martes, 22 de junio de 2010

"ARGENTINE", UN HOMENAJE DEL PUEBLO FRANCÉS EN EL METRO DE PARIS.





En el año 1845 ejercía el poder en la frágil Confederación Argentina, el gobernador de Buenos Aires, Don Juan Manuel de Rosas. El controlaba la aduana del puerto que le permitía recaudar los impuestos que la misma cobraba por la introducción de productos extranjeros. Más aún, le posibilitaba decidir que productos podían entrar a Corrientes, Santa Fe e incluso al Paraguay. Por ello, la aduana era no sólo fuente de poder económico sino también político.

Para la misma época Francia e Inglaterra eran los dos países más avanzados tecnológicamente y militarmente del planeta. Ambos estaban en pleno desarrollo de importantes procesos de industrialización, lo que les permitía disponer de gran cantidad de mercaderías de todo tipo que era necesario vender.

Para dichos países, Paraguay y el litoral argentino eran mercados potenciales muy importantes que estaban deseosos de consolidar. A esta contradicción entre los que deseaban controlar el comercio y los que pretendían la libertad absoluta del mismo, se suma la intervención de la Federación Argentina en la guerra civil que azotaba el Uruguay. Rosas apoyó a Manuel Oribe, quien con ayuda de barcos porteños puso sitio al puerto de Montevideo a fin de expulsar del poder a Fructuoso Rivera.

Francia e Inglaterra consideraron que el conflicto se había internacionalizado y creyeron legítimo que ellos podían intervenir también. Rosas fue intimado a retirar sus tropas a lo que se negó, acto seguido la flota anglo-francesa capturó los barcos porteños que sitiaban Montevideo.


La desaparición de la flota rosista permitió que un gran número de barcos mercantes pudiera remontar el Río de La Plata y sus grandes afluentes y llevar todo tipo de mercaderías hasta en el mismo Paraguay. Hasta 92 navíos se concentraron para emprender el viaje.

Rosas no lo entendió de la misma manera y dio ordenes al GeneraL Lucio Norberto Mansilla, uno de sus comandantes más prestigiosos, para desbaratar el proyecto comercial que pretendía hacerse sin ningún tipo de autorización argentina y por supuesto sin pagar ningún tipo de impuestos. Para impedir semejante violación de nuestra soberanía, Mansilla construyó, sobre las márgenes del río Paraná, cuatro baterías equipadas con rudimentarios cañones en el lugar denominado la Vuelta de Obligado. Allí el río tiene entre 700 y 800 metros de ancho, 15 de profundidad y hace un recodo, lo que obligaría a los barcos a reducir su marcha, facilitando el tiro de la artillería patriota. Además tendió tres gruesas cadenas de costa a costa con lo que la navegación del Paraná quedaba totalmente bloqueada.

Enterados de los preparativos bélicos, se hizo avanzar adelante de los barcos mercantes,  a nueve poderosos navíos de guerra de los cuales cuatro eran ingleses y cinco franceses, con la novedad técnica que tres de ellos eran impulsados por máquinas de vapor y podían prescindir de las velas. Por primera vez en la historia remontaban el río Paraná navíos de este tipo. Los artilleros de Mansilla con poco armamento y poco o ningún entrenamiento, y las tropas destinadas a proteger las baterías eran en su mayor parte gauchos y vecinos armados para la ocasión. El 20 de noviembre de 1845, la flota enemiga estuvo frente a los cañones patriotas y se desató un furioso combate. Gran sorpresa y preocupación, provocó el hecho que los cañones franceses disparaban un nuevo tipo de proyectil de punta hueca, cuarenta kilos de peso y dotados de espoletas que comenzaron a hacer estragos en las baterías costeras.

Con gran coraje el comandante inglés Hope, hizo bajar tres botes desde su navío y se dirigió hacia las cadenas logrando cortarlas a hachazos. A partir de allí los barcos enemigos pudieron maniobrar con toda facilidad, primero desembarcó un contingente de infantes de marina inglés compuesto por 325 soldados y luego un contingente similar de franceses de 125, con ellos se pasó al asalto de las baterías. Al anochecer los criollos debieron retirarse pero la flota franco inglesa estaba en tal mal estado, que le demandó varias semanas reparar las averías.


La acción militar fue presentada como un triunfo extraordinario por la prensa europea, varios oficiales ingleses que participaron en la batalla, obtuvieron importantes ascensos. Sin embargo para la Confederación Argentina, tampoco fue una derrota, meses después tanto ingleses como franceses debieron firmar tratados comerciales con las autoridades criollas donde se especificaban derechos y garantías para ambas partes.

En París se bautizó una calle con el nombre de "rue Obligado", para conmemorar el triunfo franco-inglés en aquel memorable combate. Años después cuando se construyó la red de subterráneos, una estación de metro vecina a esta calle también recibió el nombre de Obligado.


Casi un siglo después en 1947, Eva Perón visitó oficialmente Francia,  llevando un barco cargado con trigo argentino como una contribución del pueblo argentino al pueblo francés, sacudido entonces por grandes penurias derivadas de la Segunda Guerra Mundial.

Nuestro país tendía su mano generosa a Francia, sin rencores del pasado, deseando que la noble tierra de San Luis, comenzara cuanto antes su rehabilitación. Ante semejante gesto, las autoridades francesas, con    gran hidalguía resolvieron cambiar el nombre a la estación de metro "Obligado" e imponer el nombre de "Argentine".

Hasta la fecha, no hay ninguna estación de metro que se llame, EE.UU, Gran Bretaña o Brasil, pero si una que lleva el de nuestro país.

Fuente: Edgardo Mendoza.Diario de Cuyo. El Periscopio. Provincia de Mendoza. Argentina

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