jueves, 16 de septiembre de 2010

La batalla de "La Vuelta de Obligado" . Aportan detalles de la estrategia defensiva con la que se enfrentó a las flotas europeas.


Más de 120 cartas y notas inéditas sobre la batalla de la Vuelta de Obligado –muchas de ellas firmadas por el general Lucio N. Mansilla y sus comandantes– salieron a la luz después de 165 años, difundidas por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Pedro (Buenos Aires). Los documentos, que estaban depositados en el Museo y Archivo histórico Municipal “Gregorio Chervo” de San Nicolás, permiten conocer importantes detalles de la logística previa al combate .

Esta batalla, librada el 20 de noviembre de 1845, se inscribe en la llamada guerra del Paraná (ver “Una epopeya...” ). Ante el avance aguas arriba de las flotas inglesa y francesa, Juan Manuel de Rosas, al frente de la Confederación Argentina, ordenó a su cuñado, el general Lucio N. Mansilla, que instalara baterías costeras artilladas para frenar los barcos.

En julio de ese año, Mansilla comenzó a pedir hombres y provisiones al juez de paz de San Nicolás , que entonces tenía funciones políticas muy diferentes de las actuales. La correspondencia continuó hasta diciembre, también firmada por los comandantes Juan José Obligado, Francisco Crespo y Juan Antonio Garretón, el coronel José María Cortina y el primer edecán de Rosas, Antonino Reyes.

Ese juzgado conservó las comunicaciones, que traspasó al museo nicoleño. Hace pocos días, el director de Cultura de San Pedro, José Luis Aguilar, se enteró de que existirían papeles relacionados con el combate, y se comunicó con su par de San Nicolás, Mirta Chervo. El asombro fue enorme cuando Aguilar y sus colaboradores se encontraron con unas 120 cartas escritas a pluma, en perfecto estado de conservación .

“Mansilla y sus comandantes emitían correspondencia hacia Buenos Aires, que fue quedando en los museos porteños; es la que conoce la historia oficial. Pero también generaban correspondencia hacia el Juzgado de Paz de San Nicolás, al que pedían elementos e insumos”, cuenta el funcionario sampedrino.

Los documentos permiten conocer cómo se montó el dispositivo de defensa en el Paso del Tonelero, cerca del arroyo Las Hermanas, en Ramallo. Allí había ordenado Mansilla extender de orilla a orilla las tres cadenas con las que pretendía frenar a la escuadra invasora. Pero una fuerte tormenta desarmó la instalación, por lo que se eligió un nuevo lugar.

Éste fue la Vuelta de Obligado, un recodo donde el Paraná se angostaba a 700 metros, a 18 kilómetros al norte de San Pedro. Las cartas difundidas ahora revelan la existencia de portillones (puestos de control) en los caminos de acceso a los puntos de combate, y la obligatoriedad de permisos especiales para acceder a ellos. Funcionaban como un mecanismo “antiespías”, para evitar también el paso de unitarios.

Algunas misivas piden el envío de caballos “para consumo de los indios amigos”, lo que confirma la colaboración de los querandíes en la campaña . En otras, los militares se comprometen a restituir los animales de tiro y otros implementos confiscados a la población. Las cartas del 21 y 22 de noviembre ordenan buscar y llevar de regreso a los hombres dispersos tras la derrota.

Las copias de unas 80 cartas, con su transcripción realizada por Silvina Carro, podrán verse hasta el domingo en la Municipalidad de San Pedro. Es el prólogo de “Correo de la Batalla”, una muestra gigantografiada a inaugurarse el 20 de noviembre en el Parque Histórico Natural de Vuelta de Obligado, frente al museo del sitio.

Por Sibila Camps, publicado en diario"Clarin", Buenos Aires, Argentina. 16 de septiembre de 2010.

domingo, 29 de agosto de 2010

Otra París

Quien visita la capital francesa por primera vez debe conocer los imperdibles y los clásicos: la Torre Eiffel, Notre Dame, el Sagrado Corazón, los Champs Elysées... Para viajes posteriores, llega la hora de elegir qué ver además, qué costado recorrer. Aunque la ciudad es un mundo en sí misma y no alcanza una vida para explorarla entera, aquí van algunas propuestas para un tour alternativo.


La bohème




París es una ciudad de arte y de artistas. Es la ciudad de la bohème, ese estilo de vida que Charles Aznavour retrató mejor que nadie en uno de sus temas. Olvidemos la Place du Tertre, al pie del Sagrado Corazón, y sus pintores estereotipados, para visitar dos auténticos squats donde se pueden conocer talleres de artistas y tomar el pulso de las nuevas tendencias que están aflorando. En el norte de París, no muy lejos de Montmartre, el Centquatre (ciento cuatro) ocupa el sitio de las antiguas pompes funèbres (funerarias) de la ciudad. Sobre 9000 metros cuadrados conviven artistas becados en 19 talleres que se pueden visitar y recorrer. Hasta hay un café, una librería y una guardería decorada por la papisa del diseño francés actual, Matali Crasset. Muy similar es el squat de los Frigos, en la ribera izquierda de París, cerca de la nueva Biblioteca Nacional. Se trata de un enorme edificio industrial, antiguos frigoríficos donde se almacenaba carne, que fue un refugio de okupas en los años 70. Los punks y los linyeras fueron reemplazados por artistas que instalaron sus talleres en enormes cámaras frías reacondicionadas: escultores, pintores, arquitectos, músicos, sellos musicales y colectivos artísticos. Se puede visitar en los días especiales abiertos al público o por medio de una cita previa con el vocero de estos artistas, el escultor Jean-Paul Reti.

Centquatre: 104, rue d´Aubervilliers. Todos los días, a partir de las 11. www.104.fr .
Les Frigos: 19, rue des Frigos. http:/les-frigos.com . 

La capital del chocolate



París no tiene nada que envidiarles a Bruselas y Zurich en materia de chocolates refinados y de alta gama. En la capital francesa hay opciones y variantes para que cada aficionado al divino cacao pueda encontrar la suya. Hay quienes lo prefieren líquido: en ese caso, las mejores opciones son el exquisito Café Angelina, a pasos del Louvre, sobre la rue de Rivoli (su chocolat africain tiene adeptos en todo el mundo), y el salón de té de Ladurée de la rue Royale. La casa es conocida ahora sobre todo por sus macarons, un bocado de pasta de almendras que era el preferido de María Antonieta y que se puso de moda nuevamente.





Pero la reina no gustaba solamente de los macarons, y sus proveedores de chocolate siguen existiendo: se llamaban Debauve et Gallais y eran boticarios; es decir, farmacéuticos que proponían recetas a base de chocolate a la reina y su corte. La casa tiene más de dos siglos y sigue vendiendo su producto más emblemático, las pistoles de María Antonieta (una monedas de chocolate con 99% de cacao). Otro lugar histórico para comprar chocolate y golosinas es A la Mère de Famille, un negocio fundado en 1761 cuya decoración y mobiliario atravesaron los siglos para formar una suerte de museo del siglo XVIII.









Café Angelina , 226 rue de Rivoli. Ladurée, 16 rue Royale (hay varias sucursales en la ciudad),
www.laduree.fr .Debauve et Gallais , 30 rue des Saints Pères, www.debauve-et-gallais.com .
A la Mère de Famille , 35 rue du Faubourg, Montmartre, www.lameredefamille.com .

Monumentos espontáneos
¿Que diferencia hay entre dos de los más emblemáticos monumentos de París, el Arco de Triunfo y la Torre Eiffel? El primero es un monumento genuino, encargado por Napoleón para glorificar su ejército y sus victorias. Pero el segundo es el verdadero símbolo de la ciudad, una construcción que en sus primeros años tuvo tantos detractores que estuvo a punto de ser demolida varias veces. No es el único caso: París está llena de monumentos con historias distintas o espontáneas. Como el Grand Palais, uno de los símbolos de la belle époque que fue concebido para durar sólo el tiempo de una exposición universal, pero actualmente es un monumento indiscutido en el patrimonio de la ciudad. En los años 70 se arrasó el mercado central parisiense para construir el Forum des Halles, un centro comercial que necesita liftings regulares para sobrevivir. La historia reciente también trajo con ella sus monumentos, a veces inesperados: como la llama de bronce de la plaza del Alma, que siempre tiene flores desde que se produjo el accidente mortal de la princesa Diana en el túnel cercano. Tanto que muchos piensan que esta llama fue construida en su memoria, aunque es en realidad una copia de la antorcha de la Estatua de la Libertad regalada por Estados Unidos a Francia? El Estadio de Francia, en el difícil suburbio de Saint Denis, se convirtió también en monumento, luego del Mundial de Fútbol de 1998, y se organizan visitas para recorrerlo. Otro tipo de monumento nacido espontáneamente es la pared de la casa donde vivió el mítico cantante y artista Serge Gainsbourg, en la calle de Verneuil. Desde su muerte, la pared está cubierta de grafitis y tags, como si se tratara de un lugar de culto a su genio musical.



Plaza del Alma: en la ribera derecha del Puente del Alma.
  • Stade de France: se desaconseja llegar en auto porque es difícil encontrar un lugar de estacionamiento. Se puede ir en subte, por la línea 13, estación St. Denis Porte de París. Se recomienda prudencia al transitar por la zona. St Denis es uno de los suburbios más peligrosos del norte de la ciudad. Una estación más lejos está la Basílica de St. Denis, donde se hallan las sepulturas de los reyes de Francia.
    Casa de Serge Gainsbourg: 5bis, rue de Verneuil. No se visita, pero fue dejada en el estado original por su hija, la actriz Charlotte Gainsbourg. 


En Bicicleta.
París, como toda ciudad con historia, rebosa de secretos que sólo hay que querer conocer para descubrir. Una de las maneras más originales de explorar sus rincones ocultos es subirse a los paseos en bicicleta eléctrica que organiza Paris Charms & Secrets, partiendo de la céntrica y elegante Place Vendôme para un itinerario que alcanza unos 25 kilómetros a lo largo de cuatro horas. Pero sin cansarse nunca, a pesar de las subidas y bajadas frecuentes de París, ya que las bicicletas son livianas, ágiles y muy fáciles de manejar después de haber recibido las primeras instrucciones de parte de los guías (que realizan las visitas en varios idiomas, incluyendo castellano).


El grupo pasea orondo en bicicleta frente a la Opera Garnier, sigue el recorrido del meridiano de París señalado con un bronce en el pavimento, se interna en los jardines del Palais Royal y se asoma a la sombreada Cour de Rohan, junto a una de las antiguas puertas de París. Todo en dos ruedas, y en parte por las numerosas bicisendas que atraviesan la ciudad, aunque otras veces hay que meterse directamente en pasajes peatonales o en calles muy transitadas. La visita permite descubrir muchas curiosidades de París, por conocida que sea: la pared donde se ve un "metro patrón", que sirvió para popularizar el uso de la nueva medida en el siglo XIX; uno de los últimos pozos de agua que quedan en la ciudad; el Café Procope, mítico restaurante considerado entre los más antiguos del mundo, y hasta las Arenas de Lutecia, un anfiteatro romano en el corazón de la ciudad.


El paseo cuesta 49 euros por persona. www.parischarmssecrets.com


Las mejores vistas de la Torre Eiffel

La Torre Eiffel y las terrazas del Sagrado Corazón son dos formas tradicionales e ideales se sentir París a los pies. Pero no las únicas: la Torre Montparnasse, único rascacielos de la ciudad gracias a una rara excepción a las reglas arquitectónicas parisienses, ofrece también un punto de vista perfecto. Desde el 56° piso, a 200 metros de altura, o desde la terraza panorámica al aire libre, a 210 metros, se ve todo París como un póster desplegado delante del visitante, un gigantesco juego de adivinanzas donde hay que ubicar los monumentos más famosos que sobresalen por encima de los techos a la Haussmann, siempre de la misma altura, cualquiera que sea el barrio de la ciudad. Las colas para ascender a esta torre son habitualmente mucho más cortas que para subir a la Torre Eiffel. Los ascensores llegan al piso 56° en medio minuto, y luego sólo falta un par de pisos por escalera para acceder a la terraza.




La subida cuesta 11 euros para los adultos y 4,70 para los menores de 15 años. Montparnasse 56 está abierto de 9.30 a 23.30, de abril a octubre (cierra un poco más temprano el resto del año).www.tourmontparnasse56.com 




Desde la Torre Montparnasse se tiene sin duda una hermosa vista de la otra torre, la Dama de Hierro, la más famosa de todas que lleva la firma de Gustave Eiffel. Pero no es la más impactante... ¿Quién no quiere convertirse en émulo de Samuel Fergusson, personaje de Julio Verne que sobrevoló Africa en globo, pero sobre los techos de París? La aventura es posible gracias al gigantesco globo aerostático instalado en el parque André Citroën, del 15° arrondissement de la capital francesa. Todos los días, desde las 9 hasta el atardecer, es posible subir al globo y elevarse suavemente, durante unos 20 minutos, y divisar las orillas del Sena, la Torre Eiffel y los barrios del sudoeste parisiense desde 150 metros de altura.

Metro: Javel o Balard; tarifa, 12 euros para los adultos los fines de semana; 6 euros, de 3 a 11 años.www.ballondeparis.com .


El barrio más joven








Bercy está a orillas del Sena, en el este de la vieja Lutecia. Fue un pueblo y un puerto fluvial hasta que finalmente la capital francesa lo integró dentro de su perímetro. A fines del siglo XIX su puerto era el mayor mercado del mundo para los vinos y bebidas espirituosas. En los años 60, con los cambios en la venta de vinos (se empezó a embotellar en las bodegas para asegurar a los consumidores una mayor calidad), Bercy se transformó en un barrio fantasma, y empezaron las obras para remodelarlo. La última etapa de esta gran reconversión fue inaugurada hace apenas un año, con la apertura de Bercy Village. Cerca del ya mítico estadio de Bercy y del Ministerio de Finanzas, el paseo fue instalado en los antiguos almacenes de los comerciantes de vinos. Se mantuvieron la arquitectura original, el pavimento de las calles y hasta los rieles de los vagones de carga, pero se construyeron modernos hoteles como el Pulman Paris Bercy, un complejo de salas de cine, edificios de departamentos y una estación de subte sobre la modernísima línea 14 (no tiene conductor y va desde la Biblioteca Nacional de Francia hasta la estación de St. Lazare). El Village en sí es un paseo con negocios, cafés y un supermercado, todo abierto los domingos.








  • Metro: Cour St Emilion, sobre la línea 14. La estación Bercy, sobre las líneas 14 y 6, es otra opción, aunque un poco más alejada del centro comercial y los cines. Los negocios abren de 11 a 21, y los restaurantes hasta las 2 de la mañana.



FUENTE: 
Pierre Dumas Publicado por el diario "La Nación" de Buenos Aires, en su Suplemento de Turismo el domingo 28 de agosto de 2010.FOTOGRAFIAS:Cafe Angelina: newyorkette.com ; Cafe Procope: fotopedia.com ; Las arenas de lutecia: http://www.torreeiffel.net/las-arenas-de-lutecia ; A la mere de Famille: commerces-immarcescibles.blogspot.com ; Le Village de Bercy: trekearth.com ; Les Frigos: skyscrapercity.com ; La casa de Serge Gainsbourg, en la calle de Verneuil: parisciudaddelaluz.blogspot.com ; Vista desde la Torre de Montparnasse: votravia.com

Lucio Victorio Mansilla. Los siete platos de arroz con leche.

 Por Ángel Stival.

El escrito sobre Juan Manuel de Rosas transmite el magnetismo del poder, su influencia y también el extravío en el que suele caer en sus horas finales.

Un relato de Lucio V. Mansilla revela el magnetismo del poder y también su extravío. "!No te digo que está loco tu hermano!", gritó Lucio a su mujer, Agustina Rosas, cuando su hijo Lucio Victorio Mansilla contó los pormenores de su demora en la casa de su tío, don Juan Manuel de Rosas.

El muchacho, que regresó en forma precipitada de Europa en 1851 por las noticias del alzamiento de Justo José de Urquiza, había salido en las primeras horas de la tarde para recibir la bendición de su tío y regresó a las 3 del otro día, encontrándose con el cuadro de sus angustiados padres que ya no confiaban en el equilibrio de Rosas.

Todo lo cuenta este personaje notable, incapaz de adecuarse a los moldes rígidos de lo bueno y lo malo en los que suele encerrarse nuestra historia, en uno de sus escritos, Los siete platos de arroz con leche .

Allí relata cómo lo recibió su prima Manuelita, rodeada de un séquito de admiradores; cómo esperó a Rosas durante horas; cómo, por fin, su tío lo recibió, sentado en una cama tan alta que sus pies no tocaban el suelo y le leyó un prolongado pronunciamiento sobre el momento político, como si no presintiera el desenlace que se concretaría en Caseros; y cómo, en el transcurso de la larga velada cargada de acechanzas, el famélico joven se comió siete platos de arroz con leche.

El escrito incluye también el final de la historia, que, sin mencionarlo siquiera -y allí reside su genialidad- transmite el magnetismo del poder, su influencia y también el extravío en el que suele caer en sus horas finales.

Lucio cuenta que, tiempo después, fue a visitarlo a su destierro de Southampton y Rosas le preguntó en qué pensaba. "En nada", le contestó. "Si adivino, ¿me va a decir la verdad?", insistió. No tuvo más remedio que aceptar. "Bueno -repuso él-, ¿a que estaba pensando en los platitos de arroz con leche que le hice comer en Palermo, pocos días antes de que "el Loco" (por Urquiza) llegara a Buenos Aires? ¿A que cuando llegó a su casa a deshoras, su padre le dijo a Agustinita: 'No te digo que tu hermano está loco'?"

"Es cierto", tuvo que reconocer. Y su tío se echó a reír de manera burlona.

Fuente: "La Voz del interior" Sección Opinión, publicado el domingo 29 de agosto de 2010.

martes, 3 de agosto de 2010

ALMIRANTE MANUEL JOSÉ GARCÍA-MANSILLA. CENTENARIO DE SU MUERTE.

Por Jorge Rafael Bóveda

El 18 de agosto de 2010, se cumplen cien años de la prematura muerte del Contralmirante Manuel José García-Mansilla, una de las figuras mas distinguidas de nuestra marina de guerra, y pionero del arma torpedista argentina. Su esmerada educación europea y formación profesional francesa aportaron prestigio y profesionalismo a la Armada Argentina, convirtiéndose con el tiempo en uno de los oficiales mas destacados de su generación. 

Como Comandante Director de la Escuela Naval Militar fue el responsable de llevar la institución a sus máximos niveles de excelencia académica y profesional. Su mente iquieta le permitió desarrollar violosos instrumentos náuticos y mejorar aparatos de su especialidad, a tal punto que se lo considerá "el primer hombre de ciencia de la armada". 

En caso de haberse enfrentado la Argentina y Chile, a principios del siglo pasado, era candidato seguro a comandar nuestra escuadra durante las operaciones bélicas. Alcanzó la Jefatura del Estado Mayor General de la Armada durante la presidencia del Dr. José Evaristo Uriburu. Su foja de servicios constituye un ejemplo para las futuras generaciones de oficiales y para todos aquellos que algún día abracen la carrera naval. 

García-Mansilla significó en vida para nuestra marina el equivalente a diez acorazados, pues fueron hombres de su calibre e ilustración quienes posibilitaron el ascenso de la República Argentina al estadio de una verdadera potencia marítima sudamericana. Sus intachables condiciones personales, su hombría de bien, su refinada cultura, y su habitual profesionalismo en todas las tareas que emprendió lo señalan como el oficial naval más destacado de su generación. Sus condiciones de jefe podemos apreciarlas en aquellos oficiales que sirvieron bajo sus órdenes, muchos de los cuales alcanzaron merecidamente el almirantazgo. Todos ellos le profesaban un profundo aprecio y admiración, cualidades que también fueron muy valoradas por sus superiores. 

El día de su sepelio, el Ingeniero Santiago Barabino habló en nombre de la Sociedad Científica Argentina expresando:"Grande es la pérdida sufrida por el país con la desaparación del contralmirante García-Mansilla, pues hoy que la fatalidad lo ha eliminado del mundo de los vivos, puede decirse sin menoscabo para nadie, que era el más elevado exponente intelectual de nuestra armada el más docto marino que poseía la Nación. Su pericia naval, su competencia técnica, han sido demostradas brillantemente por él en los elevados cargos que ejerciera en la administración y comando de nuestra escuadra" 

viernes, 30 de julio de 2010

La Princesa Federal. Vida de Manuelita Rosas.

Con más de 25.000 ejemplares distribuidos en la Argentina en distintas ediciones "La princesa Federal", de la escritora María Rosa Lojo, que recrea la vida de Manuela de Rosas vuelve a publicarse en Buenos Aires y será traducida al italiano y presentada en la próxima Feria del Libro de Frankfurt.

El libro salió por primera vez en 1998 y tuvo muchas impresiones, esta es la sexta y se va a publicar en Italia, en el marco del programa de traducciones de Cofra (Comité Organizador de la presencia argentina en la Feria de Frankfurt).

"La idea fue recuperar la figura de Manuela de Rosas como sujeto en todos sus matices, pensarla desde adentro. Hay una asignatura pendiente en la literatura argentina que es justamente dar cuenta de la interioridad de las mujeres. Son pocos los que han buceado en personajes femeninos", consideró la autora ante Télam.

"Lo que le da una profundidad particular a este personaje -apuntó- es la multiplicidad de miradas que convergen sobre ella: por un lado la mirada de Pedro de Angelis (que fuera el periodista de Juan Manuel de Rosas) a través de un diario apócrifo. Y la de Gabriel Victorica -un personaje de ficción-, intrigado por el misterio de esta anciana sabia y cínica".

Para Lojo, uno de los objetivos del libro -publicado por la editorial El Ateneo- es mostrar a Manuela no como un apéndice de Rosas: "Siempre hemos tenido una visión pobre, muy achatada de las mujeres de la historia, como si hubieran sido solamente hijas de esposas de amantes de y como si nada valieran por si mismas".

"Y a ella le tocó un papel excepcional -opinó-, ser una especie de primera dama extraoficial, porque Rosas no era presidente sino el representante de la Confederación Argentina, el gobernador más poderoso, sin dudas".

Manuela tuvo muchas funciones: "mediadora entre su padre y el pueblo; se relacionó de una manera fluida con los representantes de los gobiernos extranjeros, y hasta ocasionó el enamoramiento de alguno como el caso de lord Howden que le propuso matrimonio, estaba totalmente embelesado con ella".

Las mujeres entonces, resaltó Lojo, "tenían muy poca educación formal, Manuela se tuvo que hacer a sí misma seguramente con la ayuda de consejeros y maestros, por eso si bien no esta documentado, imagino ese tipo de relación con De Angelis -en la novela Manuela le pide consejo- es algo que pudo haber sucedido".

Lojo leyó mucho sobre Rosas, sobre Manuela, "que no hay tanta bibliografía, y sobre Pedro de Angelis: hay un libro fundamental de Josefa Sabor, una bibliotecóloga, que estudió a De Angelis como coleccionista de libros. También gracias a él se publicó una fabulosa colección de obras y documentos sobre el Río de la Plata".

Otro aspecto importante para la autora es el encuentro de Manuela con el poder público, "no en el ámbito privado donde era usual que las mujeres influenciaran, pero en ese escaparate social que ella tuvo se ven las capacidades femeninas generales para el poder".

El personaje de Victorica "está ahí para connotar las transformaciones de la época, es el descendiente ficticio de dos personajes reales: Bernardo y Benjamín Victorica, este último casado con una hija de Urquiza (José de), vencedor de Rosas, y futuro ministro de Guerra de (Julio) Roca. Significa el reciclaje de la clase política, la instauración de un nuevo orden".

Su hijo ficticio, hombre de pensamiento en la novela, "se pregunta qué dejó esta transformación, qué hubo de cierto en esos estereotipos que vendieron unitarios y federales, hombres de otra generación", explica Lojo.

Máximo Terrero, marido de Manuela, "no tuvo una actuación en primer plano en el horizonte político. Fue el secretario de Rosas.

Y tuvo el coraje suficiente para dejarse opacar. Dejar que ella brille y esperarla. Y cuando no hubo ningún pretexto político que debiera cumplir ella decidió casarse".

"Una cosa que me interesó destacar -señaló Lojo- es Manuela como sujeto político, no sólo como la buena hija que hace las cosas porque se las pide su padre, sino una mujer con conciencia política que cumple con su deber mientras está en el poder. Y sigue sintiéndose comprometida aun en el exilio: le da a Adolfo Saldías los papeles, el archivo de Rosas".

La novela, traducida al italiano, va a ser presentada en la próxima Feria del Libro de Frankfurt, donde nuestro país será invitado de honor, junto a otros libros que entraron en el Programa Sur, de traducciones de obras argentinas a distintos idiomas.

"Y se va a llamar `Il diario segreto de Piero Di Angelis` porque no lo conocen, se fue muy joven de Nápoles y se convirtió en el gran archivero argentino", explicó Lojo.

FUENTE: Agencia Telam, entrevista a la escritora María Rosa Lojo autora de la novela.

sábado, 17 de julio de 2010

EL WALHALLA ARGENTINO

Por Maximiliano Gregorio-Cernadas

Según la fantasía mitológica de los antiguos germanos, las almas de los guerreros caídos gloriosamente en combate eran conducidas por las valkirias hasta la fortaleza de Walhalla, una versión septentrional del olimpo griego.

Siglos después, el rey bávaro Ludwig I plasmó la idea de aquel sitio mítico en un lugar concreto y construyó, en 1842, un imponente templo neoclásico inspirado en el Partenón de Atenas, emplazado en la cima de una colina con vistas impresionantes sobre el valle del Danubio.

Templo de Walhalla, inaugurado el 18 de octubre de 1842.

El recinto, decorado con lujosos materiales, fue destinado a funcionar como una suerte de "salón de la fama" y albergaba bustos y placas que recordaban a las grandes personalidades de la "cultura pangermana", en el más laxo y caprichoso sentido de la expresión, incluyendo reyes ingleses, pintores flamencos y músicos austríacos, con remotos vínculos alemanes.

Interior del Templo de Walhalla.

Como ya estará adivinando el lector, el "templo" ofrece a los extranjeros no impresionables un aire de irrealidad, de criterios conceptuales extravagantes y una estética tan pueril como la mayoría de las desmesuradas construcciones que encomendó más tarde su hijo, Ludwig II, el trastornado rey bávaro responsable del castillo en el que se inspiró Walt Disney y que fue destronado por insano. Para el resto de los visitantes, el sitio podría parecer sagrado.

Castillo de Neuschwanstein en Baviera.

En cualquier caso, en este artículo no se trata más que de constatar que algunos pueblos no se imponen límites demasiado rigurosos al difundir su historia ante el gran público. Algo similar ocurre en países como Francia o Inglaterra, paradigmas de cómo construir historias gloriosas para consumo mundial, aun a partir de sucesos truculentos. De lo que no cabe duda es de que, más allá de la rigurosidad que pueda hallarse en ambientes académicos, la imagen popular que las artes y los medios reproducen en esos países está casi siempre basada en el respeto, la dignidad y la exaltación de los actores históricos. Una versión de la autoestima.

Por el contrario, en la Argentina del último medio siglo se han venido desarrollando dos procesos nefastos respecto de la mirada popular sobre la historia. Por un lado, la sanguinaria e irresuelta disputa de revisionistas versus academicistas se extendió sin freno e impidió una mirada serena, madura e inteligente de nuestro pasado.

Esta polémica alimentó desde la violencia civil hasta exaltaciones mesiánicas del tipo del "Altar de la Patria".



El segundo y más reciente cáncer de la historia de los argentinos es la amplia difusión que se está imponiendo de una suerte de anti Walhalla, del que ningún personaje histórico escapa. Una banalización suicida de nuestra historia, demorada en ruindades, y que conduce inexorablemente a una visión pesimista de nosotros mismos, asumida con resignación por la gente que poco o nada ha leído en serio sobre el tema.

El hecho es que seguimos discutiendo sobre Rosas, Roca, Perón, Eva y el Che, como si nada hubiéramos aprendido sobre el tema y continuáramos siendo eternos adolescentes exaltados y parricidas de los años 70. A ello se ha sumado ahora que, a pesar de que el Walhalla argentino contiene nombres insuperables en el nivel mundial en sus especialidades -San Martín, Alberdi, Saavedra Lamas, Houssay, Ginastera, Leloir, Milstein, Pérez Esquivel, Borges y Piazzolla, amén de los nombrados, entre una larga lista-, proliferan advenedizos diletantes de la historia, expertos en "descubrir" -como ya lo profetizó Discépolo- los peores aspectos de cualquier prócer argentino.

César Milstein (1927-2002).
Premio Nobel de Medicina (1984).

Las causas de estos males son claras: la anteposición de los intereses ideológicos, el lucro (jamás escapan del formato best seller ) y de la eterna vanidad humana, por sobre la verdad histórica, la mesura, la sensatez y la madurez intelectual.

Hoy, cualquier escritorzuelo o seudointelectual es capaz de clavar la más artera de las puñaladas a figuras del tamaño de San Martín o Borges, con tal de ganarse un mínimo espacio en el mundo (invitaciones internacionales, micrófonos, líneas en la prensa; en fin, los conocidos cinco minutos de gloria), especialmente si se lo recita con aire de intelectual, frente a extranjeros que no saben de qué se habla, pero que están dispuestos a gozar del desconcertante espectáculo que brindan algunos argentinos cuando, al intentar salvarse denigrando a sus compatriotas, no hacen más que devorarse a sí mismos.

Como en este momento la sociedad argentina, y en especial sus jóvenes, reclaman a gritos modelos y conductas ejemplares, y eso es escaso en nuestro presente, se torna cada vez más acuciante la necesidad de recurrir a los muertos para buscar la luz que los oriente entre tanta oscuridad, producto de la droga, la violencia, la desocupación, la marginalidad y la desesperanza a la que contribuyen estos profetas del odio.

Por eso, llegando al Bicentenario de esta bendita tierra que nos ha tocado en suerte, les cabe a los docentes, a los periodistas y a los intelectuales, pero muy especialmente a los padres, la enorme responsabilidad de revertir este proceso de manoseo vil del pasado y rescatar la apasionante moraleja ética y épica de la historia argentina con la madurez que ofrece el tiempo, la verdad que revela la ciencia histórica, la indulgencia que exige la responsabilidad social y el respeto que impone el amor a nuestra tierra.

No se trata de elaborar panegíricos ciegos ni listas de réprobos y elegidos, porque nadie es perfecto, ni en la Argentina ni en ninguna parte del mundo, sino de aprender a distinguir lo valioso de lo olvidable en cada personaje y su conducta, lo que nos enorgullece y debemos recordar de lo que conviene descartar y no repetir.

Más que libros superficiales de rápida venta, se requieren manuales sencillos que exalten a niños y jóvenes de entusiasmo y esperanza, relatándoles las proezas de aquellos prohombres que sobran en la historia argentina, muchos de ellos de celebridad internacional y cuya lectura llene los ojos de lágrimas a maestros y alumnos en las aulas, tanto como a padres y a hijos antes de dormir.

Si los adultos argentinos nos abocáramos a quitar el tizne con que los incendios iconoclastas han oscurecidos los bustos de nuestros próceres, descubriríamos para las jóvenes generaciones de argentinos el mármol glorioso de la noble estirpe que descansa en el Walhalla argentino aguardando a ser convocada una vez más al servicio de la patria.

© LA NACION El autor es diplomático de carrera, especializado en política exterior cultural. Publicado en La Nación impresa el sábado 5 de mayo de 2010.

martes, 22 de junio de 2010

"ARGENTINE", UN HOMENAJE DEL PUEBLO FRANCÉS EN EL METRO DE PARIS.





En el año 1845 ejercía el poder en la frágil Confederación Argentina, el gobernador de Buenos Aires, Don Juan Manuel de Rosas. El controlaba la aduana del puerto que le permitía recaudar los impuestos que la misma cobraba por la introducción de productos extranjeros. Más aún, le posibilitaba decidir que productos podían entrar a Corrientes, Santa Fe e incluso al Paraguay. Por ello, la aduana era no sólo fuente de poder económico sino también político.

Para la misma época Francia e Inglaterra eran los dos países más avanzados tecnológicamente y militarmente del planeta. Ambos estaban en pleno desarrollo de importantes procesos de industrialización, lo que les permitía disponer de gran cantidad de mercaderías de todo tipo que era necesario vender.

Para dichos países, Paraguay y el litoral argentino eran mercados potenciales muy importantes que estaban deseosos de consolidar. A esta contradicción entre los que deseaban controlar el comercio y los que pretendían la libertad absoluta del mismo, se suma la intervención de la Federación Argentina en la guerra civil que azotaba el Uruguay. Rosas apoyó a Manuel Oribe, quien con ayuda de barcos porteños puso sitio al puerto de Montevideo a fin de expulsar del poder a Fructuoso Rivera.

Francia e Inglaterra consideraron que el conflicto se había internacionalizado y creyeron legítimo que ellos podían intervenir también. Rosas fue intimado a retirar sus tropas a lo que se negó, acto seguido la flota anglo-francesa capturó los barcos porteños que sitiaban Montevideo.


La desaparición de la flota rosista permitió que un gran número de barcos mercantes pudiera remontar el Río de La Plata y sus grandes afluentes y llevar todo tipo de mercaderías hasta en el mismo Paraguay. Hasta 92 navíos se concentraron para emprender el viaje.

Rosas no lo entendió de la misma manera y dio ordenes al GeneraL Lucio Norberto Mansilla, uno de sus comandantes más prestigiosos, para desbaratar el proyecto comercial que pretendía hacerse sin ningún tipo de autorización argentina y por supuesto sin pagar ningún tipo de impuestos. Para impedir semejante violación de nuestra soberanía, Mansilla construyó, sobre las márgenes del río Paraná, cuatro baterías equipadas con rudimentarios cañones en el lugar denominado la Vuelta de Obligado. Allí el río tiene entre 700 y 800 metros de ancho, 15 de profundidad y hace un recodo, lo que obligaría a los barcos a reducir su marcha, facilitando el tiro de la artillería patriota. Además tendió tres gruesas cadenas de costa a costa con lo que la navegación del Paraná quedaba totalmente bloqueada.

Enterados de los preparativos bélicos, se hizo avanzar adelante de los barcos mercantes,  a nueve poderosos navíos de guerra de los cuales cuatro eran ingleses y cinco franceses, con la novedad técnica que tres de ellos eran impulsados por máquinas de vapor y podían prescindir de las velas. Por primera vez en la historia remontaban el río Paraná navíos de este tipo. Los artilleros de Mansilla con poco armamento y poco o ningún entrenamiento, y las tropas destinadas a proteger las baterías eran en su mayor parte gauchos y vecinos armados para la ocasión. El 20 de noviembre de 1845, la flota enemiga estuvo frente a los cañones patriotas y se desató un furioso combate. Gran sorpresa y preocupación, provocó el hecho que los cañones franceses disparaban un nuevo tipo de proyectil de punta hueca, cuarenta kilos de peso y dotados de espoletas que comenzaron a hacer estragos en las baterías costeras.

Con gran coraje el comandante inglés Hope, hizo bajar tres botes desde su navío y se dirigió hacia las cadenas logrando cortarlas a hachazos. A partir de allí los barcos enemigos pudieron maniobrar con toda facilidad, primero desembarcó un contingente de infantes de marina inglés compuesto por 325 soldados y luego un contingente similar de franceses de 125, con ellos se pasó al asalto de las baterías. Al anochecer los criollos debieron retirarse pero la flota franco inglesa estaba en tal mal estado, que le demandó varias semanas reparar las averías.


La acción militar fue presentada como un triunfo extraordinario por la prensa europea, varios oficiales ingleses que participaron en la batalla, obtuvieron importantes ascensos. Sin embargo para la Confederación Argentina, tampoco fue una derrota, meses después tanto ingleses como franceses debieron firmar tratados comerciales con las autoridades criollas donde se especificaban derechos y garantías para ambas partes.

En París se bautizó una calle con el nombre de "rue Obligado", para conmemorar el triunfo franco-inglés en aquel memorable combate. Años después cuando se construyó la red de subterráneos, una estación de metro vecina a esta calle también recibió el nombre de Obligado.


Casi un siglo después en 1947, Eva Perón visitó oficialmente Francia,  llevando un barco cargado con trigo argentino como una contribución del pueblo argentino al pueblo francés, sacudido entonces por grandes penurias derivadas de la Segunda Guerra Mundial.

Nuestro país tendía su mano generosa a Francia, sin rencores del pasado, deseando que la noble tierra de San Luis, comenzara cuanto antes su rehabilitación. Ante semejante gesto, las autoridades francesas, con    gran hidalguía resolvieron cambiar el nombre a la estación de metro "Obligado" e imponer el nombre de "Argentine".

Hasta la fecha, no hay ninguna estación de metro que se llame, EE.UU, Gran Bretaña o Brasil, pero si una que lleva el de nuestro país.

Fuente: Edgardo Mendoza.Diario de Cuyo. El Periscopio. Provincia de Mendoza. Argentina

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