cangallo, para que hiciera ravioles.

La comida caliente era muy bien acogida, porque en los días invernales “se vivía tiritando de frío” recuerda Lucio V. Mansilla en su volumen de Memorias . Los padres sostenían la creencia de que el fuego no era algo saludable, por lo que el calefactor más habitual era el calientapiés de brasas de carbón vegetal, aunque el más disputado, y esto sucedía en muchas casas patricias, era el pelado , una raza de perro extinguida que hacía su turno en las camas de la familia.

Fuente: Diario "Clarin" de Buenos Aires, edición impresa, domingo 2 de septiembre de 2012.

domingo, 8 de julio de 2012

EL DIARIO DE VIAJES DE LUCIO VICTORIO MANSILLA


El manuscrito inédito



           El hallazgo del diario de viajes -presuntamente extraviado - de Lucio Victorio Mansilla, olvidado entre los papeles familiares de uno de sus herederos, es una novedad en el mundo de las letras. En este momento, se encuentra en ciernes una edición crítica del diario, a cargo de un equipo de investigación, del que formo parte, bajo la dirección de la Dra. María Rosa Lojo. 

          El manuscrito relata la crónica del primer viaje de Lucio V. Mansilla (1831-1913), escritor, militar y diplomático, hijo del General Lucio Norberto Mansilla y de Agustina Ortiz de Rosas, hermana del “Restaurador.” Su obra más conocida es Una excursión a los indios ranqueles (1870). También son importantes sus Causeries (1889-90), consideradas un clásico del relato conversacional. 

          El diario fue escrito entre los años 1850 y 1851, durante el viaje que Mansilla realizó de Buenos Aires a la India, Egipto y Europa. Inferimos que se trata del primer cuaderno de un total de dos, ya que el viaje fue más extenso de lo que figura en él, y que el segundo realmente se ha perdido. En esta parte inicial, el joven Lucio - tenía entonces 18 años - describe día por día la partida de Buenos Aires, el 25 de agosto de 1850, el cruce del océano Atlántico a bordo de la embarcación Huma, el desembarco en Calcuta, su vida social en la exótica ciudad, las aventuras por el interior de la India: en Chandernagor—actual Chandannagar— y Madrás, la travesía por el Mar Rojo de Adén a Suez, la interminable caravana hasta el Cairo, la visita a las pirámides y el paso por algunas de las principales ciudades de Italia. Florencia es el último destino mencionado en el manuscrito, el 18 de abril de 1851, pero sabemos, gracias a los escritos posteriores de Mansilla, que el viaje por Europa no terminó allí.

          Sus Causeries de los Jueves nos hablan de que después de Italia pasó por París, Londres, Edimburgo, y regresó a la capital británica en busca de tranquilidad. El recorrido completo duró poco menos de un año y medio. Lucio abandonó abruptamente su exilio, temeroso por el futuro de su familia, debido a los rumores acerca de la probable caída de Rosas. Acababa de cumplir los veinte años cuando desembarcó en Buenos Aires, en diciembre de 1851, vestido según la última moda europea. Y aunque pareciera que la experiencia no lo hubiera modificado más allá de su flamante apariencia de hombre cosmopolita, las vivencias de este viaje iniciático lo marcarían por el resto de su vida y se convertirían en fuente inagotable de anécdotas, reflexiones, puntos de vista y comparaciones que nutrirían casi toda su obra posterior, siempre autobiográfica, intimista y coloquial.

          Es importante aclarar que este descubrimiento incluye otro manuscrito destinado a su padre: la transcripción incompleta del diario de viajes, que no difiere mucho del original evidencia las intenciones de Mansilla de mejorarlo y hacerlo público. En rigor, el original no tiene ninguna marca de un destinatario concreto; en cambio, en la transcripción, el relato del viaje se inicia en la tercera página porque Mansilla añade un largo párrafo dedicado al Coronel Lucio Norberto, su padre o “Tatita,” como lo llama desde la infancia—, que abarca las primeras dos páginas:

          Mi querido Tatita: No solo por cumplir con una recomendación de Ud. y llenar un deber, como es, pasar mis horas de ocio en algún ejercicio agradable e instructivo es que me propuse llevar un diario durante mis viajes; sino con la idea de yo mismo tener algún día una memoria de ellas más primitiva e indeleble que la que puedo conservar en mi imaginación, cuando llegue a la edad en que las facultades intelectuales parecen debilitarse a medida que la fuerza física falta al hombre y edad en la que el recuerdo de las dulces impresiones recibidas en la juventud llenan el corazón de inefable contento y satisfacción. Mi primera idea al comenzarlo fue de enviárselo a Ud y hoy al someterlo a su buen juicio, solo tengo el sentimiento de que no sea una cosa bastante digna de ocupar su atención; sin embargo espero Sr. que Ud será indulgente y franco con su humilde hijo, que al ocuparse de este pequeño trabajo no ha estado poseído sino de la mejor voluntad y deseo de agradar a un padre tan digno de emulación y respeto como Ud. 

          El temor del joven viajero de haber escrito algo poco digno del interés de su padre refleja la temprana intuición del escritor que, al pasar en limpio el manuscrito, toma conciencia de lo que repetiría, muchos años más tarde, en el comienzo del relato “Recuerdos de Egipto”

          De todos los escritos de Lucio V. Mansilla, podemos nombrar un número importante que se nutrió de manera directa de las experiencias vividas en su primer viaje. Por este motivo, el manuscrito se nos presenta como una caja de resonancia cuyos ecos han vibrado de múltiples maneras. En primer lugar, nos referiremos a la causerie "¿Porqué . . . ?” (Entre Nos 20-62), ya que trata acerca de las circunstancias que llevaron a Mansilla a realizar un viaje tan prolongado con destinos tan remotos. El texto, dirigido al Dr. Carlos Pellegrini, se dilata en extensas digresiones durante cinco jueves con el evidente propósito de generar expectativa en el lector antes de revelar los verdaderos motivos del prematuro exilio.

          En el manuscrito que estudiamos, no hay ni una sola alusión directa a los motivos del viaje; pero el tono melancólico, la reflexión tenazmente repetida de la importancia de recordar o amar a la familia por sobre todas las cosas y la angustia por la distancia impuesta a causa de silenciadas imprudencias son una constante y llegan a establecer una atmósfera, una monotonía difícil de quebrar, sobre todo a lo largo de las ciento veintidós páginas que ocupa la crónica de la travesía transatlántica hasta la India. Creemos que el tono general de esta parte del relato se debe al pesar que Mansilla sentía por saberse desterrado de su casa y de su patria. En ningún momento, se muestra entusiasmado por la aventura que está emprendiendo, ni ávido de nuevas experiencias. Por el contrario, lamenta la distancia con sus seres queridos y los malestares físicos- náuseas y dolores de cabeza - lo perturban de tal manera que a veces le impiden realizar lo único que parece disfrutar durante el viaje: leer libros y escribir en su diario.

          El primer viaje de Mansilla fue decisivo en la construcción de su imagen. Le dio al personaje político y militar, pero sobre todo al escritor, el encanto propio de los que han visto lo que otros sólo han podido imaginar. La importancia de este diario de viajes, escrito durante un largo exilio, radica en su poder documental: es el primer paso en la vida literaria de Mansilla y también el primer testimonio de una serie de viajes por el mundo que no tendrá un final voluntario, pues la muerte detendrá a nuestro viajero en París, en 1913. Como queda demostrado aquí, este manuscrito constituye, ante todo, una fuente inagotable de ecos que resonarán cada vez que un lector ponga los ojos en algunos de los textos mansillanos para perderse entre mares, desiertos, aldeas y pirámides, con el sabor de la pampa en la boca y la irresponsable magnificencia de quien viaja acompañado de un baúl con veinte mil libras esterlinas. 

FUENTE: Extracto de un artículo de María Laura Pérez Gras, titulado: Los ecos del primer canto. El diario de viajes de Lucio V. Mansilla y las relaciones intertextuales con su obra posterior. Decimonónica. Volumen 6, Número 2, Verano 2009.





domingo, 29 de abril de 2012

LAS CARTAS SECRETAS DE LA CALLE TACUARÍ. "El presidio viejo". Casa natal de la familia Mansilla.



En la esquina de las calles Tacuarí y Potosí, que hoy se llama Alsina, se alzaba una edificación conocida en la época colonial como “el presidio viejo”: allí nació Lucio V. Mansilla, nuestro dandi nacional. En esa casa de San Telmo los niños Eduarda y Lucio se entretenían revisando los aparadores y cajones secretos del comedor doméstico, donde encontraban “cartas empaquetadas de infinidad de personajes, cartas que, a ocultas, solía yo leer”, confesó Mansilla en sus deliciosas memorias, escritas en 1904, cuando tenía 84 años y el movimiento rosista, ese gran productor de pasiones color punzó, había quedado en cierto modo atrás. Sobrino de Rosas, hijo de Agustina Ortiz de Rosas y polémico contrincante de Sarmiento, Mansilla encuentra en la autobiografía, o en la novela doméstica, un modo de contar la patria con su gracia afrancesada y soberbia.

En su artículo “Sarmiento, lector de imágenes, escritor de prodigios”, Graciela Batticuore señala que la figura de Agustina Rosas “adquiere un lugar relevante en las memorias del hijo y su obra nos ofrece otro ejemplo de la relación madre-niño-lectura, así como de la colocación del autobiógrafo en la escena familiar argentina del siglo XIX.” Lucio narra su experiencia como niño lector y a la vez la de su hermana Eduarda Mansilla, que también fue escritora. Dice Mansilla que en su casa no hay una biblioteca materna: Agustina no es una lectora y la biblioteca del padre está fuera del lugar donde habitan los niños durante la primera infancia. De modo que Agustina Rosas, para que sus hijos aprendan a leer, apela al legajo de las cartas familiares.

Cuenta Mansilla en sus Memorias: “La señora había coleccionado cientos de cartas y hecho con ellas, poniéndoles tapas de cartón, un grueso infolio. Era para que nos acostumbráramos a leer letra manuscrita de toda clase (había alguna que al mejor se la daría) y para que supiéramos qué clase de amigos tenía mi padre …. Allí, en ese enorme mamotreto, verdadero legajo de varios, aprendí yo a conocer y a querer algunos personajes, los de letra clara como el señor don Domingo de Oro. Las simpatías de mi hermana y las mías estaban en razón inversa de la mala letra de los personajes”.

De modo que el ingenio de los niños pronto convirtió en juego la didáctica materna y encontró una diversión en la lectura. En primer lugar, el legajo proveía a los niños una destreza: la lectura de letras manuscritas de distinto tipo. Este entrenamiento les permitía, a través de la letra, de su forma, su tamaño, su cadencia, además, llegar a vislumbrar el carácter y la personalidad de los corresponsales, que les resultaban más o menos queribles en relación con la amabilidad o la rusticidad de su caligrafía. La novela familiar de los niños Mansilla se completaba tanto más cuanto esos corresponsales, cuyas misivas ellos leían ora a hurtadillas, ora a instancias de su madre, eran también asiduos visitantes de la casa.

Aunque estos padres “leen poco” -como aclara el memorialista-, las lecturas escogidas para los niños, así como la casa misma y sus rituales organizan una lógica propia. La casa Mansilla recibe a menudo visitas prestigiosas: la calle Tacuarí esquina Potosí es una mansión marcada por la belleza y por los brillos que el dinero es capaz de proporcionar. Y aunque no hay una biblioteca, las cartas y documentos dan cuenta de una literatura: la historia de la patria y la historia familiar.


Porque los propósitos, conscientes o no, de Agustina Ortiz de Rosas al dar a leer a sus hijos los archivos familiares, no son tanto pedagógicos cuando políticos: el legajo permite a los niños construir una genealogía. El conocimiento de los nombres de los allegados y parientes de la familia Mansilla les sirve para situarlos socialmente, para insertarlos en las redes de parentescos familiares, sociales y políticos. De modo que la práctica de la lectura del legajo los perfila como dignos herederos de la casa, apunta Batticuore. Como si se tratara de un manual cosido y dibujado por ella misma, la madre Agustina insta a los hijos a ejercitar su lectura. Pero el objeto de instruir a los niños es doble: no se trata tanto de iniciarlos en el conocimiento del alfabeto como de apropiarse, por medio del acceso a las cartas manuscritas de los corresponsales de la familia, de un linaje.

Fuente: Laura Ramos.Diario "Clarin" de Buenos Aires, domingo 29 de abril de 2012. 

martes, 28 de febrero de 2012

El general Bertrand Ract-Madoux, quinto nieto del benemérito general del Ejército Argentino, don Lucio Norberto Mansilla, asumió el pasado 1º de septiembre de 2011 como máxima autoridad del Ejército Francés.


Una mañana del 20 de noviembre de 1845, un general argentino, don Lucio Norberto Mansilla, comandaba las tropas de la Confederación Argentina, entonces gobernada por el Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, para enfrentar a la escuadra anglo-francesa, en la “Batalla de la Vuelta de Obligado”, hoy denominada “Batalla de la Soberanía”. 

Hoy, transcurridos 166 años de aquel hecho de armas, un general francés de cinco estrellas, asume como Jefe del Estado Mayor del Ejército de la República de Francia.

Que tienen en común estos dos hechos de la historia de ambos países?

Que el futuro comandante del ejército francés es quinto nieto del general Lucio Norberto Mansilla, prócer benemérito de la República Argentina.

Es increíble como la vida de los hombres y el devenir de los pueblos nos deparan estas magníficas historias de vida.

No dudamos que nuestro heroico general argentino, estaría orgulloso, al ver que su estirpe continúa el camino virtuoso que con tanto esmero inculcó a sus hijos y perduró en su descendencia, y que estaría muy feliz al comprobar que el camino del desencuentro terminó y que ambos países hoy están hermanados por ideales comunes.

Como vemos en Argentina o en Francia, los valores inculcados en la formación de una familia dieron y darán sus frutos y todos aquellos que sepan honrar los legados recibidos están llamados a desempeñar roles trascendentes donde quiera que se desempeñen en la vida.

El futuro general de cinco estrellas Bertrand-Regis-Marie-Dominique Ract Madoux, es hijo de Claude Louis Marie Robert Ract-Madoux y de Guillemette Tabard Bourgois. Nieto de Etienne Nicolás George Tabard y Antoinette Louise Eda Bourgois Marrier de Lagatinerie. Bisnieto de Henry Marie Bourgois y Guillemette Marrier de Lagatinerie García-Mansilla. Tataranieto de Charles Jules Michel Marrier de Lagatinerie y Eduarda Manuela Agustina Nicolasa García-Mansilla. Chozno de Manuel Rafael García Aguirre y Eduarda Mansilla Ortiz de Rozas. Quinto nieto de Agustina Martina Dominga Ortiz de Rozas – hermana menor de Juan Manuel de Rosas - y el general Lucio Norberto Mansilla Bravo de Oliva.

Fue nombrado el pasado 22 de junio por el Consejo de Ministros de Francia para desempeñarse como Jefe del Estado Mayor del Ejército Francés y asumirá su cargo el próximo 1º de septiembre , en reemplazo del general Elrick Irastorza, quién ocupa el cargo desde el mes de julio de 2008.

Nacido en 1953, el general Bertrand Ract-Madoux, de cincuenta y ocho años de edad es hijo de un oficial de caballería, se graduó en la prestigiosa Academia Militar de Saint-Cyr Coëtquidan. Esta escuela militar, fue creada por la ley del 11 de floréal del año X - que corresponde al 1 de abril de 1802 - por orden de Napoleón Bonaparte y su divisa es: "Ils s'instruisent pour vaincre" ; "Se instruyen para vencer".

En 1975, al egresar como oficial eligió el arma de caballería blindada y fue destinado al 8ª Regimiento de Húsares en Altkirch. Posteriomente se desempeñó como oficial instructor en la Escuela de Caballería (1975-1979) y fue destinado como Jefe de Escuadrón en Alemania (1982-1984). Se graduó como oficial de Estado Mayor (presupuesto y logística) y pasó a prestar servicios en la Escuela Superior de Guerra.

Al ascender al grado de teniente coronel fue jefe del 2º Regimiento de Cazadores, mas tarde director en el departamento de investigación del Ejército (1990-1995) y en el año 1995 con el grado de coronel comandó el 1º Regimiento de Spahis.

Durante su extensa carrera militar, realizó varias operaciones en el extranjero, en particular en la antigua Yugoslavia y en Costa de Marfíl.

                 Thierry Bussière, Patrice Ract-Madoux - mostrando el Boletin del
              Centro Naval con la imagen del almirante Manuel José García-Mansilla -
Hervé Ract-Madoux, el general Bertrand Ract-Madoux y Manuel Rafael García-Mansilla.
      Château du Plessis,Troyes, Champagne-Ardenne, Francia, 23 de julio de 2011.
Nombrado general fue comandante de la 2ª Brigada Blindada, para desempeñarse posteriormente como jefe de la oficina adjunta de "Estudios y Estrategia Militar " en el Estado Mayor General del Ejército.

Fue designado como Segundo Comandante de la Fuerza Licorne en Costa de Marfil, ( 2003 a 2004 ), y ocupó el cargo de jefe de estrategia e investigación en el Estado Mayor General de la EMA, para finalmente convertirse en el año 2007 en el Jefe de gabinete de la Dirección General de Seguridad Externa (DGSE).


Sus virtudes personales, fruto de una esmerada educación y un esfuerzo constante, su concepto del honor, su acendrado patriotismo, su honradez, su firmeza de carácter, su respeto por los principios republicanos, su abnegación y entereza y su gran espíritu de cuerpo fueron sin duda factores determinantes para que el Ministro de Defensa proponga al Consejo de Ministros a este destacado oficial para desempeñar el cargo de Jefe de Estado Mayor del Ejército Francés.

El General Bertrand Ract-Madoux revista las tropas de tierra del Ejército Francés.


Le deseamos a este querido y distinguido miembro de nuestra familia, 
el mayor de los éxitos en su nuevo destino militar.

Bertrand es un digno representante de nuestra estirpe, que ha sabido cumplir cabalmente el lema familiar:


“PIERDASE TODO SALVESE EL HONOR” 


¡VIVA LA ARGENTINA! ¡VIVA FRANCIA! 








ARTÍCULOS MÁS DESTACADOS

Manuel Rafael García Aguirre, el vigía prudente y celoso de la construcción de la primera escuadra de guerra de la Armada Argentina.

El 27 de mayo de 1872 fue sancionada por el Parlamento argentino la primera ley de adquisición de armamentos navales, mediante la cual ...

ARTÍCULOS MAS VISITADOS